Cuando la Justicia se disfraza de política, los resultados nunca son los apetecidos y si el reflejo absoluto de esa actitud bizarra, del que entiende, que el poder del que disfruta le blinda de todo y frente a todos.

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Debido a la fuerte corriente populista que lo impregna todo y hasta llegar a lo extremo, de que ya lo religioso no es una pieza normal de convicción y sí una muestra tendenciosa de la religión o más bien, lo religioso llevado al limite del razonamiento dentro de un contexto de pura lógica afectada duramente por los sentimientos descontrolados y de lo que muchos no escapan.

           Que sea de ese modo y sencillamente imposible poder entender con cierto tipo de equidistancia, respecto a lo que se dice, pregona o que más bien se quiera pregonar, si como se está viendo, las decisiones de alta judicialidad, es inequívoco que ya se encuentran ahogadas dentro del vendaval de las emociones descontroladas de un fanatismo desbordado como profundamente pernicioso.

            Pues tan malo es el juez decidido a jugar con el populismo reinante para ajustar los textos a los requerimientos del poder, como el poder político pretendiendo normar textos judiciales que nunca deben escapar de su parámetro correcto de razonamiento y racionalidad lógica y sin que para nada se le pudiera sacar de contexto.

           Sin embargo y aunque cueste aceptar semejante estilo tan impertinente, de la imposición de lo prosaico sobre los hechos políticos factibles de ser judicializados, al final, lo que se observa, es que parecería, que el mundo de ahora, no es el más recomendable cuando se trata de que las mismas personas  y por sus diferentes concepciones y actitudes de como ver y entender la realidad que todos viven, terminan por claudicar en aras de ese tipo de lucha emocional fratricida entre lo que debe ser correcto y aquello otro que no lo es, pero que terceros quieren que sí lo sea.

            Entonces, dentro de un panorama tan enrarecido por la pérdida de la verdad y, de hecho, afectado este y no simplemente por los intereses en juego sino porque la posverdad se ha establecido y ganado terreno desde las graderías histéricas que de todo opinan y nada dicen, cuando de lo que se trata, es de ser razonable dentro de un ambiente en el que la verdad hace tiempo que ha sido la primera baja en lo referente al razonamiento útil.

          Desde luego, el fenómeno social del que hablamos no es uno propio de una sola idiosincrasia o país y sí más bien, de la misma naturaleza humana y sin importar culturas, idiomas o etnicidad contrastante entre los actores al uso y quienes rayando en lo licenciosamente extremo, nadie quiere ceder ni un ápice y con tal de que el criterio o política de un sector pudiera imponérsele y prevalecer sobre el del otro.

            Sin embargo, con actitudes y posiciones tan extremas, la civilidad es la primera que cae, generando una anarquía nada programada de conceptos y variables de poder para afectar a un tercero, que cuando finalmente la instancia de lugar, define el impasse mediante una decisión extremadamente lógica, entonces ocurre, que quienes la interpretan a favor, caen en el paroxismo que aniquila el razonamiento y da paso a la emoción continua e irrefrenable que nunca presagia nada bueno, en tanto los que se sienten afectados, caen en un estado de choque emocional íntimo, por el que, el factor comparación  también cae en el error de lo absurdo y nada fácil de razonar.

            Si no, véanse los siguientes tres casos y para que se comprenda, hasta que honduras la naturaleza humana se adentra, cuando aquello que cree o que dice defender, es sometido una prueba de análisis crítico, que, de tan puntilloso, por lo impensable de los textos y esquemas de razonamientos en ellos fundados, dejan al común, prácticamente en una situación de irrealidad difícil de aceptar.  

            Primer caso. España vs Alemania y a resultas de una orden de detención librada por la primera contra un prófugo de su justicia por rebelión, Carles Puigdemont, por medio de la cual, jueces alemanes calificados para conocer de la susodicha orden, determinaron a la luz de código y leyes alemanas, que, para darse la condicionalidad de la rebelión probable provocada por el encausado y de acuerdo al juez español actuante, lo primero que debió de ocurrir, que producto de ese estallido, el estado de derecho y el Estado español en sí, hubiese sido flagrantemente afectado y hasta el quiebre institucional absoluto. Para los jueces alemanes, ese no es el caso y, por lo tanto, desestimaron esa parte del pedido de extradición español, aunque si se encontró causa probable, para que el ciudadano español de origen catalán pueda ser extraditado por el delito de malversación de fondos públicos.

            Por supuesto, es razonable asumir, que la decisión tiene sus bemoles y si se recuerda, que dentro del contexto del sistema de gobernanza de la Unión Europea y al que pertenecen y se deben los dos países, existe el principio -ahora dudoso- de que los sistemas de justicia de cada país y cuando se trata de pedido de extradición, nunca se trata de ir al fondo y sí solo a la forma y para evitar, que después se diga, que un sistema de justicia se le impuso al otro y lo que no deja ningún razonable rastro o rostro de equidad.

            Pero ante la decisión soberana alemana tomada por sus jueces de la Audiencia territorial de Schweslig Holstein, su contraparte española deberá responder dentro de los mismos  parámetros que han sido planteados y aun cuando la decisión tomada, reduzca y como es evidente,  las apetencias españolas por hacer e imponer justicia con el prófugo y político que ha colocado en jaque a sus instituciones y lo que ciertamente, para el observador atento, también los jueces alemanes debieron de haber tenido en cuenta al momento de aplicar su doctrina, porque en la práctica, su complicada decisión, indudablemente que vulnera o agrieta el principio de soberanía de poder de acción, de cada Estado.

           Segundo caso. Brasil. el Supremo Tribunal Federal (STF) y en una larga como maratónica audiencia de once horas, en la que una mayoría de jueces, seis sobre cinco, determinaron que existían las condiciones objetivas necesarias para sentenciar a prisión por corrupción al expresidente, Luiz Inácio Lula da Silva. La noche del miércoles, decidió denegar el último recurso del expresidente, condenado a 12 años por corrupción, en una instancia judicial federal inferior y lo que significó, que contra el expresidente se le aplicó de inmediato la jurisprudencia, que dice, que “todo procesado cuya pena es confirmada en segunda instancia, entrará en prisión”.

            En este caso judicial-político y no solo judicial, per se, contra el expresidente han ido en su contra los factores de poder fáctico: El complejo militar-industrial, el empresariado, las clases medias y EEUU. Pues, en definitiva, de lo que se le acusa de apropiación de fondos indebidos en un funcionario público y que no es más que un pretexto para que los enemigos de Lula le impidan volver como candidato presidencial, no es una figura de la que se pudiera decir, que, en la actualidad, el 90 % de los políticos y funcionarios gubernamentales no pudieran ser encauzados y comenzando por el actual presidente, Michel Temer.

            Y como lo que se quiere, es evitar que con Lula lleguen nuevas clases media hijas del puro pueblo y a lo que se opone todo el resto de la “sociedad”, apenas cuatro horas después de la decisión tomada por el pleno del STF, el juez perseguidor de Lula, Sergio Moro, dictó en la tarde de ayer, su inmediato ingreso a prisión y mediante un auto de encarcelamiento en el que solo hubo la condescendencia “y por la dignidad de su cargo” de permitirle que el ex presidente se entregue antes de la cinco de la tarde de hoy.

          Es de esta manera, que la justicia brasileña  deja caer el antifaz de respetabilidad ciudadana que se creía que la cubría y en base al cual, los más furibundos enemigos del ex presidente, logran descalabrar institucionalmente al fuerte sector popular que hasta ahora le ha apoyado y generando su ingreso a prisión y sobre un asunto del que tampoco se ha conocido el fondo de la acusación, su realidad, de que reduce al mínimo las posibilidades de éxito electoral del Partido de los Trabajadores (PT) y abriendo entonces, una situación de seudo anarquía controlada dentro de todo el espectro político nacional y tanto, que no solo que cualquier cosa pudiera suceder o presentarse, sino que las fuerzas populares que aun respaldan a Lula, carecen ya del candidato potencial para no perder todo el poder y que era el objetivo primario de jueces politizados respondiendo a un esquema de ultraderecha imposible de ignorar. En definitiva, la impunidad ante la corrupción ha vencido a Brasil.

           Tercer caso. EEUU y el aplastante rasgo de agitación desde el poder que acompaña al presidente Donald Trump. Para resumirlo brevemente. Solo hay que destacar lo siguiente: Tanto el sistema de justicia como el propio de equilibrios de poderes desde el Legislativo, se encuentran en crisis desde que Trump se instaló el 20 de enero de 2017 en la Casa Blanca e imponiendo una especie de seudo doctrina legal, que privilegia el poder omnímodo del Estado sobre el interés natural de una sociedad, que hasta hace un año tenía en su sistema independiente de justicia, su mayor garantía de auto gobierno y democracia.

            Con Trump y las fuerzas político-sociales y el complejo militar-industrial que le acompañan, ya es inequívoco y lo que hay que decir y sin pretender ofender a nadie, de que se está generando lo más parecido a una puesta de gobierno totalitario  seudo nazista, por la que, EEUU está transitando un camino belicista y de grave tragedia de revolución e involución social a la vez y tomando de pretexto el segmento migratorio y el rechazo racial social hacia el negro y el estadounidense de origen latino y todo, marcado por un desprecio absoluto a todo lo que no sea estadounidense.

            De los tres casos mencionados, el estadounidense es el más grave y porque no se trata de solo influir dentro de las fronteras del propio país, sino de imponer una peligrosa agenda autoritaria de guerra comercial y militar, de fronteras y dominio ante el resto del mundo y con el pretexto de la entrada de Rusia y China al campo de hegemonías, que hasta hace un tiempo, el estadounidense promedio entendía que tenía.

            Los dos casos anteriores, es seguro que queden dentro del ámbito de los países involucrados, aparte del ámbito intelectual-jurisprudencial, pero el estadounidense no y por si fuera poco, por lo otro, que dada la fuerte área de influencia que EEUU tiene su propia zona geográfica, es imposible dejar de suponer, que gobiernos, países, sistemas judiciales y ciudadanos, de uno u otro modo no podrían ser afectados de forma tan extrema y que como naciones satélites, la historia enseña, que frente a imperio tan poderoso y aun en el inicio de su declive, siempre ceden sus hegemonías y prerrogativas.

             Y lo que en definitiva hay que resumir, planteando, y que los dominicanos conocemos muy bien, de que cuando la Justicia se disfraza de política, los resultados nunca son los apetecidos y si el reflejo absoluto de esa actitud bizarra, del que entiende, que el poder del que disfruta le blinda de todo y frente a todos.  Con Dios.  [DAG. Viernes, 06 de abril de 2018. Año XVI. Número 6,230]