A todas las madres mentirosas

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Mi madre es una mentirosa porque cuando está triste, esconde sus miedos. Tapa la tristeza con una sonrisa que no se apaga nunca, ni siquiera cuando sus ojos están sufriendo. Y si intenta sacar sus problemas acabamos discutiéndonos, como si no quisiera ni que la tocara, como si su vida valiera menos que mi simple serenidad.

Sí, mi madre es una mentirosa porque me dice que todo va bien incluso cuando está a punto de llorar, y casi nunca lo hace delante de mí. Se esconde en la ducha, donde las lágrimas se pueden confundir con gotas de agua.

 

Sí, mi madre es una mentirosa porque finge estar feliz cuando la abrazo antes de irme y sé que me miente porque cuando me abraza lo hace tan fuerte que puedo sentir todo su sufrimiento. Sé que miente porque no es capaz de mantener dos segundos la mirada puesta en mí, porque si lo hiciera no me dejaría marchar.

Es una mentirosa porque me apoya incluso cuando no me lo merezco y cree en mí incluso cuando no creo ni yo mismo.

Mi madre es una mentirosa, porque cuando hace un sacrificio por mí no me lo reprocha nunca. Como si sacrificarse por su hijo fuera obligado o fácil, aunque en realidad es lo más difícil que una persona puede hacer.

Mi madre es una mentirosa, y lo que más me enfada es que todas estas mentiras son el espejo de su amor. Ojalá pueda tener a mi madre a mi lado por mucho tiempo. Y todas aquellas madres que tienen el coraje de amar a sus hijos más que a su propia vida.

Gracias a su amor nosotros somos lo que somos y sin ellas, este mundo no valdría nada.

Por XAVI LLAMBRICH (http://www.elperiodico.com/)