A un presidente de la República en ejercicio, no puede ni debe sorprenderle nada. Siempre deberá tener el control de la situación

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Todavía estupefactos por la cándida admisión presidencial de que, al primer mandatario, Luis Abinader y después que todo había sido consensuado con su equipo de trabajo ministerial del área turística, le sorprendieron con la adjudicación de un contrato para promover uno de marca-país proveniente del gobierno anterior y el que no contaba con su anuencia, con lo que se evidencian ciertas fisuras burocráticas que dejan muy mal parado al joven gobernante.

Desde luego, aunque el error es grave, todavía al presidente no se le puede imputar ninguna culpa sobre este particular, toda vez que aun no lleva ni tres meses en el ejercicio constitucional del poder y por lo tanto se está en la etapa de conocer, trazar directrices, enmendar errores burocráticos y saber enfrentar las trampas que el aparato burocrático y sin importar gobiernos, siempre le presenta a un nuevo gobernante y por aquello de “agarrarle el pulso”.

Para esta primera vez, el mismo hecho de que Abinader fue firme y tajante en su replica y dejando maltrecho al muchacho que tiene al frente del ministerio de Turismo, nos dice, que el presidente es de criterio flexible y en cierta forma tolerante hacia la opinión que pudieran darle los burócratas que de golpe le llegan a su entorno.

En esta ocasión, el error no costó mucho, solo un contrato y en principio, de 32 millones de pesos y el que, al ser enmendado, el erario publico no sería afectado sensiblemente. Por lo tanto, entra dentro del parámetro de lección aprendida y de cara al futuro.

Lo peligroso sería, caer en la falta de juicio, de pretender que las decisiones del presidente pudieran ser puestas en duda y solo porque hubo este primer tropiezo burocrático tan artero y traicionero y por parte de individuos, cuyos criterios debían merecerle a Abinader toda la confianza al momento de tomar decisiones.

Sin embargo, es censurable que el mismo presidente y con el caso que ya se conoce y siendo un exitoso empresario y educador, no haya tenido en cuenta, de que, en materia de política de Estado, un presidente tiene que estar alerta respecto a que la maldad subyace y siempre aflora cuando de intereses se trata y que, a él, precisamente a él, siempre habrá quien de su entorno quiera jugarle una mala pasada.

En EE. UU. o Rusia o cualquier país asiático desarrollado, los gobernantes siempre están protegidos de este tipo de eventualidades y por la simple como determinante razón, de que hay un jefe de gabinete que se encarga de llevar el día a día, no solo de quien llega hasta el presidente, sino que supervisa con cuidadoso desempeño toda disposición, texto u ordenanza escrita que requiera de la decisión presidencial. parecería que en este aspecto Abinader no se acomoda a esta realidad, donde la experiencia y serenidad de juicio de los subalternos, son los filtros que hacen imposible que un primer mandatario cometa errores.

Lo que nos dice, que, en esta etapa de aprendizaje a la carrera para saber gobernar, Abinader debiera empeñarse más. Por ejemplo, ya se conoció, que en una entrevista periodística reveló hasta la cantidad de pastillas, que por el bien de su salud ingiere diariamente y lo que a nivel privado es bien visto y porque habla de mucha atención personal, pero que ya gobernante, nunca deberá de revelarse.

Y esto así, porque siempre todo ejecutivo de éxito conoce perfectamente que la vida se reduce a detalles y en esto, uno de los mas importantes, es nunca decirlo todo en una entrevista y menos de índole personal, dato que al momento de una decisión importante de Estado pudiera revertírsele en contra y afectando sus políticas.

Por supuesto, tampoco es que se sea paranoico ni mucho menos, pero si tener en cuenta y esta es la gran contradicción, de que un presidente nunca podrá controlar a la burocracia tanto como quisiera y lo que nos recuerda aquella caricatura del Washington Post cuando Reagan, de ese mandatario llegar a su despacho por primera vez y encontrarse con un señor fuerte y robusto y arrogante y por demás sentado en su sillón presidencial y desde su escritorio, diciéndole con voz queda pero firme “¿y usted es el que dice que nos acabará?”(la campaña electoral del gobernante se cifró en su lucha contra la burocracia) y justo cuando la figura de Reagan cae en cuenta de que el que le hablaba, por pies tenía grandes raíces que se extendían a profundidad y llegaban al Congreso y mas allá y delante un gran letrero que decía: burocracia.

O lo que le pasa a todo presidente estadounidense que llega a su despacho por primera vez y que le ocurriera tanto, a Clinton como a Obama y encontrarse en su escritorio con un folder que solo se identificaba con el numero que a ese mandatario  le correspondía en el orden sucesorio y en el que se le decía, algo parecido a esto: “Usted tiene derecho a designar  X cantidad de subalternos, sus políticas sobre seguridad nacional son estas” y así por el estilo y en un caro reflejo de que sus parámetros de decisión eran limitados por una poderosa burocracia de Estado o inusitada clase gobernante eterna.

También en Republica Dominicana hay determinadas experiencias: A un Balaguer, que dentro de una montaña de papeles a la firma, le colocaban determinados expedientes  y que eran del solo interés del burócrata a cargo y para luego enterarse que había designado a un oficial policial como jefe de la uniformada y cuando advirtió en los mass media que el lo había designado, montó en colera y mucho peor, cuando se le dijo que “administrativamente el nuevo jefe policial no podía ser removido, sino dentro de un año”.

Hipólito Mejía no tenía ese problema, pues como bien nos dijo a los 45 días de ser presidente, que él se hacia el loco para manejar la administración y por eso colocaba de filtro al esposo de su hermana y hasta Leonel Fernández, tan tiguere ilustrado, la burocracia le hacia cosas y como sucedió, cuando un funcionario de tercer nivel le llevo de sorpresa, a otro que no estaba en agenda, pero que aquel presidente no quería ver debido a que ya le habían llegado los informes de inteligencia que hablaban de las inconductas en dinero que aquel abogado y ex cabeza de su Colegio solía cometer.

Todas estas experiencias, ¿qué es lo que dicen?, que un joven presidente como Abinader deberá siempre estar en alerta y sabiendo que no todo lo puede controlar directamente y que al delegar deberá dudar, ser escéptico y sin dejar de actuar. Con lo del contrato marca-país, Abinader ha tenido su primera experiencia.

De ahí que le recordemos, que, a un presidente de la República en ejercicio, no puede ni debe sorprenderle nada. Siempre deberá tener el control de la situación y aun sabiendo que quien se le acerca quiere algo para sí y que hará lo imposible por lograrlo, en este aspecto, Danilo, sanjuanero barriga verde, se manejaba mejor y era letal. (DAG)