Abinader. El presidente viajero y explorador

0
42

Siempre se ha dicho, que todo presidente de la República tiene su propio librito y en función de este, tratará de gobernar y con la mira puesta en querer hacerlo dentro de los mejor posible y en aras de beneficiar al bien común.

Dentro de tal perspectiva, el sentido común obliga a la ciudadanía, a entender y no confundir los pasos, iniciativas y políticas que toma el nuevo primer mandatario y sabiendo separar el accionar suyo de aquel otro de la mayoría de sus subalternos, siempre desesperados por aumentar a mas en la escala social como, en el afán tendencioso de utilizar el poder delegado que tienen, para y dentro de sus mezquindades, poner a los demás ciudadanos dentro de un afán retaliador propio de pequeños burgueses deseosos de hacerse sentir como nuevos poderes administrativos, que asumen, que a ellos hay que obedecer y sin importar cuan despóticamente pudieran comportarse.

En base a tal criterio tan aberrante y distorsionador de lo que debe ser un buen gobierno, vemos como los parámetros mas absurdos y propios de personas acomplejadas son puestos en ejecución y mucho más, cuando revisan los presupuestos de cada cartera que administran y ven los alcances ilimitados que les dan los mismos y hasta para llegar a sentirse como si fueran señores de horca y cuchillo.

En este plano y cuando el nuevo presidente se da cuenta de los excesos de conducta en que incurren sus subordinados, entonces es que los sectores pensantes y críticos de la población, asumen y en un indudable ejercicio de confusión de perspectivas, por creerse que todo cuanto de malo hagan los subalternos y peor, en la medida que el primer mandatario no accione de inmediato para corregir las distorsiones que todos esos pelafustanes le crean, que entonces haya que ver al mismo joven y nuevo presidente como el directamente responsable de las acciones, actitudes y compromisos en que sus subordinados incurren.

Y es a partir de semejante criterio tan distorsionado, que de pronto, el nuevo primer mandatario empieza a ser visto con ojos inquisidores y por la simple razón, de que nadie entiende el por qué el presidente no actuaría con la presteza y firmeza de como cada persona en situaciones parecidas incurriría y no le huya.

De ahí que se presenten los interrogantes inquisidores y cada uno quiera ser lo más parecido a un juez, que no entiende el por qué de que a quien eligieron para dirigir los destinos nacionales, de buenas a primeras pudiera dejarse atrapar y debido a los intereses, la mayoría maleados, de todo un fuerte grupo de los que nombra.

Pero si de por sí semejantes políticas conductuales son incompresibles para la mayoría de  los ciudadanos, peor es comprobar y en el caso del presidente Luis Abinader, un señor de clase media alta al que nunca la necesidad hizo dominio de su voluntad y como si le ocurre a la mayoría de sus conciudadanos, la cierta flexibilidad y dejadez que le acompaña al momento que debe actuar con ojos críticos frente a quienes como subalternos, incurren en ciertos excesos, que nunca un primer mandatario debería tolerar. De esa manera y poco a poco, su favorable imagen presidencial empezaría a agrietarse y si no se le critica y para que sienta que él no es nada parecido a Dios y que por lo tanto debe gobernar con buen juicio y equidad, se vería como al poco tiempo será un presidente cuya imagen experimentará un grande como grave deterioro.

Por ejemplo, ¿quién ha dicho que un hombre rico debe alentar una especie de claque para que solo se le alabe  y se le haga sentir como si fuera  algo parecido a un faraón absolutista y despótico, cuando su trabajo parte de un sentimiento ecléctico de privilegiar siempre los destinos e intereses de todos sus gobernados y no formar claques de resentidos sociales pequeños burgueses y a quienes, si no se les controla, serían capaces de utilizar el poder delegado que tienen en sus manos, para distorsionar totalmente la base y eje de todo gobierno democrático nacido de las urnas?

Sin duda y es lo que muchos entendemos, que frente a tal peligro y que llega a lo institucional, Abinader debe y tiene que blindarse y de forma que, si llegado el momento sus propios subalternos quisieran controlarle, él tuviera e hiciera juicio del comportamiento integral y juicioso de su propio padre y quien nunca se dejó controlar por nada ni por nadie.

Desde luego, una cosa es lo que se quisiera y otra lo que se pudiera hacer y dentro de ese contexto, el mismo gobernante es quien debe y puede colocar limites, pero si de buenas a primeras se observa, que su esposa y hablamos hipotéticamente, se auto abroga responsabilidades y roles que constitucionalmente no le corresponden, llegado el momento y para imponer directrices, Abinader debería dejar a un lado  su condición de esposo y asumir en su entorno intimo un comportamiento lo suficientemente sereno y firme y a veces drástico y para que su poder institucional no se resquebraje o se caiga en el error, de que muchos crean o entiendan que por debilidad, se le escapara de sus manos.

En consecuencia, el ejercicio de su poder, absolutamente nadie puede ponerlo en duda y menos en riesgo y sí respetarse, que también Abinader y como presidente de la República, tiene su propio librito y al que se debe. ¿Acaso no es por eso por lo que todo gobernante y en sus primeros meses como tal, siempre debe trazar su propia política y mucho más en estos tiempos tan alocados de coronavirus chino, que a todos nos acorrala y también nos atemoriza?

Si entendemos esta realidad, entonces se deberá entender, el por qué decimos, que como gobernante debe trazar su propio camino y porque, en definitiva, si llegara a equivocarse y porque tanto le hiciera caso a criterios de su esposa o a los de sus allegados, Abinader terminaría y sin que le quedara duda de ninguna especie, en lo mas parecido a un fracaso institucional y solo por tener conducta caprichosa, infantil inclusive, pero sobre todas cosas, por comportarse con inmadurez extrema. Y que no fue para lo que se le eligió.

El tiempo es pues oportuno y para realizar estas observaciones, hijas de las experiencias vividas como narrador político con criterio de juicio critico y por el simple y quijotesco interés, de que haga un buen gobierno, del que al final todos los dominicanos podamos sentirnos orgullosos.

Por eso hacemos énfasis, de que Abinader y como presidente viajero y explorador, tiene todas las posibilidades de hacer un buen gobierno, pero siempre y cuando asuma su rol, de que es el presidente de la República y no la marioneta política de su mujer o de sus principales colaboradores y como al parecer, algunos equivocados quisieran que fuera.

En este aspecto, hágase temer y respetar en su entorno y la mitad del camino exitoso que le espera, lo habrá emprendido y mucho más, si también no se deja atrapar por la cueva de sediciosos impenitentes, quienes disfrazados de “comunicadores”, creen que al gobierno se va a golpear a diestra y a la siniestra, hacer enemigos y aplastar a los adversarios. (DAG)