Abinader. Primera victima de su propia buena fe. Los agitadores de la Plaza de la Bandera se le voltean, piden su cabeza y se le van al cuello

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Cuando temprano en la mañana, la voz mediática principal que dirigía el concierto diario de voces mediáticas dispuestas a llevarse por adelante a quien pretendiera afectar su interés de imponer un nuevo gobierno vía unas elecciones marcadas por la improvisación, la revancha y el odio, se presentó en las redes abogando por la caída del gobierno, para nosotros no fue ninguna sorpresa jugada tan arriesgada como desestabilizadora.

Y no lo fue, por la sencilla razón, de que la característica contestataria del comentarista Uchi Lora, es precisamente esa, que cuando entiende que a quienes apoya o aúpa, aquellos no se mantienen dentro del guion que les traza, automáticamente y mucho más si se trata de un gobierno en el que él entiende es algo así como su mentor, asume de inmediato una postura “independiente” de critica profunda y sin importarle, que daño irreversible pudiera hacerle a la institucionalidad.

Por eso, ese periodista y que depende del barón mediático, Pepín Corripio, advierte su intención desestabilizadora mediante el titular o hastag #nosabegobernar en una soflama de 45 segundos en Twitter (que no nos sorprendería fuera retirada por el buscador Google) por la que acusa de renuncia al cambio y para mayor énfasis con el otro #elcambiofuedereversa, al partido (PRM) que a su juicio “se benefició del cambio”.

Realmente, plantear y como lo hace Lora, de la traición al cambio y por parte “de lo peor de la política”, al tiempo que incita a que la gente se tire a las calles y para volver a “las protestas cívicas”, es y para decirlo suavemente, una muy penosa confirmación, de que quien siempre ha sido anarquista, no renuncia fácilmente a semejante criterio desestabilizador.

Ahora bien, ¿qué situación tan grave y calamitosa se ha producido en el seno del gobierno del presidente Abinader, como para que el grupo de periodistas que motorizó la inusitada campaña desestabilizadora que sin duda alguna generó que la República le diera la espalda al gobierno y partido anteriormente en el poder y para llevar al nuevo encabezado por Abinader y el PRM?

En diez meses y por más que Lora se desgarra sus vestiduras y de alarmista, pretendiendo ser lo más parecido a la supra conciencia cívica que dicta normas al gobierno constitucional, lo único que de positivo resalta, es el empeño personal de Abinader por corregir de inmediato cuanto desliz o falla humana sea perpetrada por determinados funcionarios y que las ha habido y en lo que nadie en su sano juicio pudiera decir, que el presidente no actúa con diligencia y presteza y que sanciona y corrige sobre la marcha.

Porque hay una realidad. Una nación, cuyo pueblo e instituciones han sido penetrados o manipulados por la corrupción más rampante desde el 19 de noviembre de 1961, al momento de la salida de los remanentes del trujillato. Manipulación artera en la que, sin duda alguna, también el factor mediático ha tenido grande y grave responsabilidad y al grado, de que de improviso se descubre lo cierto, de tanto individuo civil o militar, que de hecho le ha impuesto a la nación una muy grave situación de amoralidad absoluta tampoco es para que se interprete con ligereza que tal escenario es producto y responsabilidad sólo de la presente administración y que es el punto de vista con el que diferimos de Lora.

Además, y si venimos a ver, Abinader no se merece semejante tipo de traición aleve y mucho menos, cuando el presidente está inmerso en una novedosa política de corrección institucional que es imposible de ignorar. ¿Cómo es posible entonces, que este individuo abogue directamente por el derrocamiento del gobierno constitucional y solo porque este señor entiende, que, en su egoísmo, el presidente no hace lo que Lora asume que debió de haber hecho para salir de tanta inmoralidad?

Desde luego, quienes como periodistas, comentaristas o comunicadores abrazan determinadas políticas públicas por las que ellos se sientan a gusto en sus planteamientos de ejercer una especie de inocultable dictadura de opinión en base a falsas expresiones que entienden de su dominio, olvidan, que cuando un gobierno o presidente llega al poder político constitucional, de inmediato deja de ser un proyecto de determinados individuos para convertirse en un proyecto mancomunado de nación y no de banderías o grupos interesados y desde esa perspectiva, salimos al frente a quienes ahora y de improviso, entienden que tienen que sacudirse de aquel -persona o gobierno o partido-que asumen les falló.

Huelga decir, que en este plano, en POR EL OJO DE LA CERRADURA no tenemos hacha que afilar ni cuentas que cobrar y por la simple razón, de que ejercemos un periodismo independiente a todos los poderes públicos y privados sin banderías de ninguna especie y solo entendiendo en la salvaguarda de los intereses permanentes de la República, distinto al de Lora y acompañantes, cuyo propio bienestar personal y en determinados aspectos, algunos de ellos, pecan de las mismas imputaciones que ahora recaen en civiles y militares que no pueden explicar juiciosamente el origen de sus bienes y fortunas.

Tampoco somos personas de poco sentido común y por lo que también entendemos, que con todo que la soflama de Lora es desconcertante como irritante, no veamos en la misma cierto dejo de dolor personal que no pudiera ser corregido, al entender, que por aquello que luchó, parecería como que de pronto se le fuera de sus manos, pero ese periodista debe aceptar que él no es el gobierno y sí Abinader y que debe y tiene que actuar con mesura y no con las muestras que están dando de agitador pugnaz y hasta mentalmente desequilibrado.

De ahí, que hay que rechazar y enfrentar su infame pretensión desestabilizadora a ultranza y exhortarle a que se reconduzca, actúe como una persona madura y en vez de acusar y maltratar al presidente, a su gobierno y a su partido, busque las vías de cómo ayudar a solucionar los entuertos que entiende que existen. Al fin y al cabo, no existe obra humana perfecta y Abinader se merece que se le de el beneficio de la duda y la buena fe y no que, desde adentro, gente e intereses que creía suyos, por un quítame estas pajas, inciten a la rebelión social como a la sedición y lo que no es justo.

Es esta la insólita circunstancia que se presenta y autoría de Lora, en la que vemos a Abinader, como la primera víctima de su propia buena fe. Los agitadores de la Plaza de la Bandera se le voltean, piden su cabeza y se le van al cuello. ¡Increíble! Las instituciones deben salirle al frente a lo inmediato y mucho más, cuando ahora y por lo que Uchi Lora pregonó en la soflama a la que nos referimos, parecería, que la desestabilización tiene etiqueta mediática y como arma de reglamento, el resentimiento, el odio y la animadversión más cruel como abusadora. (DAG)