Acuerdo de Paz en Colombia. Un acuerdo para ponerse de acuerdo, de cómo llegar a un futuro e improbable acuerdo

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Cuando se analiza el texto que recoge la intención de acuerdos entre el gobierno y la guerrilla colombiana de las Farc, lo único que resalta, es un hecho cierto: Todavía no hay acuerdo en sí y solo una intención para ver cómo lo logran y en el caso eventual, de que los testigos no convidados de las fuerzas fácticas y políticas regionales no dicten otra cosa.

            De entrada, sí puede decirse que el único beneficiario es el gobierno cubano, quien de este modo logra mostrar “su robusto sentido de adultez cívica” y esto, para llamar de algún modo su inocultable propósito de ganar puntos a favor frente a Washington, mientras que como siempre, el ya a la baja régimen comunista cubano logra despertar la algarabía entre sus fanáticos en los gobiernos de Unasur, al tiempo que logra a su vez, arrastrar a una serie de países de la región y como extraños tontos útiles.

            Así las cosas, lo acontecido ayer en La Habana ha sido un golpe propagandístico efectista para Cuba, otra acción de escalada contestataria a lo interno de Colombia y una sensación nada confiable y por la tanta inquietud respecto a preguntas no respondidas, que se siente en organismos internacionales como la ONU, mientras desde la OEA, antes que opinar, todavía se insiste en guardar distancias.

            Por lo tanto, a nuestro criterio, es muy prematuro aplaudir lo firmado y más bien es de recomendar ser cauto y mantenerse a la expectativa respecto a lo que ahora realmente vaya a pasar. La oposición al gobierno colombiano y de parte de la fuerza política que capitanea el senador y ex presidente Álvaro Uribe, no es poca cosa y el efecto imitación por parte de otras fuerzas políticas no se hará esperar, al tiempo que el único en Colombia, que por lo visto cree que se llegará a un acuerdo factible es el régimen del presidente Juan Manuel Santos y quien ya evidencia, que el goce no es tan intenso y sí con cierto dejo de frustración, casi imposible de ocultar.

            ¿Porque, ¿qué es lo que realmente ha ocurrido en todos estos años dialogando las dos partes en La Habana?, que el gobierno colombiano ha sido llevado hacia una encerrona propagandística de tal magnitud, que para tratar de zafarse, ha tenido que aceptar lo inaceptable y firmar lo que no debió firmar y porque no se ha llegado a ningún tipo de acuerdo efectista y sí más bien una nota de compromiso, que por lo que vemos, solo sirve para mantener a Santos  metido prácticamente en una camisa de fuerza.

            Con razón entonces que el guerrillero cabeza de las Farc, Rodrigo Londoño, alias "Timochenko", hubiese dicho en su discurso de aceptación  de rubrica, aquello de que “ninguna de las partes ha podido derrotar a la otra” y con lo que a razonamiento a contrario quiere significar, que ahora la insurgencia buscará la vía diplomática para lograr su viejo anhelo de salir libre de culpas de 50 años de crímenes y terrorismo inenarrable y como si no fuera poco, acariciando la probabilidad de obtener una revitalizada carta ciudadana, que les permita a todos sus miembros acceder a posiciones electivas y al mismo tiempo, apuntalarse como organizaciones políticas legales.

            Nosotros en cambio, lo que vemos, es que las Farc están manteniendo su vieja táctica de ganar tiempo, a la vez que propagandísticamente hablando y apoyados por sus pares ideológicos cubanos y de Unasur, efectuando una extrema labor sediciosa de propaganda inducida y con el solo propósito de derrotar al gobierno de Santos y definitivamente, ante la atrapada opinión pública.

            Desde luego y los dominicanos tenemos que tener esto muy en cuenta, el territorio colombiano tiene más de un millón de kilómetros cuadrados y Republica Dominicana y solo con sus aguas territoriales llega a 50 mil kilómetros cuadrados, lo que significa, que este país isleño cabe veinte veces en el colombiano y a partir de tal diferencia de tamaño, entonces los dominicanos quizás podrían y si se empeñaran, por tratar de conectar con la realidad colombiana de una guerra civil que lleva 50 años y la que ahora se ha retroalimentado en base a una infusión de gobiernos, políticas y sentimientos ideológicos, sin duda, más afines a la guerrilla que al Estado colombiano.

            Lo que obliga a que se entienda, que no es verdad que todo sea ya de tan buen color de rosas, sino que por lo contrario, ahora es que la ciencia maquiavélica y en su expresión más dura será impuesta y asombrosamente, dentro de un concepto nada preciso de sentido común y de racionalidad, por lo que debemos recomendar mucha cautela en pretender efectuar juicios a priori sobre una guerra civil que lleva cincuenta años y no acabada y tres años de discusiones de “paz”, que como hemos apuntado, no son necesariamente tales, sino posicionamiento de las partes para ver quien saca mejor tajada de encuentros tan contrastantes.

            Y es que, a nuestro modo de ver, para el presidente Santos es una victoria pírrica, en tanto para las Farc es una victoria en toda la regla y mucho más propagandística, que a su momento le ayudará a tratar de resurgir y si en verdad llegara abandonar la lucha armada, como un fuerte componente político contestatario de tono belicista y beligerante.

            ¿Habría que hablar, de que quienes así pensamos, nos hubiésemos condicionado mentalmente, cuando lo evidente es, que, en el mismo territorio de Colombia, de la “paz” que se habló en La Habana, nada hay que pueda señalar que efectivamente es el ámbito que se vive?

            Creemos, por lo tanto, que todavía es un muy largo y accidentado como afanoso, el camino que a las partes en discusión y si realmente continúan con lo que ayer formaron, les espera y por una simple razón. Cuba va a querer alargar lo más posible las discusiones y como la mejor manera, para que ella pueda sacar el mayor provecho de la comparsa histriónica que ha montado y a la que tan cándidamente, presidentes como el dominicano, Danilo Medina Sánchez, han terminado por caer y nos atreveríamos a decir, incautamente.

            En este aspecto, es claro que la posición dominicana es la del equilibrista. Sabe que los bolivarianos y Unasur, casi no le tragan y porque todos esos aparentes “izquierdistas” de los tiempos de la guerra fría, no entienden que República Dominicana no se libere de la tutela de su primer socio comercial.

            Pero resulta, que el realismo político más crudo, lo que dice y en las presentes circunstancias, es que el gobierno dominicano, tampoco puede dejar de lado la realidad, de que el gobierno cubano, con su acercamiento táctico a EEUU, también busca y secretamente, por desbancar la fuerte relación comercial y política del eje Washington-Santo Domingo y por supuesto, heredarlo.

            Desde el momento que se entiende esta realidad, un gobierno y política diplomática dominicana que se respeten, bajo ningún concepto pueden irse contra los intereses permanentes de su país en esta materia. Pues si ahora somos la segunda economía en el Caribe, la novena de América Latina y el séptimo socio comercial de EEUU en el mundo, más luego y si nos descuidamos, Cuba (que tiene muy buenos lobistas en Washington) perfectamente, que, si los dominicanos nos dormimos en nuestros laureles, podría ser capaz de suplantarnos.

            Viendo esta realidad, es que emitimos estas consideraciones y tratando de ver, si los genios que hay en el Palacio Nacional, se dan cuenta del camino tan accidentado en el que sin necesidad se han metido y también a la República y queriendo forzar, a que quienes les ven con ojeriza desde Unasur, sean los menos, y por lo que nuestros funcionarios se encandilan al ver como el presidente Raúl Castro les sonríe, pero con esa forma de mirar, hacer y actuar de la hiena más peligrosa y cuando y como se está viendo, el gobierno de Medina Sánchez es huérfano en materia de especialistas en las relaciones con EEUU en este siglo.

            De esta manera, lo de ayer en La Habana, ha sido un acuerdo para ponerse de acuerdo de cómo llegar a un acuerdo y que en lo que el hacha va y viene, la nación dominicana y a lo absoluto, ni le saca ningún provecho y tampoco gana nada. Por lo visto, ese izquierdismo trasnochado y farfullero de la administración Medina Sánchez, se le impone como un lastre que no le deja, que el gran momento diplomático primigenio que tiene República Dominicana, pudiera ser aprovechado al máximo.  [DAG. Viernes, 24 de junio de 2016. Año XIV. Número 5633].