Anoche y por primera vez, muchos hemos visto a un presidente Abinader distinto y con imagen y señorío de gobernante preocupado por mejorar realmente el nivel y calidad de vidas de sus conciudadanos. Hay que darle el beneficio de la duda

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La exposición guiada que el presidente Luis Abinader efectuó anoche durante el discurrir de su instructiva comparecencia televisiva dirigida a exponer las líneas centrales de su verdadero programa de gobierno de aspectos pragmáticos y realistas, dejó en quienes fuimos parte de su audiencia cautiva, un rayo de esperanza en cuanto a que efectivamente Abinader sabe lo que tiene entre manos y entiende a plenitud los desafíos que como jefe de Estado y de Gobierno debe emprender.

En este aspecto y significativamente a tres meses de posicionarse como presidente de la República, el joven primer mandatario ofrece una visión cierta, optimista y nada politizada de como él cambió su populista programa de gobierno electoral, hacia otro hijo de las circunstancias, esas que encontró al llegar al Palacio Nacional y en este plano, por primera vez, una fuerte mayoría nacional empieza a entender, que Abinader no es ningún tipo de atrasado mental y sí por el contrario, un político de ideas recias, acabadas y de puro pragmatismo.

En ello y particularmente y por lo menos en lo que a nosotros respecta, haya que decir que al primer mandatario hay que otorgarle y a partir de anoche, el beneficio de la duda, toda vez y por lo dicho, estos pasados tres meses le han servido para realizar un diagnostico rápido y certero de su visión de gobierno y lo que en modo alguno se puede despreciar, toda vez que los dominicanos de buena voluntad, justamente esa era la visión desarrollista que queríamos encontrar en él.

Desde luego, no es que vamos a darle un cheque en blanco ni mucho menos, lo de anoche y sin duda alguna, fue un principio positivo bien argumentado y de él dependerá que la gente le testimonie un apoyo cierto producto de las realizaciones consiguientes, que se desprenden de tan fenomenal, conciso y pragmático resumen de lo que son los parámetros de una iniciativa de gobierno totalmente practica y ajustada a los requerimientos de la política del poder en estos tiempos de crisis, emocional, sanitaria y económica.

Por lo pronto, lo primero que resalta, es que definitivamente el joven presidente ha logrado impulsar un renacer económico definido y lo que se comprueba por la rehabilitación de los ingresos nacionales, el inicio de materialización de un rescate financiero definido, aunque tímido en sus inicios y en lo que atañe a los emprendedores de clase media venida a menos, quienes hasta ahora solo veíamos la preferencia sospechosa presidencial por solo dirigirse y sentirse a gusto entre gente e iniciativas, del gran capital.

Pero anoche, el Abinader que vimos y que se presentó ante toda la nación fue uno distinto, incluso podría hablarse que se vio al político y gobernante bisoño sin posturas demagógicas y procurando transmitir un mensaje de esperanzas ciertas y sentido pragmático de como cambiar políticas electoralistas, ajustadas a lo que antes del 16 de agosto él entendía que se encontraría y para ahora revelarse como un economista diestro, que supo aprender la lección de que debía de reajustar su plan de gobierno a la realidad cruda y dura del poder.

Y en este plano y por su notorio esfuerzo hay que felicitarlo, pues anoche y esto hay que recalcarlo y dentro de su carácter y parámetros propios de su forma de ser, que Abinader se nos mostró como el singular y correcto como novedoso presidente, que desde un principio se llegó a entender que podría ser y en este aspecto no tenemos reparos en reconocérselo.

Ahora bien, anoche, también el gobernante se mostró dentro del rumbo correcto de un presidente emprendedor y como tal, su mayor reto de ahora en adelante será el de no permitirse el lujo de bajar el nivel de expectativas positivas que con sus palabras él ha creado.

Pero y siempre hay un pero y en este caso, cauteloso y sabiendo que le acompañan dos pesos muertos: El haber creado un gobierno de ricos y tener un partido de voluntad anárquica, junto a una corte de ácratas provenientes del lumpen proletario de cuando la Guerra Fría y quienes siempre han creído que al poder se va para imponer una política de tierra arrasada y que era como originalmente se creía y debido a la propaganda tendenciosa que el PRM se daba el lujo de proferir.

Anoche también se vio que esa no es la política que aspira el joven mandatario y con lo que envía un respiro a quienes desde el primero momento y conociendo los fracasos del viejo PRD que acompaña a sus políticos y en particular, los llamados “viejos robles”, a los que sin duda, han sido los primeros que Abinader ha doblegado y ajustado a su realidad, de que de “tayota” al irreverente estilo de Hipólito, no hay absolutamente nada.

En este plano, del joven presidente, creemos que este se ha empezado a ganar la buena voluntad de la ciudadanía y lo que complace reconocerlo, siendo este un medio de comunicación nada proclive a dejarse ganar por la lisonja o por los cañonazos de papeletas desde el poder.

Ahora lo que le falta a Abinader, es tener la recia voluntad de apartar de su ánimo algún tipo de estilo retaliador, hijo este, de los resabios de cuando aspiraba a llegar al poder y concentrarse en cambio, en aunar voluntades y en particular mediáticas y no precisamente de las propias de los barones mediáticos y sus lacayos directores de sus medios, sino de las otras como producto de una minoría de periodistas y medios de criterios independientes y que piensan por sí mismos y quienes por sus experiencias y ausencia de mala fe, en esta nueva etapa promisoria de su gobierno, requerirá como apoyo colateral,  de una derecha liberal nada partidaria lo suficientemente fuerte y creíble y para mantenerle a raya a quienes se desvíen en base a una campaña de contrapropaganda lesiva al gobierno y a la nación.

Pues ahora y desde anoche, de eso es que se trata, disponer de un brazo mediático independiente a todos los poderes públicos y privados y que le sirva de contrapeso al momento que sus aliados ricos y el lumpen proletario de izquierda que le acompañan, razonen, que él no es el presidente Abinader que ellos querían.

¿Y por qué hay que enfatizar en esto último?, porque una cosa es disponer de un aparato administrativo que se concentre en poner las cosas en su lugar y dentro de un contexto correcto de búsqueda de responsabilidades por parte de quienes desde el gobierno anterior saquearon la cosa pública y otra, que el mismo presidente se involucre directamente en las mismas y lo que políticamente y para fines de su imagen, no es nada prudente y sí poco sano.

De ahí que reforcemos nuestros argumentos, diciendo, que anoche y por primera vez, muchos hemos visto a un presidente Abinader distinto y con imagen y señorío de gobernante preocupado por mejorar realmente el nivel y calidad de vidas de sus conciudadanos. Hay que darle el beneficio de la duda, se la merece. (DAG)