Ante la gran crisis de liderato moral que acosa a la República, es hora de que se haga una auditoria amplia y total de los recursos humanos que se tienen y que incluidos los de uniforme, puedan ser muestras fehacientes y concretas de futuro e independientemente del factor generacional

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Plantearse como acción o meta a seguir, el rescate y el involucramiento de la mayor cantidad de ciudadanos y específicamente, de jóvenes y con cierta atención hacia los maduros de edad, pero nada de cuido en materia de integrar a los ciudadanos de uniforme dentro de ese ejercicio complementario de adaptación y conocimiento eventual a la vida civil y conociéndose, que más del 70 % de los ciudadanos de uniforme no llegan a los 40 años de edad, a nuestro modo de ver, es un grave error de apreciación, que de no corregirse, tendrá consecuencias desastrosas en términos de educación cívica y política, para la misma nación en sí.

            Y lo que hay que especificar, toda vez, que como la mayoría de las personas y vagamente, solo saben que la Constitución de la República les prohíbe a los ciudadanos bajo el uniforme militar o castrense, que no tengan acceso a la toma de las decisiones políticas vía el ejercicio del voto y del debate público, también estas olvidan, que tampoco la población civil puede darse la prerrogativa y asumir decisiones por aquellos otros ciudadanos de uniforme, a los que ni siquiera por cuestión de simple cortesía, se les consulta sobre este particular.

            Entiéndase, no estamos abogando por una vuelta al militarismo encubierto como poder disuasivo ante confrontaciones civiles, de eso ya hemos tenido y tenemos bastante, sino porque ese militarismo potencialmente fascista que hasta ahora los políticos han tolerado y aceptado y practicado al mismo tiempo y con su ausencia de atención respecto a lo que ocurre e inquieta en los cuarteles, debe ser reencauzado hacia un debate nacional amplio respecto al destino de nuestros militares y quienes hasta ahora actúan como testigos aparentemente mudos del quehacer político institucional.

            Situación irregular, que en cierto modo ha propiciado los ostensibles brotes de corrupción, en sus métodos y desenvolvimiento de trabajo, que con múltiples facetas y a lo largo de los últimos 21 años, todos los dominicanos hemos visto que se ha suscitado en el cuartel y todo, porque políticos licenciosos e irresponsables, han sabido ganarse para su causa y en base a ese mecanismo soterrado de enriquecimiento ilícito de un supuesto 15 % de comisión sobre presupuestos a ejecutar, que tantos oficiales y militares de todos los rangos hubiesen caído en el grave error, de alentar, patrocinar o protagonizar, muchos de los escándalos de corrupción que han azotado la vida nacional.

            Realidad cruda, que, si se la analiza con cuidado, se verá que es hija del ejercicio de amoralidad política llevada a una expresión de corrupción e impunidad a gran escala y con el objetivo de hacer de los efectivos cuartelarios, cómplices indirectos de las vagabunderías y amoralidades que propicia el aparato político y en alianza con el otro empresarial.

            Ha sido pues y en base a semejante contubernio, que de buenas a primeras, nuestras fuerzas militares, policiales, de seguridad y anti drogas, a ojos de la mayoría de los dominicanos, han sido descubiertas como parte activa e importante del entramado delincuencial desde el poder y al grado, de que en los periodos gubernativos del 2000 al 2012, se comprobó y por los estallidos de grandes escándalos propiciados desde la misma presidencia de la República, que de buenas a primeras, nuestras fuerzas militares y policiales quedaran de lleno, involucradas en partes determinados de sus estamentos en las líneas de mandos, tal como si desde el principio de los tiempos fueran parte consustancial con la narcomilicia, el tráfico de influencias y el sicariato en su expresión militar más grosera como abusiva.

            Situaciones, que perfectamente pudieron haber sido obviadas, extirpadas o liquidadas, si el aparato político hubiese caído en cuenta, de que al dejar al sector castrense dizque alejado de la vida política y esta, solo apta para ejercicio “de los civiles”, en realidad, se facilitaban las cosas para que el entramado delincuencial desde el poder, aprovechara el vacío e hiciera de nuestros militares y policías una especie de materia prima para todo tipo de situaciones encubiertas de abuso de poder y enriquecimiento ilícitos y peor todavía, de prostitución de costumbres y acciones y en una dimensión absolutamente provocativa y sucia.

            Véase, como y de buenas a primeras, en este país, se desarrolló una fuerte alianza pecaminosa entre personas de capacidad económica y funcionarios públicos en los niveles más altos de toda administración, al facilitar, que entre empresarios, industriales, banqueros y hasta periodistas  conocidos y directores de medios, se creara una unidad militar y policial de espalderos al servicio de ese grupo privilegiado y lo que al final ha arrojado el ámbito o nicho más endemoniado de lo que es un ejército privado al servicio de los agentes de lo mal hecho y con su secuela corrosivamente destructora, de que sus beneficiados directos han creído  y de hecho considerado, que la República y los gobiernos solo están al servicio de ellos y de sus intereses.

            De semejante excepción es que han nacido y digámoslo claramente, apoyados y prohijados por el Estado con los diversos gobiernos que se han tenido, toda una mafia civil-militar que en los últimos 51 años y desde el 1966, ha logrado crear un estado paralelo y solo al servicio de quienes se apoyan en la ley para generar y de espaldas a la ciudadanía, el mayor entramado de delincuencia prohijadora del enriquecimiento ilícito y rápido y como nunca antes se había conocido desde las fuentes de poder.

            En consecuencia, el estallido de escándalos continuos como han sido los del Plan Renove, Sun Land, Tucanos, sicarios militares al servicio del narcotráfico y hasta de unidades militares de uso aéreo y naval para el transporte de drogas desde países sudacas y sin dejar de mencionar, el sector de los suplidores militares y ese provocador más del 30 % de los presupuestos militares que se han ido en el enriquecimiento ilícito de poderes ocultos dentro del cuartel o lo otro, de casi toda una policía convertida en una especie de agencia de asesinatos, extorsión y robos a gran escala y al mejor postor.

             Más el proceso de extorsión generalizada en la administración pública y desde los niveles inferiores de la burocracia, parecería, que en conjunto, no han sido suficientes para estremecer la conciencia nacional y hasta que estalló y no aquí y sí en Brasil y EEUU, el asqueante como terrible macro escándalo de los sobornos otorgados por la multinacional constructora Odebrecht y en su camino de lograr contratos de obras en base a saltarse las normas legales de los 28 países en los que opera e incluyendo a República Dominicana.

            Con el Odebrechtgate, es que parecería, que la conciencia nacional ha despertado de golpe y solo por esa razón, se nota, que desde las fuerzas vivas se han empezado a motorizar núcleos sociales de amplia protesta y los que sin embargo y desafortunadamente, han sido arropados por las mafias políticas de profesionales de la violencia política y social, quienes han entendido, que les llegó la ocasión para ajustar cuentas con sus adversarios o enemigos políticos y lo que indudablemente, podría presagiar una fractura de la misma gobernabilidad, a un nivel hasta ahora no conocido.

            Cuando todo el cuadro anterior se advierte, es obvio que muchos analistas políticos y cientistas sociales tratan de buscarle una solución o como se dice en “dominicano”, un bajadero y hasta lograr que todas las apetencias confluyan en un objetivo común de fortalecer la gobernabilidad en base a una toma nacional de conciencia firme, que de una vez y por todas, haga posible, que todo cuanto en la actualidad y de lleno pervierte y afecta la vida nacional, pudiera ser corregido con eficacia y presteza.

            Por ese interés y viendo al mismo tiempo, que lejos de lo que podía suponerse, la mayoría de la oficialidad joven y personal subalterno de las instituciones militares y policiales, rechaza con vehemencia las prácticas ilícitas de la mayoría de sus superiores, es que hemos llegado a la conclusión, de lo necesario, respecto a que los ciudadanos abordemos abiertamente un planteamiento critico serio, respecto a si se debe continuar con el viejo y ya desfasado criterio de la “apoliticidad” militar o en cambio, aceptar, que si nuestros ciudadanos de uniforme participaran también en el debate público, aunque dentro de cierto ordenamiento, seguro que por el intercambio de ideas que se genere, habría la posibilidad de reordenar la vida pública, política e institucional nacional y sin el peligro de una asonada cuartelaria o una poblada civil que acecharan constantemente.

            De ahí y preocupados por la situación presente, que expresemos lo importante y decisivo, de que ante la gran crisis de liderato moral que acosa a la República, es hora de que se haga una auditoria amplia y total de los recursos humanos que se tienen y que incluidos los de uniforme, puedan ser muestras fehacientes y concretas de futuro e independientemente del factor generacional.

            ¿Qué preocupa? Que si la nación no logra entenderse de aquí al periodo electoral próximo de marzo-mayo 2020 y ante el hecho cierto, de que la mayoría de las fuerzas sociales, políticas y económicas, quisieran continuar demorando más, el necesario cambio institucional moral que debe tener la República como estado organizado, se corra el riesgo, de que en el 2020, no serán unas elecciones representativas las que surgirán y sí un estallido social generalizado y ante la impotencia ciudadana por corregir y definitivamente, todo el grosero ámbito de corrupción e impunidad que ahoga la vida nacional.

            Desde luego, fácil es para el que escribe y vierte conceptos para ser analizados por el ojo público, el irse por el sendero más corto y de suyo irresponsable, de agitar, embaucar y mentir, cuando lo que se requiere y con urgencia, es un planteamiento cierto, serio y definido de refundación de la misma República con ente soberano y único y que en definitiva, es el interés que nos anima y a muchos, quienes tan preocupados estamos, porque este país y con todo y sus logros financieros y económicos, no así ha podido esparcirlos por toda su geografía y llegando a todos los hogares y estamentos sociales de clase media hacia abajo y sin excepción de ninguna especie y sin iniquidad alguna.

            Posibilidad positiva, que el pasado lunes y que por primera vez logramos descubrir que está sucediendo, en el acto de celebración oficial del Día del Agricultor, donde la administración del presidente Danilo Medina Sánchez presentó a conocimiento general, el impresionante acervo de realizaciones económicas positivas, que hasta ahora y solo en el gobierno se sabía que está aconteciendo y que también nos obliga a experimentar justificadas esperanzas de todo un futuro mejor y a corto plazo. [DAG. Miércoles, 17 de mayo de 2017. Año XV. Número 5906].