Buenos augurios y razonables expectativas de paz en la península coreana y de disminución de las tensiones con EEUU que sin duda alguna hay que valorar y también alentar

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Desde el momento que se entienda, que el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, es un vendedor que piensa como tal y que no deja nada al descuido cuando está tratando algún tipo de contrato y extrapolamos esa mentalidad y conducta a la política internacional y ya el señor Trump como presidente de los EEUU, se podría tener una perspectiva más centrada en la realidad y sus perspectivas, respecto a lo que se puede esperar de lo dicho ayer por el señor Trump con respecto a los serios y en cierto modo sorprendentes acercamientos que se han dado en las últimas horas entra las dos Coreas.

            Sobre todo, y que es lo más importante, que, en esta ocasión, el presidente estadounidense no ha emitido una declaración ríspida y dura como las que él acostumbra cuando se trata en lo relativo a Corea del Norte y lo que indica, que el gobierno estadounidense le da credibilidad a todo cuanto se trató en las reuniones de alto nivel entre autoridades del ejecutivo de Corea del Sur y el máximo dirigente de Corea del Norte y en visita de la delegación a la capital Pyongyang.

            En particular, llama la atención, que el presidente estadounidense y luego de estar enterado de lo que ocurrió en las reuniones y de lo que recibió un informe exhaustivo proveniente desde Seúl, expresó que saludaba el espíritu de acercamiento que se había producido y al tiempo que hacía saber, que, si bien estaba listo para enfrentar cualquier situación en materia bélica, tampoco dejaba de explorar la solución pacifica y por lo que en este aspecto, entendía que veía posibles avances y que dicho por este señor, ya de por sí, ello augura una posibilidad de distención del lado estadounidense, que eventualmente podría favorecer la tan mentada y también posibilidad de reunión entre los jefes de Estado -en principio- Trump con Kim Jong-un y sin dejar de suponer, que el presidente de Corea del Sur, Moon Jae-in pudiera ser el otro invitado clave.

             ¿Cuál es el punto fuerte que se trataría en semejante cumbre?, de entrada, la desnuclearización de Corea del Norte a cambio de la garantía estadounidense de no afectar la continuidad del régimen de los Kim y que si ambos puntos son ratificados por ambas partes, el resto de la humanidad podría tener la necesaria posibilidad y en cuanto a que se pudiera abrigar una paz sostenida y un nuevo tipo de relación de amistad y comercial a tres bandas, que de desarrollarse tal como ahora se presume, seguro que daría la eventualidad de que hubiese un acuerdo mayor con Rusia, China y Japón, que son los otros tres convidados de piedra en todo cuanto signifique llegar a una paz obligada que termine por finiquitar la guerra aquella de los años cincuenta y de la que aun se espera lo razonable, de la firma de un tratado de paz.

            Otro detalle, que de suyo es un importante paso de avance en la dirección correcta, hay que entenderlo con el compromiso dado por Kim Jong-un, en cuanto a que a no emplearía armas nucleares ni convencionales contra Corea del Sur, más el otro detalle sumamente importante, al expresar su "comprensión sobre los planes de Seúl y Washington de realizar maniobras militares conjuntas de gran escala en abril”.

            Lo que significa, que en verdad, ya existen aptitudes reales y como nunca antes, de lograr establecer una entente que genere un acuerdo definitivo de paz entre las naciones involucradas, mucho más, cuando es el mismo gobernante de Corea del Norte, quien ha dado el paso en ese sentido y lo que indica, que en cierto modo, Kim Jong-un ha llegado al nivel y punto de no retorno para buscar el aceptable reconocimiento internacional hacia su gobierno y país y lo que sin duda, nadie le negaría y con tal de que la península coreana no continuara siendo el terrible dolor de cabeza de la política internacional.

            Con relación a este cambio tan razonable del gobernante norcoreano, lo que hay que analizar, es que el joven jefe de Estado no es ningún político asiático que no haya conocido y asimilado la cultura occidental, lo que significa también, que sus años de estudios y en su adolescencia en Suiza, dejaron la suficiente huella cultural y para él entender como es la mentalidad de occidente y todo cuanto de prudencia y sentido común puede lograr, luego de tantos años de desafíos y amenazas continuas.

            Por supuesto, el cambio general que producirá en todo el mundo y no solo en Corea del Norte, la posible apertura de acuerdos geoestratégicos tan significativos, los que a su vez abrirían una nueva era en materia comercial e industrial y de apertura de lazos abiertos entre Pyongyang y el resto del planeta, obligará a su vez al mismo Kim, por aceptar el pequeño costo de cierta apertura gradual en las fronteras de su país y la aceptación de intercambios culturales al principio y luego abiertamente de personas entre su país y el resto del mundo y lo que  y si se recuerda que más de cuatro generaciones de coreanos del norte nunca han tenido contacto con ciudadanos vecinos u occidentales de manera regular, le da suficiente garantías al propio gobierno norcoreano, de que la apertura al nivel de la población, será pausada y nada realmente agobiante para su misma seguridad interior.

            Ahora, lo que hay que esperar, es que en Washington, los halcones de la política exterior estadounidense, no pierdan el equilibrio mental y pretendan abocarse por elaborar un petitorio que pudiera ser entendido como provocador por las autoridades norcoreanas e igualmente, también cabe esperar, que las suspendidas maniobras y practicas militares entre Corea del Sur y EEUU y que se supone se efectuarán en abril, por lo menos para esta ocasión, pudieran ser lo menos agresivas posibles y siempre en el ánimo de coadyuvar definitivamente, a que las relaciones entre los países involucrados en las hasta ahora suspendidas conversaciones y desde hace diez años y a seis bandas, para la desnuclearización de la península norcoreana y en las que participan las dos Coreas, EE.UU., China, Rusia y Japón, pudieran llegar a un feliz término.

            También importa y mucho, el temperamento del presidente estadounidense, de quien se conoce, que es muy capaz de cambiar de criterio cuando menos se le espere y que ciertamente es un factor sorpresa, que no deja que los ánimos se apacigüen del todo, aunque, a decir verdad, hasta ahora, el presidente estadounidense no había sido tan especifico con referencia a llegar acuerdos con Corea del Norte.

            Sus recientes declaraciones en Twitter, respecto a que "se han hecho posibles avances en las conversaciones con Corea del Norte. Por primera vez en años, todas las partes implicadas están haciendo esfuerzos en serio. ¡El mundo está observando y esperando! Puede ser una falsa esperanza, pero ¡Estados Unidos está preparado para avanzar duro en cualquiera de las dos direcciones!", Aunque no lo parezcan, ayuda para que ahora se deba tener un razonable sentimiento positivo y en lo que muchos, al menos en todo Occidente y no tanto así en Asia, podamos decir que ya se va por el camino correcto.

            Por lo pronto, que el mismo Kim Jong-un hubiese sugerido, lo novedoso de una línea telefónica directa entre él y el presidente de Corea del Sur, Moon Jae-in y como el mejor modo de evitar desencuentros futuros, vendría siendo la mejor garantía, de que el mismo Trump sopesaría con cuidado cualquier tipo de nueva declaración contra Pyongyang y con tal de no afectar el posible sendero de paz y acuerdos que evidentemente ya se vislumbran.

            De paso, habría que reconocer, que el gran triunfador del futuro acuerdo entre las dos Coreas y los otros países involucrados sería el presidente Trump, al tiempo que, de cara a su pueblo, el gobernante de Corea del Norte seria visto como el gran estratega y quien, con persistencia, maña y dureza, ha podido salvarle de una hecatombe y de lo que, en este aspecto, pocos en la humanidad habrían podido suponer lo contrario.

            En definitiva, el paso dado por Kim Jong-un y como feliz corolario al clima de distención entre las dos Coreas, a raíz de los Juegos Olímpicos de invierno Pieonchang 2018 y ya transcurridos, ofrece al mundo, unos buenos augurios y razonables expectativas de paz en la península coreana y de disminución de las tensiones con EEUU, que sin duda alguna hay que valorar y también alentar. Con Dios. [DAG. Miércoles, 07 de marzo de 2018. Año XVI. Número 6,201]