El anónimo anterior retrata fielmente las grandes diferencias entre capitaleños y cibaeños y más propiamente con santiagueros. Simplemente, las burguesías de ambas regiones, siempre en competencia feroz, nunca sus miembros han escondido sus enconos y supremacías y de ahí, que cuando hay desencuentros estos se hacen sentir.
El presidente Luis Abinader y como buen santiaguero e igual la vicepresidenta Raquel Peña, santiaguera extremadamente enraizada. Con su aspiración de que la ciudad de Santiago de los 30 Caballeros cuente con una residencia oficial para uso exclusivo del Poder Ejecutivo, parecería que quieren destacar y diferenciar mucho más la pujante urbe cibaeña de todas las demás en cualquier parte del país.
Y por eso y evidentemente, recordando que, en la Era de Trujillo, en Santiago había una residencia presidencial que todo el mundo llamaba y conocía como “la mansión”, se inclinan por hacer una nueva y propia y de ahí que desde la gobernación de la provincia se anuncie que ya se está en los trámites finales de compra de una amplia residencia para hacer de ella la residencia presidencial y casi palacio presidencial para el Cibao.
Para quien escribe como para todo santiaguero, la noticia es de su interés y grata, pero al mismo tiempo, la misma provoca cierta inquietud y referente a la probabilidad, de que la burguesía santiaguera quisiera darle un golpe de efecto a las de la capital, Romana y Punta Cana y lo que por un lado podría ser malo en crispaciones, pero por el otro, seguro que será un incentivo para que todas esas burguesías sientan aumentar sus propias competencias y afán de dominio entre unas y otras. Mientras tanto, la de Santiago, picó adelante. (DAG-Ojo)





