Cifras o estadísticas que determinan el rumbo de la percepción ciudadana a nivel generacional y sin importar que lo que mediáticamente se pretenda sea lo definitivo y real

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Quien nació el 16 de agosto de 1930 en el último trimestre de aquel año, si está vivo, tendría hoy 91 años y quien nació entre el 14 de junio y el 31 de diciembre de 1959 tendría 62 años. Lo que significa, que perfectamente podría tener 20 años más de vida útil.

Ahora bien, si se traza una perspectiva sobre la parte de la población que conforma la generación nacida en la Era de Trujillo, por obligación habría que entender, que la mayoría ya ha fallecido, por lo tanto, es de necios plantear y como lo hace el matutino centenario capitaleño al recordar la invasión castro comunista de junio de 1959, que supuestamente “han pasado 62 años y todavía el pueblo dominicano recuerda aquel 14 de junio de 1959”.

Por lo que llama la atención el empeño de ese periódico, en hacer creer que los dominicanos nacidos hace 62 años mantienen en sus mentes e imborrables, acontecimientos, que son muy difíciles de recordar por toda la población actual y muchos por la de ahora compuesta por milenials y con una cultura absolutamente diferente a la que existía en el 1959.

En ese plano, la actitud de ese periódico es la propia de quien quiere reescribir la historia y sin importar el tiempo transcurrido y mucho más, cuando la percepción real habla y por el añadido de contracultura que tiene la juventud de los teteos, la mayoría formada en los barrios populares de Nueva York, que son jóvenes a los que les importa un comino lo que paso en fecha tan cercana a cinco años atrás, menos sobre situaciones de 62 años más atrás del tiempo.

Debido a esa disparidad que nace precisamente de todo un factor generacional constantemente en renovación, es  fácil comprobar como los jóvenes rebeldes sin causa de la década de los años sesenta, todos marcados por el magnicidio de Trujillo y la caída del trujillato en noviembre de 1961, más el surgimiento de la fallida revolución castrista y el devenir del régimen dictatorial de Fidel Castro en Cuba y el resto de los acontecimientos de la Guerra Fría, mientras en ese lapso podían haber querido o soñado o alentado en la República, un acontecimiento como el cubano y en particular porque los supuestos “revolucionarios” de abril de 1965, al haber fracasado en sus empeños, muchos se habían metido en los aprestos terroristas que llevaron sus vidas a perderse y alentados por un grupo de dizque “dirigentes de izquierda” que fracasaron a lo absoluto en su insensata lucha en contra de la llamada por ellos, “dictadura yanqui-balaguerista”.

A la fecha, la mayoría de esos dirigentes y de los pocos que están vivos, lo que se nota, es un deplorable desfile de vejestorios aferrados a preservar un pasado histórico que nunca fue y que ya se les ha ido de las manos, mientras la mayoría se oculta detrás  de una bibliografía totalmente alejada de sus aprestos “revolucionarios” de aquel entonces o sus hipócritas como perversos dirigentes de antaño y para mantener vigencia se han ido por el derrotero de la hipócrita defensa del medio ambiente o fueron protegidos por los gobiernos del PRD y el PLD, surgiendo de ellos como curiosos potentados del sector agropecuario o arrocero, mientras sus hijos o la juventud que conocieron solo tenían interés en inmigrar hacia Nueva York y gracias a la iniciativa del presidente Joaquín Balaguer (el tan odiado Balaguer) quien logró que EEUU liberara sus políticas de obtención de visados, rescatando de ese modo, que muchos jóvenes “revolucionarios” fueran víctimas de la guerra política que sus mayores habían establecido.

Aquella inmigración juvenil forzosa y en gran mayoría, al conocer la realidad estadounidense, generó una contra cultura de la droga, el vicio, el lavado de activos y la criminalidad inducida y mayormente bajo el estandarte del PRD, que a su vez generó la puesta en escena de las generaciones barriales jóvenes, que dominaron a Nueva York para los años 70 y 80 del pasado siglo y que tuvieron su efecto imitación en el territorio nacional, donde y siempre bajo la bandera del partido blanco, impulsaron la criminalidad política como mecanismo de invasión y control del Estado, permeando todas las capas sociales, afectando la funcionabilidad de las instituciones y hasta llegar al proceso de disolución institucional del Estado en la actualidad.

Es y como producto de todos esos acontecimientos en la vida migratoria dominicana de Nueva York, que la República cuenta con aproximadamente tres millones de estadounidenses de origen dominicano y que teniendo 300 mil de ellos residiendo permanentemente en la República, se han convertido en el ariete que ahora impulsa su anhelado deseo que la República Dominicana desaparezca como tal y de paso a un nuevo Estado de la unión americana. Pretensión, que por lo visto no llega a un alcance de comprensión más o menos exacto y mucho menos, por parte de los integrantes del factor mediático y ni hablar del Listín Diario, empeñado en no entender la historia con la necesaria objetividad y para evitar que generaciones nuevas cometan los mismos errores de aquellas otras del pasado y a las que nos referimos en concreto.

Prosigamos con las estadísticas, asomémonos a los que nacieron en el año del centenario de la Replica: 1944, la última frontera de la generación nacida en la Era de Trujillo ¿y qué comprobamos?, que una mayoría de personas que tienen 77 años, se encuentran en el camino descendente e inevitable de irse al mundo de los imprescindibles y cuando todos se hayan ido y lo que ocurrirá como mucho en los próximos 10 años. ¿Seguro que habría gente nueva de este siglo 21, pensando en Trujillo y los antitrujillistas? ¡Imposible!, todo lo vivido del 1930 al 1961 habrá pasado a la historia y sin importar la cara cosmética que el Listín quiera darle.

 Además, la mayoría de sus directivos y reporteros, irán y como la humanidad camino hacia la tumba y si ese periódico insiste en revivir el pasado, entonces desaparecerá al no saber conectar con las nuevas generaciones de este siglo y que bien podría ocurrir en los próximos 25 años, es decir a partir del 2046. A propósito, ¿Cuántos años tendrán Abinader y su generación en ese tiempo, 78 años? y entonces?

De ahí, que, pensando en términos de proyección de tiempo, resulte inútil tratar de revivir el tiempo pasado y menos dentro del sesgo manipulador mediático tan perverso que comentamos y que nos lleva la reflexión cierta, de que cifras o estadísticas que determinan el rumbo de la percepción ciudadana a nivel generacional y sin importar lo que mediáticamente se pretenda, sea lo definitivo y real. (DAG)