viernes, julio 1, 2022
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Con el nombramiento de la Vicepresidenta Raquel Peña en Medio Ambiente, la memoria de Orlando Jorge se irá diluyendo y como lo propio de la dialéctica de vivir

Alguna gente no quiere entender, que aquella expresión tan grosera de que el muerto con tierra tiene, no solo que es una verdad que no admite réplica, sino que realmente es y sin duda alguna, la expresión más dura y patética de lo que es la vida y su resultante al morir.

Simplemente, el chisme como el muerto, con tres días tiene, a lo sumo nueve y debido a lo cual, el discurso de vivir se recicla de continuo y nada queda dentro de la debida lógica, que haga suponer que el tiempo se detenga ni mucho menos. La vida pues es eso, vivir, seguir viviendo, continuar con vida y luego morir y para nada que pudiera indicar, que la muerte de alguien signifique un anclaje para que la memoria sobre el que muere se pudiera mantener de continuo.

Es de este modo, que el destino de todo ser viviente y también forma de vida, es saber que solo no hay olvido entre los más cercanos al muerto y que los demás, sin que por ello se entienda que fueren malagradecidos o cosa que se le parezca, por obligación e imperativo del diario vivir, deben continuar hacia adelante y hasta que les llegue el momento de encarar semejante realidad.

Desde ayer, por ejemplo y desde que el presidente Luis Abinader decidiera nombrar al reemplazante del fallecido ministro Jorge Mera en el ministerio del Medio Ambiente, se inició la cuenta atrás para que la memoria sobre el malogrado funcionario empiece a extinguirse y lo que se verá con mayor crudeza en el acomodamiento generalizado de todos los empleados y funcionarios del mismo ministerio de Estado en el que ahora la señora vicepresidenta será la voluntad determinante.

La observación es buena hacerla y al ver como tantos empleados y funcionarios, públicos o privados, se aferran a sus posiciones y mucho más, los que dependen de que alguien les nombre o designe y no lo que debería de ser lo normal, que cada uno ejerza sus capacidades por sí mismo y decisión de su propia voluntad.

Luego, esto no quiere decir que el trabajo realizado por el ya ido desaparezca al completo, cuando desde el momento que hay que buscar su prontuario para fines de reforzamiento de ideas y criterios sobre una iniciativa a cumplir, automáticamente el recuerdo aflora, pero más que como registro burocrático que por sentimiento personal sentido.

Incluso, si se busca que es lo que significa la palabra dialéctica, se entenderá el porqué de la volatilidad del diario vivir: “es el arte de persuadir, debatir y razonar ideas diferentes. En un discurso, la dialéctica consiste en presentar una idea principal o concepto, denominado tesis, al cual se le contraponen diferentes argumentos e ideas, conocidas como antítesis”. Por lo tanto, si los humanos fuéramos sensatos, deberíamos entender, que sí es pertinente dejar algo o rastro de nuestro paso por la vida y por lo que, en este aspecto, lo escrito, no solo que es perdurable, sino que ahora más con internet, prácticamente adquiere la condición de eternidad y de igual ocurre con las obras artísticas, que siempre encontrarán refugio sobre su existencia en algún registro de interés general o científico.

Por eso, en el caso de Orlando Jorge Mera, su memoria quedará más marcada y viva en sus libros y tesis doctorales y académicas, que por su quehacer como funcionario público y dado que las mismas y por su propia naturaleza siempre serán obras de consulta y como son aquellas doctrinales e investigativas escritas por su padre, Salvador, quien a años de su muerte sigue vivo en pensamiento y dentro del mundo jurídico y académico.

Ahora y dentro del mundo tan voluble e inestable de la función pública, la memoria de Orlando se diluirá y que ciertamente es un paso natural del que nadie puede sorprenderse y por la realidad pragmática, que la impronta de trabajo de quien ahora le sustituirá y luego los demás que en el discurrir del tiempo sean nombrados, será la que marcará los nuevos tiempos.

Además, no tiene sentido rememorar a un muerto que en este mundo nada puede hacer y que, habitando en el submundo de los imprescindibles, simplemente es otra ficha o referencia del pasado que se agolpa y para no volver jamás y menos, como la existencia física que fuera conocido.

Precisamente y por esta realidad, es que las personas debemos de entender, que en lo que hacemos, siempre debemos de ir hacia adelante y sin detenernos en mirar para atrás y sí sabiendo crear nuevos derroteros, caminos o senderos, que a lo inmediato por un lado y en lo futuro después, puedan ser las adecuadas referencias que le den fortaleza a las ansias de vivir y lo que se fundamenta en un hecho cierto, solo el espíritu es inmortal, en tanto que el cuerpo material es nada más que la especie de materia prima que retorna a su lugar de origen.

Si muchos ricos y oligarcas entendieran esta realidad, tal vez podrían ser de comportamiento menos egoísta y de actitud más abierta hacia la convivencia con los demás y porque vivir, también consiste precisamente en esto, de colaborar y hacer el bien que corresponde ejercer en función de la capacidad de cada uno, pues como seres de comportamiento gregario, los humanos estamos signados a buscarnos mutuamente y no a vivir rechazándonos y porque en algún momento los naturales intereses antagónicos así lo quisieran.

Así las cosas, se hace evidente pues, que cada día y con cada muerte -natural o trágica- la naturaleza nos recuerda como debe de ser el camino por seguir y que, si lo hacemos con nobleza y sabiendo que todos nos necesitamos unos a otros, siempre sería posible crear un mundo mejor.

En consecuencia, Con el nombramiento de la Vicepresidenta Raquel Peña en Medio Ambiente, la memoria de Orlando Jorge se irá diluyendo y como lo propio de la dialéctica de vivir y lo más importante, que ya en el mundo astral o espiritual como se quiera denominar, quien se va no desaparece, sino que con el tiempo y de acuerdo con las cinco grandes religiones en su enfoque común, va de retorno a entrenarse y para luego volver en otro mundo, en otra dimensión, en otro renacer. (DAG)

 

 

 

 

 

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