Con emergencia y urgencia hay que restablecer el orden moral en toda la nación y sus instituciones, de lo contrario, estado fallido definitivamente

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Que se descubra, que un día se dio una inequívoca muestra de corrupción militar en los mandos medios o bajos, sería un hecho de probable ocurrencia propio de la debilidad humana, es de suyo una situación incómoda, pero dentro de las circunstancias pasable.

Pero que se descubra y de golpe, que los niveles de corrupción han llegado a un punto intolerable francamente repugnante y porque la moral se ha perdido entre miembros de la alta oficialidad y el alto mando militar y peor, que todos sus miembros pretendan justificar hechos tan ignominiosos que manchan para siempre la conducta de quienes deberían de actuar y ser vistos como verdaderos caballeros militares, es un asunto que pasa de toda justificación y que bajo ninguna circunstancia se podría justificar.

Si a lo anterior se agrega, el penoso hecho, de que debido a las sistemáticas violaciones de conducta entre los militares y ni hablar entre los miembros de la repugnante policía, la población ha llegado a otros niveles de descomposición moral tan preocupantes, que últimamente, héroe puede ser considerada aquella persona que abiertamente se hace millonaria en un santiamén y con el mayor descaro saca a relucir los bienes obtenidos de manera tan ilícita, entonces habría que hablar que se estaría a unos pasos de una terrible desintegración moral ciudadana.

Precisamente lo que está ocurriendo en la República en los últimos 17 años, donde y desde la misma presidencia de la República, toda la ciudadanía ha tenido o conocido muestras evidentes de cohecho, prevaricación, lavado de activos y enriquecimiento ilícito, no solo por parte de las cabezas dirigentes sino también de su cuerpo de subalternos y empleados administrativos.

Para colmos y lo que abarca las elites mediáticas, empresariales y financieras y abarcando áreas sensibles de la vida nacional y como las copias al carbón de la mayoría de las religiones existentes y destacándose la curia católica, se comprueba que los pocos ciudadanos que criticamos semejantes hechos y acciones tan impúdicas, el común los cataloga como necios y atrevidos, que entonces haya que empezar a revisarse, ante semejantes muestras tan descaradas de ausencia de orden moral.

¿Cómo empezó todo este descalabro? Cuando Trujillo se percató de que el aparato administrativo y burocrático del Estado empezaba a crecer y como resultado de la transformación que el dictador le había imprimido a la República, se dio cuenta de que, si quería evitar un estallido de corrupción a gran escala en los presupuestos de las instituciones militares, tenía que buscar una via por la que, por un lado, pudiera controlar los excesos y por la otra permitir cierto bienestar evidente de los responsables de esas instituciones.

Así nació la ley no escrita del 10 %, esa, por medio de la cual, a los jefes se les permitía quedarse solo con el 10 % del presupuesto a cargo, pero siendo enfático y duro con el 90 % restante que debía ser utilizado para los programas de inversión, crecimiento y desarrollo que ameritaba el Estado y todas sus instituciones. Si alguien se pasaba de listo, la muerte más vergonzosa y la expropiación de bienes más fulminante, automáticamente eran impuestos.

Fue de esa forma que en la Era de Trujillo se manejaron los presupuestos y la razón de que la corrupción política, militar y social quedaban a control.

Lamentablemente, con el magnicidio, los mismos que lo asesinaron y sus familias, impusieron una nueva situación y comenzando por entenderse “herederos” de Trujillo y al extremo, de que comenzando con el gobierno títere  de Balaguer que estaba en ejercicio, el nuevo del Consejo de Estado con Bonnelly y siguiendo con el del Triunvirato en su variable más deformada,  de Donald Reid y como muestra abusiva de la formidable depredación que las viejas familias y con La Vicini de cabeza habían organizado y culminando con la deformación administrativa conocida como “Revolución de Abril de 1965” en la que el militarismo trujillista hizo presencia por via de los dos gobiernos provisionales, el de Imbert Barreras y el otro de Caamaño Deñó, la nación empezó a conocerse  lo que era la corrupción más despiadada como rastrera. Nada quedó a salvo.

Los empresarios, aumentaron sus riquezas en base a sobornar a los militares “constitucionalistas” para que les protegieran sus bienes inmuebles y sedes de sus negocios mercantilistas y uno que otro industrial. Los agregados militares estadounidenses, sobornando en base a dineros y visados a quienes consintieran en el desmantelamiento de los servicios tecnológicos, la fábrica de armas y la fábrica de pólvora y una que otra empresa o industria estratégica y de ese modo, la República fue violada, saqueada y enormemente hundida.

Por eso y hasta la llegada de nuevo al poder de Balaguer y encaramado en una montaña de votos el primero de julio de 1966, la nación experimentó un cese abrupto de tanto desorden y corruptela y con la imposición de una drástica política de austeridad y anticorrupción, que en honor a la verdad duró 4 años, hasta que el mismo Balaguer y por su labor de rescate humano y material fue reelecto en el 1970. Para el 1974, el progreso material era tal y el afán continuista se enraizó, que definitivamente la corrupción hizo presencia desde el mismo poder, a partir de ahí y ya para el 1978 Balaguer pudo decir, casi perdiendo el poder, que dejaba a la República como “un avión en pleno vuelo y en salto automático”.

La ciudadanía le dio la espalda a aquel presidente desarrollista e hizo entrada el PRD del exilio y “auxiliado” por ciudadanos inmigrantes en EEUU y uno que otro estadounidense de origen dominicano, quienes pusieron patas arriba en materia de corrupción, a una nación digna de mejor suerte. Aquel huracán de inmoralidad absoluta duró 8 años (1978-1986) y de vuelta entonces con Balaguer por 10 años de mandatos (1986-1996). Fue y para los métodos de Balaguer, un gobierno nuevo de reordenamiento institucional y rescate económico, pero exhibiendo cierto tifus de corrupción civil y militar mal disimulados e imposibles de ocultar. Lo que se agravaba, porque el PRD de antes y ahora auxiliado por dominicanyorks y con su entramado de lavado de activos y narcopolítica, pretendía volver al poder y ante lo cual, y para evitar que lo peor se entronizara, Balaguer y su PRSC pactó con Leonel Fernández y el PLD y para evitar que Peña Gómez y el PRD volvieran al poder.

A ese momento, ya la figura del militarismo electoral con facciones de militares en retiro como miembros de todos los partidos, obtenía carta de ruta y la vuelta a la corrupción desde el poder era asunto que tampoco se podía disimular.

Balaguer entregó a Leonel Fernández, a quien le llegaba del cielo un gobierno que no sudó y por 4 años, cuando en el 2000 y con Hipólito Mejía-PRD esta derrota a Fernández y al PLD y el desbarajuste amoral más fenomenal se entroniza desde el Palacio Nacional y con un Mejía resentido social y mentiroso como pocos y altamente deseoso de destruir a sus adversarios políticos y como si estos fueran personales.

Aquel carnaval y gracias a Dios, duró hasta el 2004 y Fernández y el PLD vuelven al poder y esta vez con auxilio de Balaguer y el empresariado y todo el mundo financiero. Se inicia la Era del PLD que abarcó desde el 2004 al 2020 y con dos presidentes: Fernández y Danilo Medina y quienes a su vez caen humillados por una nación cansada y con ánimos de venganza por los excesos y corrupción incurridos.

Para el 5 de julio de 2020, una propaganda bien articulada y manejada por juventudes y periodistas políticos militantes pequeño burgueses, facilitan las cosas para que “el PRD de antes” vuelva al poder y disfrazado del PRM, que impulsó a Luis Abinader al poder y con Hipólito Mejía detrás y semi oculto y para que no metiera miedo. Se supone que este nuevo régimen compuesto por generaciones nuevas se mantenga dentro del periodo electoral para el que fuera electo y que termina en mayo de 2024.

A este punto, la República Dominicana estaba marcada dentro del ámbito de corrupción más escandaloso y permeando todos los sectores de la vida nacional y lo peor, arraigándose extraordinariamente dentro de la vida militar y policial, sacando patente de corso y lamentablemente, proyectándose como el cáncer, que, habiendo hecho metástasis, destruía el orden moral y hasta el cuerpo social de la nación.

Ahora bien. ¿Se encuentra todo perdido?, no necesariamente. Todavía hay ciudadanos serios y de valer y de gran integridad moral, quienes si encuentran el ambiente necesario podrían dar la batalla. En ese esfuerzo, muchos vemos el manejo desde el poder del presidente Abinader, así como de amplios sectores de dirección del PRM y su política anticorrupción en base a un nuevo ministerio público central y el ánimo critico de darle un vuelco a la corrupción militar.

En este aspecto, si los subprocuradores anti corrupción y su cabeza,  dejaran a un lado su profundo izquierdismo político  y su notoria animadversión, inocultable contra todo lo militar y de lo que escribíamos ayer, la situación de riesgo critico que para la estabilidad del gobierno y las instituciones se ha presentado con el caso CORAL, esta podría ser manejable y para lograrlo, en la misma, el presidente Abinader deberá implicarse directamente, pues hay que bajar la tensión en el cuartel y sin ceder en el castigo adecuado-flexible y por razones de Estado, a los imputados militares y estos entendiendo, que lo mucho hasta Dios lo ve, por lo que se requiere un punto de dialogo que facilite una política de consenso racional que deje a un lado los amagos de sabotajes castrenses en el AILA como el teleférico de Puerto Plata y las extrañas muertes por “intercambios de disparos” que utiliza la Policía con el pretexto del toque de queda.

En definitiva, hay que buscar un nuevo reordenamiento moral a nivel nacional, todos los ciudadanos y desde las esferas en las que se desenvuelven debemos hacer nuestros aportes y por el bien de la nación.

Así sugerimos que hay que implementar una nueva política de 20 años continuos y seguidas por todos los partidos y gobiernos, de volver al servicio militar obligatorio para adolescentes de 15 años y jóvenes adultos hasta los 25 años, igualmente una política de rescate social y humano para esa juventud barrial y de los teteos parecidas a las de la organización Boys Scouts y lo clave, reclutar obligatoriamente a los maestros e imponerles radicalmente u nuevo orden mora.

Todavía más, ¿cómo hacer que los militares permeados por la corrupción cambien de actitud, decretando una amnistía siempre y cuando entreguen el 10 % de todos los bienes y recursos que poseen ilícitamente y el Gobierno, con esos recursos, elaborar los presupuestos para el nuevo servicio militar obligatorio, los Boys Scouts y la militancia magisterial.

¿Tampoco nada de la propuesta anterior se quiere hacer?, entonces hay que abrir el camino para y con emergencia y urgencia, restablecer el orden moral en toda la nación y sus instituciones, de lo contrario, estado fallido definitivamente. (DAG)