Con todo y que no tiene impedimento constitucional, Abinader no debe tener prisa por su continuidad y sí por presentar una imagen de gobernante ducho, pragmático y de forma institucional, garantista de su futuro inmediato

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En realidad, el joven presidente no debe ni tiene por qué trabajar por impulsar a sus adversarios naturales, Danilo, Hipólito y Leonel, para que desde ahora se le fueran al cuello con el asunto extemporáneo de su reelección o la de su partido, pues como la Biblia advierte, en la vida, todo tiene su tiempo y hasta ahora nada existe en su camino que le pudiera hacer variar de criterio.

Es, al contrario, si ahora complaciera a aquellos sectores, suyos o adversos que dieran lo que no tienen porque la reelección presidencial fuera la motivación mayor y quienes por el impulso pudieran salir ganando terreno, son precisamente aquellos, que, por no tener una posición aceptable dentro de la población, un sorpresivo afán continuista a destiempo le sería la mejor y más favorable de las iniciativas.

Solo hay que ver, que mientras Danilo está ocupado en “cuadrar” su presidencia partidaria y por lo tanto, lo mejor que le pudiera suceder sería tener un tiempo tranquilo para reestructurar su partido a su imagen y semejanza, Hipólito no pasa de hacer ciertos tanteos, los que de una u otra forma y por asuntos de edad y salud, de aquí al 2024 no le darían buenos resultados, en tanto Leonel, quien, en su ego desmesurado, asume que es el candidato casi opositor a ganar, en la acera de enfrente Abinader se encuentra en unas condiciones positivas tales, de hasta darse el lujo de darle cierta gabela, a quienes  dentro del círculo de presidenciales podrían tener determinadas oportunidades gananciales.

Pero resulta, que la política y mucho más la del poder, no es asunto de otorgar ventajas y menos restar méritos a quienes como adversarios naturales, les bastaría un aventón presidencial innecesario con miras de sacarle cuerpo a un presidente-candidato del que ahora, su quehacer debe estar desenvolviéndose dentro de parámetros que solo favorezcan su capital político propio y no el de los demás.

Incluso y si los hechos se debaten o desenvuelven dentro de las perspectivas promisorias de como Abinader y sin mucho esfuerzo ha logrado posicionarse y en lo que le ayuda, que es el primer presidente nuevo y joven de la era postrujillista, su no compromiso con el pasado político populista de sus antecesores, le permite marcar una aceptable diferencia y ante un pueblo cansado y sea por una falla u otra, de políticos duchos y marrulleros, quienes en verdad se han creído que tienen una patente de corso vitalicia para ser candidatos presidenciales fijos y de continuo y como si la nación estuviera hipotecada a sus propios destinos y lo que rotundamente no es así.

Por ejemplo, los desesperados políticos dizque “propios”, denominados “los viejos robles” que siguen al presidente y no porque lo quisieran y sí por determinadas circunstancias que ellos entienden que pudieran aprovechar para resurgir y hasta ser prospectos de candidatura legislativas más definidas y aunque haya uno que otro desesperado por sacar a Abinader del ruedo político presidencial, saben perfectamente, que solo si “el turco” y como por lo bajo ahora le dicen, metiera la pata a unos niveles casi infantiles, solo así podrían lograr determinados posicionamientos e igual le ocurre a los miembros de toda esa prensa mercancía a gran escala que solo sabe medrar, atacar y alabar y de acuerdo a los intereses de sus dueños los barones mediáticos.

En este último plano la situación es tal, que los don fulanos  de la pequeña burguesía y desesperados porque ven, que hasta ahora Abinader no ha caído en ganchos o trampas, han desviado sus intereses a tratar de fomentar que esquiroles suyos dentro del aparato de propaganda oficial, “inocentemente” hagan todo lo posible por ganarle la mayor cantidad de adversarios o enemigos, a un presidente joven, quien por su quehacer innovador personal, es tan obvio, que  facilita las cosas para que se le entienda inatacable en el mejor sentido de la palabra.

Así mismo y quienes dentro de esos sectores asumían que podrían lograr cierto ámbito interno de desviación de intereses y al entender que la parlanchina primera dama pudiera ser y por sus ímpetus emocionales y descontrol ablativo, la principal carta para fomentar una retaguardia obstruccionista, han quedado de feo al ver que la dama y aunque no se sabe de dónde y dado su fuerte temperamento, ha sabido contenerse y ser lo mínimamente invasiva en los asuntos de Estado que solo son incumbencia de su esposo.

De ahí, que al observar que Abinader y desde todos los puntos de vista tiene realmente un control mucho mejor de lo que el mismo podía suponer, en materia de su fuerte capital político, que sirios y troyanos ahora luzcan frustrados, al ver que el  “presidente inexperto” que creían que podrían controlar, se les ha ido muy por delante y con la suficiente fortaleza y credibilidad para continuar creando su propio camino político electoral, que como como estamos viendo, todavía no corre prisa en avanzar más de lo prudente.

Consecuentemente, Abinader tiene tiempo de sobra sobre este particular y fácilmente podría desesperar a todos sus adversarios nacionales o internos, solo continuando, haciendo bien lo que hasta ahora no le ha dado problemas, pero que sí mortifica a los presidenciales de la acera contraria.

Recuérdese que se está en tiempos de pandemia y es a este factor al que hay que dedicarle tiempo, por lo menos, hasta aplanar el nivel de crecimiento del fuerte virus Covid-19 que se tiene a la vista y que poco que mucho, ya no es asunto del otro mundo, al menos, mientras se logre convencer a la gente para que se involucre personalmente en frenar el contagio y que de no ocurrir, sí que podría serle un fuerte problema político estratégico. Fuera de ahí, el presidente no cuenta con problemas estructurales determinantes y en cuanto a su dañina dupla política PRM-PRD, con solo dar tres manotazos en su escritorio y gritarles un “Sanantonio”, le sería suficiente para dominar a los que se atrevieran a ir contra sus directrices.

Por lo pronto y de cara al 2024, a nuestro modo de ver, todo apunta que la combativa y fogosa senadora Faride Raful y si no se aloca (es joven y temperamental y en algunos casos mal hablada) podría ser el mejor prospecto para una candidatura Abinader-Raful, en tanto la vicepresidenta actual, Raquel Peña, pudiera ser una alternativa interesante y pragmática como ministra de Interior o de Exteriores o si no cabeza de la delegación dominicana ante la ONU.

Lo que queremos decir, es que pese a lo que se pudiera creer a contrario, Abinader y popular y electoralmente, ahora mismo está tan bien posicionado, que ni un enjambre de mosquitos le harían daño. Va con viento a favor y solo si se descuida o si se llegara a creer una edición divina que todo lo puede, por ejemplo, dejando que a lo interno se le creen adversarios innecesarios y solo por malquerencias personales con periodistas propietarios de medios digitales y programa de radio y televisión independientes y no necesariamente este, que se rige por una visión particular de su papel histórico como analista político de Estado independiente y en el que no caben prejuicios de ninguna especie, es que podríamos ver un riesgo de cuidado con adversarios nuevos.

Teniendo pues todo lo anterior en perspectiva, entendemos que con todo y que no tiene impedimento constitucional, Abinader no debe tener prisa por su continuidad y sí por presentar una imagen de gobernante ducho, pragmático y de forma institucional, garantista de su futuro inmediato. (DAG)