¿Conato de rebelión social o conato de desorden mancomunado?

0
46

En la medida que el malestar de muchos se agudiza y debido a que la mayoría ciudadana no quiere aceptar que las medidas sanitarias para tratar de controlar el coronavirus chino son de impostergable necesidad cívica, se observa con inquietud como una silente como provocadora actitud de desafío se les impone de inmediato a miles de dominicanos en los barrios periféricos de las ciudades y quienes no reparan en provocaciones y sin importar las consecuencias que de ellas resulten.

Por esa situación el inicio del toque de queda diario, se ha convertido en la peor muestra sostenida de incivilidad y de arriesgado calculo de ingobernabilidad, que tal como están las cosas, no presagia absolutamente nada bueno para la continuidad de la paz social.

En consecuencia y sin pretender ser alarmistas en extremo, observamos como el 80 % de los rebeldes sociales frente a las medidas para erradicar o disminuir los efectos de la pandemia, son adolescentes entre los 12 y 20 años de edad, que no reparan en nada para enfrentar las fuerzas del orden público, sobre este particular las muestras abundan: tiroteos, ataques a mansalva, irrespeto de toda dimensión y lo mas preocupante, la insurgencia de un violento estado de anarquía “espontaneo”, que en las aglomeraciones que se dan en horas de la noche, no dan espacio para presumir que realmente la parte de la juventud alzada contra el sentido común y la propia protección de su salud, vaya a ceder en algo.

Es, al contrario, hay mayores ímpetus de violencia callejera y ahora con el sesgo de grupos juveniles, armas en mano, dispuestos a enfrentar abiertamente a la autoridad y sin importar quien caiga. Y lo más grave, ninguno de esos jóvenes no esta dispuesto a ceder en lo que ellos denominan cercenamiento de sus derechos civiles en materia de libertad de tránsito.

Pero, también esta lo otro y que entendemos, es la razón de tanto desafuero y anarquía: La complicidad policial y de drogas con el delito de los asesinatos por encargos, la protección de la venta de drogas al menudeo y el pago de rutas y puntos de drogas, laboratorios clandestinos y exportación de drogas al exterior desde la mayoría de los barrios periféricos a las ciudades y en los que determinados policías dan garantías de paso a los vendedores de drogas implicados en tanto ilícitos. O sea, el narcotráfico ha logrado una “joint venture” o empresa conjunta a la que no escapan los compradores de drogas al menudeo provenientes de barrios de clase media, quienes van con total impunidad a abastecerse y bajo la mirada policial y protectora de los cuarteles policiales barriales y los agentes antidrogas.

¿De que estamos hablando y si se quiere entender la profundad dimensión social del problema?, que definitivamente hay una mancomunidad de acciones entre proveedores de las drogas ilícitas y los consumidores en los barrios de clase media y quienes se trasladan a los barrios periféricos a auto abastecerse de las drogas ilícitas que requieren.

En esas circunstancias y como se comprenderá, es muy difícil que el adolescente acostumbrado a vender drogas y disponer de la complicidad policial y de la dirección de drogas, pueda atenerse y también aceptar un toque de queda continuo que ciertamente le cercena o coarta su libertad de tránsito, antes para lo ilícito y ahora para impedir sus francachelas como mecanismo inédito para convertirse en el tiempo como agente infectado que propaga el coronavirus.

Para colmos, los llamados “ciudadanos normales” no comprenden el por qué las autoridades actúan con dureza frente a esa juventud que no entiende de razonamientos y menos de orden y control social frente a una pandemia que esta visto crece cada vez.

De esta manera, todos andamos en círculos. Unos entendiendo lo que sucede y los otros “rebeldes sin causa”, no queriendo entender que la nación es la que tiene que blindarse si es que se quiera que la pandemia pudiera ceder. Así las cosas, tampoco se le presta atención al nivel diario de cómo van las estadísticas producidas diariamente por el coronavirus, pero a otros nos angustia la evolución descontrolada del problema sanitario y de salud.

Ayer por ejemplo se registraban 111 mil 666 infectados,2 mil 98 muertes y 86 mil 422 recuperados y de contraparte y todas las noches más de 20 mil violaciones del toque de queda y en los fines de semana cerca de 100 mil y en toda la geografía nacional. ¿Qué se debe hacer? ¿Dejar que cada uno haga lo que le venga en ganas, sabiéndose que cada infectado genera tres más?

Como se ve, la dimensión del problema es de seguridad y de gobernabilidad y hasta ahora, las autoridades, parecería que no quieren malquistarse con los habitantes de los barrios periféricos de las ciudades y han preferido el camino mas fácil. Sin embargo, tampoco se quiere entender, que después de seis meses de toque de queda, mucha gente se ha acostumbrado a violarlo sistemáticamente y de ahí a lo peor, solo hay un paso.

Entonces, ¿qué hacer?, sin duda, imponer una variable de ley marcial en los barrios donde se hace imposible que sus vecinos respeten las medidas sanitarias de emergencia y acaten el toque de queda. De lo contrario, la otra opción será el caos. Naturalmente, nuestra propuesta y que no es solo nuestra, tiene en sí misma un peligro latente y de que se le pueda ir de las manos al Gobierno y entonces, ya no haya nada normal por hacer para fines de contención y preservar la gobernanza.

También esta lo otro y que hay que ver por su perspectiva mas delicada, que la única persona que puede tomar esa decisión de Estado, es el presidente de la República y ante la misma, entendemos que la clase gobernante, el Congreso Nacional y juntos en un Consejo de Gobierno especial deben respaldar una arriesgada decisión de tal magnitud y que, de empeorarse el clima de rebeldía social, seria un suicidio quedarse cruzado de brazos.

Por eso decimos, que cuanto está ocurriendo es lo mas parecido a un conato de rebelión social o conato de desorden mancomunado y ante lo cual, los medios de comunicación y de información de masas, los tradicionales, los de internet, los electrónicos y en las redes sociales, todos deberían abocarse en ir en auxilio de la nación y la sociedad, pueblo e instituciones y convertirse en agentes de contención social informativa y para evitar que el “efecto coronavirus” nos arrastre a todos hacia lo peor y al momento que pudiera estallar una feroz y posible lucha de clases. (DAG).