Covid-19 ha desnudado el fenómeno de descenso del nivel cultural en República Dominicana

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El grave fenómeno del descenso del nivel cultural de los dominicanos se ha desnudado ante el frenético e imparable arropamiento de la pandemia de la covid-19. Y es cuando uno oye hablar o escribir los que creen que pueden hacerlo impunemente, atropellan el idioma y el buen decir.

El auge de la modernidad de los diversos medios electrónicos para facilitar el conocimiento, que ya navega en las nubes, permite adquirir conocimientos al instante de cualquier tema que antes tomaba un largo tiempo investigar en las bibliotecas llenas de enciclopedias, libros especializados, o en los informes de los abuelos   o investigar páginas amarillas de los viejos diarios.

Esa rapidez de culturizarse en pocas horas ha estimulado a que se erradique el uso del libro tradicional. Ya solo queda en manos de los que no quieren estar pegados a una pantalla que les ocasiona problemas visuales.

De ahí, el nuevo ciudadano abundante de conocimientos al instante que han desechado el uso del libro tradicional. Este queda para un nicho que se resiste ser absorbido por la modernidad.

Son nuevas generaciones cuya mentalidad es incidir en una cultura que refleja en la nueva música de sonidos disonantes y de explícito sentido a una vulgar sexualidad rampante e indetenible.

Se trata de composiciones supuestamente musicales del deembow y la música urbana. Nadie en su sano juicio, sin estar influenciado por drogas alucinógenas puede analizar y aceptar como música lo que desterró para siempre aquella música del siglo XX, que, en su tiempo de vigencia y apego de las gentes, se consideraba como algo agradable y de inspiración, hasta para aquellos momentos de desilusión.

Y era la música que en la tristeza que acompaña cualquier situación sentimental desagradable e interruptora momentánea del normal desarrollo de la vida de alguien que sufría el desamor o de una causa ajena a los sentimientos. Podía ser fruto de un desengaño íntimo o un colapso de una actividad que durante su duración era algo agradable y estimulante al buen sentir de los humanos.

Resulta penoso si por casualidad uno se topa con un programa de entrevista al oyente en las calles. Se intercepta a la gente para hacerle alguna pregunta de cultura general en especial de historia patria y uno se sorprende con las respuestas mostrando una flagrante ignorancia.

Eso deja muy malparada a la calidad de la enseñanza que se imparte en las escuelas que pese a tantos millones que reciben en especial los maestros, el nivel cultural es bajo y vergonzante frente a estudiantes del mismo nivel de otros países.

Con razón hay que comprender a los funcionarios y legisladores en su ignorancia si opinan de algún tema histórico como el que se conoce para quitarle el nombre de la calle Charles Summer o mutilar el nombre del parque Eugenio María de Hostos.

Hay que comprender a sus proponentes sus lagunas históricas de larga data y por sus orígenes cuya meta es tan solo para buscar la forma de acaparar dinero ya sea con aprobación de bancas de apuestas, bombas de combustible en sitios prohibidos o de intermediarios para lograr alguna contrata violatoria de la ley.

Resultó aleccionador que tan solo tres senadores rechazaron el regalo de 700 mil pesos que le hacía el Gobierno para atenciones navideñas. Y no era para menos que fueran esos tres ciudadanos que enseñaran a los demás el tener un poco de pudor en sus actividades.

Ahora la queja de los legisladores es que los funcionarios no les devuelven las llamadas y no les cogen las llamadas, ya que saben que tan solo es para pedir. Esas llamadas tienen su cocorícamo y los funcionarios evitan como sea posible verse comprometidos con solicitudes que muchas van a violar las leyes.

A nivel general los funcionarios de la administración pública por provenir del seno de un pueblo inculto debieran tener una serie de cursos de inmersión de cultura general para pulirlos y sacarlos de su ignorancia que desdice mucho de sus contactos con los funcionarios de otros países.

Y ahí si la cosa es dura cuando la ignorancia supina desnuda frente a otros colegas extranjeros ese ignaro desconocimiento tan obvio que ni siquiera un curso rápido de computadora con un viaje acelerado a Google puede aliviar. 

Algunos que creen pueden hablar o escribir, atropellan el idioma y el buen decir. Por: Fabio Herrera Miniño [HOY]