Cuatro curiosidades del calendario que quizás no conocías

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Calcular los años siempre ha dado quebraderos de cabeza a la humanidad, pero es una medida necesaria. Conocer los periodos aproximados de las estaciones del año ayuda a los agricultores a saber cuándo cultivar, y actualmente es casi imposible que podamos pasar una semana entera sin mirar qué día es.

Debido a la influencia romana, la mayoría de los países de Occidente adoptaron el calendario juliano. Pero este tenía errores, un pequeño error de cálculo en la duración del año. Los egipcios y los romanos calculaban una duración de 365 días y 6 horas para un año, lo que les obligaba a corregir esas 6 horas con un año bisiesto cada 4 años. En realidad, el año tiene una duración variable, de aproximadamente 365 días, 5 horas y 49 minutos. Puede parecer un pequeño error, pero esos minutos de menos se acumulaban cada año, provocando un desplazamiento en el día de los solsticios y equinoccios.

Para ajustar el error se creó en 1582 un nuevo calendario llamado gregoriano, que es el que usamos actualmente. Este calendario fue promovido por el papa Gregorio XIII y se parece al juliano, excepto por dos puntos. Cada cuatrocientos años, es necesario eliminar tres años bisiestos. De este modo, se corrige el error provocado por esos minutos de menos. También se propuso ajustar el retraso que ya había moviendo el equinoccio de primavera al 21 de marzo, que en el calendario juliano se había desplazado al 11 de marzo.

En el Concilio de Nicea de 1582 se propusieron dos soluciones: o se quitaba el año bisiesto durante 40 años, o se quitaban diez días de golpe ese mismo año. Temerosos de que si quitaban el año bisiesto luego les costara recuperarlo, prefirieron quitar diez días de golpe. Los elegidos fueron los días entre el 5 y el 14 de octubre de 1582, fechas que no afectaban a ninguna celebración religiosa. Esos días nunca existieron en el calendario gregoriano.

A partir de 1582, en el continente europeo convivían tanto el calendario juliano como el gregoriano. En un primer momento, el gregoriano solo fue instaurado en España, Portugal e Italia. El resto de los países presentaron resistencia en cambiar de calendario, más aún si era algo instigado por la Iglesia Católica. Acabaron haciéndolo por las complicaciones que suponía tener que cambiar de fecha al cambiar de país.

Una curiosidad que se comenta a veces es la duración de los meses en el año juliano. Se cree que inicialmente julio tenía 31 días y agosto 30, lo que enfadaba a Augusto, que pidió robar un día del mes de Febrero para dárselo a él. Sin embargo, esta anécdota es falsa. Hay pruebas de que la duración de los meses era variable desde el comienzo del año juliano, con mezclas de meses de 29 y 31 días hasta estabilizarse en el calendario actual. [La Razón]