¿Defensa de la soberanía al estilo del odio e irracionalidad del conservadurismo extremo? O ¿por qué no agotar las energías, persiguiendo y condenando definitivamente, la corrupción del Estado delincuente, personificada en el gobierno anterior? ¿Tan difícil es lograrlo?

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Hay momentos en la existencia de una nación, que sus hijos tienen que decidirse entre enfrentar con decisión y lealtad hacia sí mismos, todo lo relativo a buscar las vías mas certeras en aras de rescatarla de la podredumbre moral que la acogota, o continuar cayendo en esa grave dispersión de esfuerzos, en cuanto a evadir con pretextos seudo moralistas, la realidad, de que todos debemos y como ciudadanos, hacer un alto en la corrupción descontrolada que a esta la oprime.

Corrupción descontrolada y por la que ahora se observa la continuidad del grave proceso gradual de desmantelamiento del estado de derecho, que se iniciara y como muy tarde en agosto de 1978 y continuando ahora con mayor ímpetu desde el 1996 y de manos de ese asalto hacia la institucionalidad en la que todos los miembros de la partidocracia se han lanzado y con el pretexto, de que entre  ellos existen una serie de “elementos amorfos” disociadores, cuando en realidad, de lo que se trata, es de que la mayoría de los partidos y políticos y conscientemente, han decidido transformar las instituciones de la República en la especie de matasello grupal que ahora la estigmatiza.

¿Cómo es posible, que en estos últimos 25 años “de democracia”, cuando se entiende que nuevas generaciones han tomado el control de la vida de la República, haya sido el periodo mas oscuro de degradación moral y humana desde los más altos símbolos del Estado y que los gobiernos no hayan sido capaces de frenar, castigar y también erradicar y llegándose al extremo, de que más 500 mil millones de pesos han caído en el pozo sin fondo de la corrupción mas desenfrenada y a la que no escapan los sectores mas sensibles y aprovechados de la sociedad civil, el empresariado, las altas finanzas y el sector mediático?

Esa realidad, que no hay razón alguna de evadir, se acaba de mostrar en toda su desnuda presencia, con la terrible muestra de corrupción a gran escala lidereada por el Partido de la Liberación Dominicana (PLD) desde el 2004 al 2020 y como representación viva del poder político absolutamente degenerado y amoral y en grave contraste, respecto hacia esos ramalazos positivos de buena conducción de gobierno y en lo atinente al vigoroso desarrollo positivo de infraestructuras de todo tipo que en el mismo lapso la nación ha experimentado.

Porque no solo se trata de quien falló o cuanto se fracturaron las instituciones y que gobierno o conductores se caracterizaron por ser más delincuentes de cuello blanco y unos frente a otros, que frente a todos aquellos otros que emergieron con fuerza descontrolada en el periodo 1978-1996, sino que definitivamente el alma nacional fue rota por la comparsa de gobiernos de amoralidad absoluta representados en el Consejo de Estado y los del Triunvirato del lapso 1961-1965 como fuerzas de choque de las entonces llamadas diez familias originadas en la burguesía trujillista disfrazada de tradicional, que es el origen y base de todo cuanto la República perdiera institucional y financieramente y en donde por primera vez se crearon las condiciones para que el modelo de estado desarrollista y ordenado, desapareciera en manos de los delincuentes de cuello blanco, quienes con sus inconductas sentaron las bases del Estado Dominicano delincuente de ahora.

Para colmos, ahora vuelve a presentarse el  desagradable nicho del fanatismo nacionalista mas descarnado y pretendiendo pervertir a peor a las nuevas generaciones de cuando la Guerra Fría y nacidas desde 1978  y con ese discurso falso y patriotero, queriendo que en estos tiempos de la globalización de fronteras y mercados, el fantasma del nacionalismo mas extremo termine por darle un segundo aire, a quienes descreditados en grado sumo por sus políticas licenciosas desde el poder, puedan lograr de ese modo el desvío de la atención pública y ante la mascarada de realidad proyectada y gracias a su gran aliada, de esa prensa amoral y perturbadoramente corrupta, que se agazapa como supuesta defensora de la moral social.

De este modo la nación está siendo manipulada perversamente por todos los sectores que se agrupan en torno a la llamada “clase gobernante” y esta como expresión renovada, de una partidocracia, a la que lo único que le interesa es no perder el poder y menos, la fuente primigenia de la corrupción a gran escala.

Es por eso, que ahora la República se quiere dar un nuevo estilo de gobierno y como expresión de la cruel lucha de intereses entre los diversos elementos que componen el nicho más próspero de la clase media y la otra rica, que desde 45 años atrás, nació creyéndose  capaz de sustituir a la vieja clase política y por lo cual se tienen cinco meses dentro de un conjunto de cuatro años del primer gobierno plutocrático, cuyos parámetros son todo lo opuesto a un nacionalismo bien pensado y al respeto debido a la institucionalidad que le dio características nuevas a las normativas institucionales que pese a los políticos y mass media, mantienen a la nación en pie.

Por ejemplo, ya no se habla de lo correcto, de decreto presidencial y sí de “orden ejecutiva” y desde el poder se alienta ese perverso como perturbador efecto de Gobierno dependiente de otro y en una alianza nada decente con Washington. En este plano, hemos retrocedido hacia una nueva forma de colonialismo retrógrado y perturbador, por el que el nuevo poder se entiende mas seguro para cumplir su ciclo constitucional.

Y lo que perturba y preocupa, toda vez que se está entrando en los lineamientos de los dos millones de estadounidenses de origen dominicano e incluyendo los 300 mil que viven en el territorio nacional como retirados, cuyo animo e intereses consiste en hacer que Republica Dominicana se fusione con Estados Unidos de América y por lo que  vemos y con mucha crispación, como de buenas a primeras el gobierno del presidente Luis Abinader se empieza a caracterizar como un aliado extremo de un EEUU que nunca ha perdido su vocación de potencia imperial.

La transformación que en este sentido se está dando, va tan progresivamente, que individuos -políticos y periodistas- ayer supuestamente de izquierdas, socialistas, revolucionarios o comunistas, ahora son los silentes abanderados de una política internacional tan entregada, que, si la nación se descuida, esta podría hacerle perder su propia identidad.

Y lo que preocupa, toda vez que con el pretexto de “combatir la corrupción de Danilo y del PLD”, desde el nuevo gobierno se hace todo para que al final nada cambie y todo siga igual y con la meta última, de que la República termine por irse contra sí misma y que de lograrse, entonces sí que la corrupción política, social y económica habrá triunfado y posicionado de pleno.

Así y sin ambages decimos y preguntamos: ¿Defensa de la soberanía al estilo del odio e irracionalidad del conservadurismo extremo? O ¿por qué no agotar las energías, persiguiendo y condenando de a verdad y definitivamente, la corrupción del Estado delincuente, personificada en el gobierno anterior? ¿Tan difícil es lograrlo? (DAG)