El arte de hacer que dure el amor

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Según la mitología griega, el dios Cupido, que representa el deseo amoroso, tiene que disparar una flecha con una pócima contra la bellísima Psique, que simboliza el amor puro, para que ella se enamore del ser más vil de la tierra. El dios alado, que no es muy hábil, se pincha él mismo con su flecha y el veneno se transmuta en un potente brebaje de amor que enamora locamente a los dos. Sus flechas han llegado hasta nuestros días como el símbolo del amor romántico, una mezcla de afecto puro y pasión intensa. Si está usted aquejado del divino flechazo ha de saber que sus consecuencias son imprevisibles, vive ahora en otra dimensión.

'BING BANG' ROMÁNTICO

"¿Hay alguien ahí?", le dice el departamento de física y química de su cerebro que tiene en ese momento un excedente en la producción de la hormona oxitocina que promueve el amor, el orgasmo y la conducta reproductiva. Además, su hormona vasopresina, cuya función es diurética, se disfraza de carnavales para convertirse en un potenciador de los vínculos de pareja al juntarse con la dopamina, el neurotransmisor del placer.

Ésta es la química de la monogamia -que también la tiene-, la que asocia la pareja con la satisfacción dopamínica. Los mamíferos promiscuos tienen menos vasopresina en las zonas de la dopamina. Por otro lado, el amor es ciego, pero tiene un gran olfato, dispone de un sistema llamado vomeronasal, una especie de web de contactos biológica que detecta las feromonas emitidas por el sexo opuesto. En un experimento realizado en la consulta de un dentista pusieron feromonas femeninas en una sola silla. ¿Adivina dónde se sentaron los pacientes varones? En efecto, en esa única silla, incluso con dolor de muelas.

"¡Tu cara me suena!", dice su inconsciente que tiene un sistema de detección de amigos o enemigos, una especie de paquete software que hace una rápida valoración de los demás, a través del sistema nervioso central. Toda elección de pareja tiene un fuerte componente inconsciente.

"El amor es ambivalente". Ésta fue la primera frase que pronunció el profesor de terapia de pareja. El deshojar la margarita "me quiere, no me quiere", "le quiero, no le quiero" sigue presente en la relación porque antes o después… ¡la pareja nos va a decepcionar y nosotros a ella!

ESCUELA DE RELACIONES

El santo de las parejas imposibles es San Valentín, que celebraba matrimonios secretos en una Roma donde el emperador de turno prefería que los hombres hicieran la guerra y no el amor. Juan y Paquita, llevan 60 años juntos y van aun de la mano al mercado, a la farmacia y "al fin del mundo si hace falta", en palabras de él. Según ellos, la clave de su amor consiste en "no discutir porque les gusten cosas diferentes" (Paquita) y "tener ganas de estar con ella" (Juan). Hay mucho que aprender. Le invito a entrar en las aulas de las relaciones estables.

El apego y los vínculos. El apego es el instinto primordial que nos impulsa a relacionarnos. Según los estudios de los psicólogos J. Bowlby, y M.S. Ainsworth, la calidad de nuestros apegos tempranos determina nuestros vínculos adultos futuros. Todo lo que sabemos de las relaciones lo aprendemos ¡antes de los dos años!

Hay cuatro tipos de vínculos: 1. Seguro, de niño se sintió protegido por lo que ahora busca consuelo y apoyo cuando se siente vulnerable pero también está disponible si le necesitan. 2. Ansioso, con padres distraídos o autoritarios, de adultos tienden a obsesionarse y a vivir con ansiedad las relaciones; necesitan aprender a calmarse. 3. Evitativo, pueden haber tenido padres sobreprotectores, que le asfixiaban, por lo que de adultos tienen problemas para intimar y quieren terminar las relaciones, tienen que aprender a estar presentes para otros y disfrutar; 4. Desorganizado, con padres imprevisibles, cuando son adultos se acercan y se alejan de la pareja de manera incomprensible.

Si crees que tus problemas surgen por tu tipo de vínculo recuerda que cualquier apego puede transformarse en seguro: no consiste en ser perfectos sino en favorecer la comunicación para resolver las desavenencias.

El menú de San Valentín. Toda relación ha de encontrar el equilibrio entre los tres ingredientes que describe R. J. Sternberg en su teoría clásica del Triángulo del amor: 1. Intimidad, ¿puedes expresarte libremente con el otro o respetar los silencios de la pareja? Esto favorece el acercamiento. 2. Pasión, ¿sientes que tus necesidades sexuales y afectivas están satisfechas? Pasar tiempo juntos de calidad favorece este ingrediente. 3. Compromiso, ¿te ves con tu pareja en la foto de tu futuro? Los objetivos comunes impulsan la relación hacia delante, un fin de semana, una nueva casa, los hijos, etc. Lo importante es tener planes con el otro. Si falla en alguno de los ingredientes, recuerda que el amor también se repara. "Lo que doy me lo doy", reza una máxima de terapia de pareja.

ETAPAS DEL CAMINO

Hablar de pareja hoy es remitirse a los momentos de cambio y transformación en una sociedad en continua mutación. Si quiere que su relación dure no le puede poner puertas al cambio. La fórmula de la felicidad lleva el aceptar el pasar del mismo. Durante el desarrollo evolutivo de la relación, el amor asume diferentes formas y pasa por cuatro estadios, según Bader y Pearson:

1. Fusión. Basada en la pasión. Es la fase del «somos uno» pero con el paso del tiempo hemos de convertirnos de nuevo en dos. Las parejas que no aceptan esta evolución se empeñan en seguir en el globo rosa o entran en dinámicas "ni contigo ni sin ti". Suelen durar 7 años. Psicosolución: escuche lo que dice su pareja, aunque le decepcione ¡Las diferencias enriquecen!

2. Diferenciación. Asentada sobre la intimidad. Es la fase del "quién soy yo". Volvemos a necesitar espacios propios lejos del otro, al que bajamos del pedestal. Es la adolescencia de la relación. Suele coincidir con el nacimiento de los hijos. Las parejas a las que les cuesta evolucionar viven las diferencias como traiciones o faltas de respeto y regatean sobre el avance con frases como: "Yo cambiaré si tú cambias". Duran alrededor de 16 años. Psicosolución: es el momento de la valoración y de mostrar interés por lo que el otro hace.

3. Práctica. Se fundamenta sobre el compromiso. Las parejas buscan soluciones en lugar de rumiar los problemas. Suele coincidir con el crecimiento de los hijos. Los intereses laborales o personales cobran importancia ya que el 'leit motiv' de la etapa es "quién soy yo en el mundo". Las parejas que se estancan entran en conflictos donde uno reclama «no me dejes» y el otro, «déjame solo». Alcanzan los 21 años juntos. Psicosolución: si hay problemas, háblalos con tu pareja mejor que con terceros. Con los amigos uno se desahoga, pero no se resuelven los problemas.

4. Acercamiento. Se integran los tres ingredientes del triángulo del amor. Los hijos se van de casa y es el momento de volver a mirar los dos en la misma dirección. La fórmula es "tu+yo = nosotros". Los conflictos surgen cuando el mundo de fuera sigue interesando más que la propia relación. Pueden durar hasta que la muerte los separa. Psicosolución: amplía tu idea de relación, admite que hay más cosas que pueden hacer en pareja y busca nuevas experiencias que se ajusten a tus necesidades.

Lo que en una relación importa al principio cambia con el paso del tiempo. La pasión disminuye hasta niveles moderados, la intimidad se estabiliza y los proyectos comunes continúan para avanzar hacia un amor sólido que alcanza el equilibrio con grandes dosis de perdón y agradecimiento. En palabras de Erich Fromm: "El amor es un arte que se emprende y que se aprende" ('El arte de amar').

Por Isabel Serrano-Rosa (http://www.elmundo.es/)