El castillo de Chillón ¿una prisión o un palacio encantado?

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El castillo de Chillón ¿una prisión o un palacio encantado?

Tras recorrer el camino que conduce al Castillo de Chillón, también llamado Castillo de Wasserburg en alemán o Castillo de Agua en español, se tiene la impresión de asistir a una muestra artística sobre paisajes encantados. Es imposible no perder la noción de la realidad al admirar la belleza de tantos viñedos, una verdadera competencia natural.

Al llegar al castillo de Chillón bajo un cielo nublado, como si se tratase de una fábula sobre bruja y princesa, con la caricia de una brisa gélida que saluda, evoca de inmediato la obra artística de Gustave Courbet, la más famosa, Le château de Chillón, óleo sobre lienzo pintado en 1874.

Las primeras construcciones del castillo se remontan al siglo X. Fue una importante edificación defensiva, fortificada posteriormente por los romanos.
Château de Chillón está construido sobre un islote en la Riviera del lago Leman de Ginebra en el cantón Vaud, entre Montreux y Villanueva.

Desde este enclave se controló durante siglos el tráfico marítimo del lago de Ginebra y la importante ruta hacia el puerto de montaña de San Bernardino.
Para entrar al castillo es necesario cruzar un puente construido en el siglo XVIII que atraviesa un foso natural.

Todo el complejo consta de 25 edificios y tres patios protegidos por dos muros circulares.
Las batallas y otros acontecimientos que tuvieron lugar para la defensa del Castillo, su utilidad como depósito de armas, prisión y palacio real, hasta convertirlo en un monumento histórico, están narrados en cada uno de los detalles del lugar, desde el más trascendente al más insignificante.

Entre los siglos XII y XVI, Chillón estuvo ocupado por los condes de la casa Saboya. Consistía en un dominio feudal de los Saboya en el marco de una dirigencia administrativa. Los Saboya transformaron la fortaleza y la ampliaron durante el siglo XIII. Querían extender su supremacía al país de Vaud y las zonas limítrofes.

Durante la ocupación, los condes organizaron la región próxima al castillo, construyeron aldeas, anexaron la zona del Chablais de Vaud y crearon la “Patria Vuaudi”.
Chillón sirvió como prisión a mediados del siglo XIV; por esa razón el poeta Lord Byron, inspirado en la historia real de François Bonivard 1816, escribió su poema más conocido, “El prisionero de Chillón”.

El recorrido nos llevó a la citada prisión, en los húmedos calabozos del sótano, donde se pudrían los “bandidos y los herejes” de la región. Allí aún permanecen junto a las columnas las cadenas que durante años ataron a Bonivard junto a sus dos hermanos, quienes no lograron sobrevivir al cautiverio.

Los murales ya casi desgastados, realizados por el artista Jean de Grandson, quien fuera contratado por Aimone de Saboya, llamado “El Pacífico”, describen de manera específica la utilidad y funcionalidad de cada salón.

Uno de los murales más significativos data del año 1348, cuando Chillón sufrió los estragos de la peste, por lo cual los judíos fueron detenidos y torturados para hacerles confesar que habían envenenado el agua de los pozos.

Se conservan además, en su estado original como en la época del dominio bernés, otros frescos del siglo XIV, bóvedas subterráneas, camarotes y dormitorios.
A partir de 1887, cuando fue fundada una asociación para mantener y restaurar el castillo, ya era una realidad la expansión de los asentamientos agrícolas que han dado como resultado la región vinícola más próspera del país, con Vevey como punta de lanza, sede de la fiesta mundial del vino, Fête des Vignerons.

Citar además la enorme producción de leche y queso, apalancada por la casa matriz de una de las multinacionales alimentarias de mayor referencia mundial, Nestlé.
La provincia es también la sede de numerosas empresas internacionales, tales como Logitech, Philippe Morris, Bata y Kudelski.

A pesar de las restricciones de seguridad que imponen las circunstancias, debemos de viajar con obligación de uso de mascarillas, higienización constante de las manos y que las visitas a museos y a otros monumentos se realizan con citas previas para evitar aglomeraciones porque como dice Lord Byron “morir es cosa de un segundo. Hagamos todos el sacrificio de nuestras vidas, si este sacrificio es útil, pero no seamos cobardes. Porque entonces perderemos la vida y la dignidad, que es aún peor”.

Fuente: Hoy Digital