El catolicismo militante trujillista que la curia impuso al amparo del concordato entre los Estados Dominicano y Vaticano laceró de una manera profunda la vida nacional y el primer conato de rebeldía se dio en la semana santa de 1962

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Corría como caballo desbocado con las emociones a flor de piel, toda la juventud dominicana que para la época de la primera semana santa postrujillista, tenía entre 17-22 años y la que a como diera lugar mostraba un profundo desagrado anticlerical, no anti religioso y frente a una curia católica, que cada semana santa imponía la paz de cementerio en todo el territorio nacional.

En aquel entonces y dentro de aquella aldea, cuyos dos millones y pico de habitantes fueron organizados  en base a ese catolicismo anacrónico y militante, que obligaba, por ejemplo, que las cincuenta y tantas radioemisoras y las dos o tres televisoras cambiaran sus programaciones regulares y por toda una semana para imponer ese riguroso luto clerical que tanto se detestaba y al extremo, de que en las casas de familia había que cubrir con paños morados los espejos, las mujeres andar de riguroso luto, todo el mundo hablar en voz baja y la juventud, castrada emocionalmente y culminando con la procesión del “santo entierro”, donde a mayor histerismo mostrado, más se enardecían los ánimos de unos curas católicos, la mayoría  homosexuales de misa y comunión  o como los hermanos de La Salle, perversos a más no poder y una gran parte acosadores sexuales de muchos de sus alumnos varones.

De este modo y dentro de ese dramático sistema opresivo de vida, en el territorio nacional, más del 50 % de los colegios católicos de varones eran la representación testimonialmente abusiva de una curia depredadora sexual, tanto contra la juventud como dentro de un 15 % de los hogares, donde el cura de barrio y como “pastor de ovejas” hacia de esposas e hijas de estas, el macho dominante que ultrajaba hogares y humillaba a determinados cabezas de familias.

Semejante trajinar de vida y en líneas generales, fue el fundamento que generó luego a la caída del trujillato para el 19 de noviembre de 1961, la mayor explosión de insatisfacción popular y en base al explosivo destape sexual que la juventud y los ciudadanos maduros experimentaron en la primera semana santa de aquel 1962.

¿Lo primero?, en los periódicos El Caribe y La Nación se anunciaba “para esta semana santa”, la presentación artística de la primera gran orquesta haitiana de Nemours Jean Baptiste y para que fue aquello, no solo que todo el mundo se volcó a bailar y celebrar en aquella semana santa y desde el entonces Hotel Hamaca, donde más de mil parroquianos de los hijos de aquella aldea pueblerina, se dieron cita y rompiendo totalmente con el riguroso luto católico hasta ese momento dominante.

La susodicha orquesta haitiana y de acuerdo con Wikipedia, “En la década de los 40 y a principio de los años cincuenta, los grupos haitianos de música se ubicaban entre la interpretación de música de big band y la adaptación de ritmos populares latinoamericanos como el bolero, la rumba o el merengue entre otros. El 26 de julio de 1954, Nemours junto a otros músicos como Webert Sicot, los hermanos Durosseau y Julie Paul fundó el Conjunto Internacional. Este grupo se considera la primera banda de Konpa y registró por primera vez la grabación de este ritmo en discos de vinil en Radio HH3W en 1956. En 1958 Nemours introdujo nuevos elementos que enriquecieron la sonoridad del Konpa como la guitarra eléctrica, timbales, cencerro y el “floor tom”. Tiempo más tarde y ya sin la colaboración de Sicot cambió el nombre del grupo por el de "Ensemble aux Calebasses De Nemours Jean-Baptiste", nombre relacionado con el club donde se presentó entre 1962 y 1970”.

Para la curia, aquello y vivir en “pecado mortal” venía siendo lo mismo y los curas, en vez de entender el porqué de la rebelión social y juvenil que se presentaba, arreciaron sus críticas y anatemas “contra el libertinaje sexual”, que, a su decir, “destruiría a la República para siempre”.

Cómo había que suponer, nada de lo anunciado sucedió y por lo contrario, la juventud sintió y la mayoría, hijos lógicos de los trujillistas de aquel tiempo, experimentó por primera vez el verdadero sentimiento de libertad individual, que luego tomó raíces y evolucionó hacia los tiempos dorados de los bohemios que se cobijaron dentro del esquema de dejar y como decía el musical aquel, de “deja que el Sol nos brille” y detrás suyo con la carta de presentación del uso de la marihuana y que en el territorio nacional tuvo su mayor muestra con los soldados interventores estadounidenses de 1965, que propagaron su uso por los cuatro puntos cardinales de la nación.

A partir de ahí nada fue igual y el clericalismo católico se sintió retrocediendo y aun cuando para el periodo 1966-1978 quiso volver por sus fueros, le fue imposible volver a proyectarse como lo fue en los 31 años de la Era de Trujillo.

Sin embargo, sí vino otro clericalismo, más evolucionado, pero no menos perverso. Antes, Pittini y Beras, luego Polanco Brito, López Rodríguez y la cuadrilla de obispos antitrujillistas dominados por el emérito De la Rosa y Carpio (el mismo publicó, que el día del asesinato de Trujillo, bailó y bebió toda la noche), y más reciente, Masalles (el de más futuro y proyección pública) y todos los demás nuevos obispos, cada uno y como obispos con territorio propio, imponiendo sus propios dogmas “y testimonios de fe”.

Ahora el clericalismo católico no se imponía desde una sola unidad de mando, sino que esta había sido fraccionada en siete nuevas y como cada obispo y cura quería imponer su propia interpretación de “la palabra de Dios” pero dentro del rigor de una exegesis totalitaria, en tanto en la República la población crecía y las apetencias eran otras y no tan santas, la nueva ola de juventud generó un  nuevo tipo de “testimonio de fe”, pero acicateada desde el dominio directo que la curia tiene de sus propios medios de comunicación (pastoral comunicacional) y de la corte de perversos periodistas o comunicadores, hipócritas a más no poder, a los que esos obispos dieron la potestad “de llevar la palabra divina hasta más allá” y en esa estamos.

Entramos pues en 2021, ante una nueva semana santa que viene siendo el reverso de la medalla de la etapa trujillista y ahora matizada por esa cosa que determinados curas rebeldes denominan “iglesia popular” y que ha terminado por ser la gota que ha derramado la copa, aunque sí debe reconocerse, que como nunca antes y ahora de manera realmente espontánea, existe un nuevo catolicismo menos fanático y ultrajante y sí auténticamente proclive a servir, equilibrar emociones y ser el instrumento de control social menos lacerante y embaucador y con una nueva curia menos envilecedora y ante una juventud, que por sí misma y que de suyo es un fenómeno interesante, realmente dispuesta a acepta la palabra de Dios sin las tortuosidades, que anteriormente, curas sinvergüenzas y la mayoría sátiros, intentaban imponer.

En resumidas cuentas, se tiene una semana santa de puro espíritu religioso sin coacciones de ninguna especie y con una juventud, cuyo mayor testimonio de fe es la llamada pascua juvenil y que es el mejor testimonio del nuevo catolicismo que los curas más progresistas han logrado impregnar, a una juventud nada santurrona y sí dispuesta a creer en esa innegable fuerza espiritual mayor de la que nadie en su sano juicio  puede darse el lujo de negar, pero sin perder la esencia propia de su misma libertad individual.

De este modo el atrasado catolicismo de antes, dominado por ese ultra conservadurismo tan enajenante, ha evolucionado a mejor y ha dado paso a una expresión religiosa católica progresista y nada fanática, que, por los apoyos y simpatías recibidos, marca una gran distancia frente a todo cuanto las viejas generaciones habíamos conocido y que tanto daño le hiciera a la propia fe individual.

Y al efectuar este contraste, tenemos, que si bien es verdad que el catolicismo militante trujillista que la curia impuso al amparo del concordato entre los Estados Dominicano y Vaticano laceró de una manera profunda la vida nacional y el primer conato de rebeldía se dio en la semana santa de 1962, no lo es menos, que todos aquellos defectos de fe han pasado a una etapa que ya no volverá y para bien. (DAG)