El destape anti mediático contra el presidente Donald Trump, coloca al desnudo la falta de objetividad periodística en determinados mass media estadounidenses

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Desde luego que es una situación terrible, la que acontece cuando un periodista o medio de comunicación y de información de masas entiende que debe dejar la profesionalidad a un lado y apandillarse abiertamente con una causa política, social, económica, religiosa o de la índole que sea, que entienda que mejor representa sus intereses y preferencias. Al fin y al cabo, es su elección, pero a lo que ciertamente deberá atenerse por las consecuencias que la misma provoque.

            Ni más ni menos, lo que se ha venido a descubrir, desde el momento que el nuevo presiente estadounidense no se ha mordido la lengua y para señalar de manera específica y firme, lo que entiende es una gran ola de prejuicios mediáticos en contra suya y tanto como ciudadano, empresario, político y presidente 45 de su país.

            Por eso, las respuestas mediáticas a los responsables señalamientos del primer mandatario, de suyo, una estrella mediática de los programas en vivo (reality show) lo único que han provocado, es que por un lado, millones de personas entiendan que Donald Trump tiene toda la razón en manifestar su libre expresión y difusión de su pensamiento y por la otra parte, notar el profundo criterio de prejuicio extremo contra Trump yante el cual y que con todo su derecho, tiene este razón al manifestar su disgusto ante el maltrato mediático que recibe de continuo y lo que ya no es una simple suposición.

            Naturalmente, todo periodista y medio responsable, no solo debe aprender a revisarse en su actuación profesional, sino que al mismo tiempo debe hacer lo imposible por no mostrar prejuicio alguno contra nadie, determinación, que muchos entendemos es muy dura de cumplir, habida cuenta que se trata de emociones humanas y emitidas por personas, que por más objetividad profesional que quieran tener, siempre sus íntimos criterios o preferencias suelen hacerles alguna mala jugada y a lo que no escapa absolutamente nadie que ejerza el periodismo de forma continua y permanente.

            Ahora bien. Desde el momento que alguien o un sector social se entienden mal tratados por algún tipo de crónica, información o análisis periodístico y así hace saber su molestia, lo más elemental, es que automáticamente y a modo de cumplimiento básico del derecho a réplica, el medio o periodista de que se trate, debe presentar la opinión de quien le manifiesta su discrepancia y el que, en todo su derecho, exige una reparación moral pura y simple.

            Sin embargo, dentro de áreas del periodismo estadounidense y en lo atinente al presidente Trump, es evidente que muchos periodistas y medios no hacen lo necesario por cumplir con esa regla fundamental en la deontología periodística, sino que al contrario, se arrecian los ataques y los infundios como las desinformaciones, a las que con justa razón, el presidente estadounidense no puede estar ni sentirse nada contento y porque en definitiva, contra él lo que se está practicando es una increíble acción de acoso mediático totalmente sin precedentes.

            ¿Qué explicación y por mínima que sea, puede buscársele a tan singular actitud periodística tan agresiva?, a que todos estos todavía no aceptan que su público les conmine a ser correctos y no creerse que son parte de un estamento social superior frente al cual, los demás ciudadanos deben rendirse y darles pleitesía. Pero también está lo otro, que la prensa estadounidense, al haber cerrado filas editorialmente contra la candidatura de Trump y al mismo tiempo y vía informativa noticiosa, apabulló a la atrapada opinión pública con todas clases de informaciones entre capciosas y malévolas contra el actual presidente en sus tiempos de candidato presidencial, parecería que sus integrantes que ya no tienen como volver sobre sus pasos y tratar de enfocarse lo más objetivamente posible, sobre todo en lo que se refiera a Trump y las decisiones de gobierno que tome.

            En este plano, de hecho, se nota que existe un temperamento mediático nada proclive a aceptar la decisión de la mayoría de los votos de los delegados electorales que favorecieron al presidente 45 y a partir de tal actitud negativa, se ofrece la otra impresión tan desagradable, de que la generalidad de la prensa estadounidense no se acomoda con un Trump presidente en base al voto directo de 60 millones de ciudadanos y que por lo visto, es el factor que está provocando, que periodísticamente hablando, a Trump los medios le están queriendo convertir en la especie de enemigo público número uno, que no simplemente hay que combatir, sino también contribuir a derrocarle.

            Ni que decir, que tal actitud mediática, ha generado a su vez una de reacciones emotivas descontroladas dentro del pueblo estadounidense, que ya se están viendo ruidosas manifestaciones en favor o en contra de Trump, pero antes que nada, en contra de los electores que le favorecieron con sus votos y lo que de hecho, es la primera vez que se descubre, como una parte de la vida estadounidense se encuentra en rebeldía contra la decisión legal y legítima y mayoritaria, de los votantes que favorecieron a Trump.

            Ayer por ejemplo, el acosado mandatario escribió un mensaje en su cuenta de twitter, que sin duda, es la representación gráfica de la situación grave de acorralamiento mediático punitivo que se le está presentando, al manifestar: "Los falsos medios de comunicación se están volviendo locos con sus teorías de conspiración y odio ciego" y que precisamente, nos evidencia a razonamiento a contrario, que el mismo Trump se da cuenta, que parte de la prensa de su país está decidida a provocar el escenario necesario para derrocarle o para que se llegue a un magnicidio.

            Por supuesto que es muy difícil reclamar o sugerir disminución de tensiones por parte de un periodismo que ha dejado de ser profesional, para pasar a ser militante contestatario dispuesto a todo con tal de salir del gobernante y por lo que entendemos, que tal vez sea muy difícil que los ánimos se sosieguen, a menos que un ciudadano o grupo de ciudadanos entienda que la situación hay que llevarla  hasta la Suprema Corte de Justicia y para que esta se pronuncie al respecto y detenga en seco el evidente animo mediático de conspiración abierta que se está viviendo en la vida de EEUU.

            Sobre este particular, somos de los que entendemos, que al presidente Trump debe dársele la oportunidad de desarrollar su concepto de gobierno y de sus políticas en los primeros cien días de su mandato y exactamente como siempre los periodistas y medios han hecho con los anteriores presidentes y como la mejor vía para que el mismo sistema político no pierda hegemonías institucionales, al tiempo que debe reconocerse, que el nuevo presidente tiene derecho a imponer su estilo propio como primer mandatario.

            Lamentablemente, también parecería, que el periodismo estadounidense y ya alzado contra el presidente Trump, no solo que no quiere dar respiro alguno, sino que presenta la desagradable impresión, de ir en contra de todas y cada una de las reglas más elementales de la convivencia democrática, llegándose al extremo, de afectar el buen nombre y moral que siempre deben suponérsele a todo ciudadano y que en el caso del presidente Trump ha llegado al colmo de descalificaciones injuriosas contra él mismo, su esposa y su hija mayor, a la vez que no se ha tenido el menor empacho, en entrar al daño colateral de una guerra abierta en contra de los principales altos cargos de la nueva administración.

            Todo lo anterior hace presagiar, que la misma prensa estadounidense es la que quiere restarle poder y fuerza a su propio país como primera potencia económica y militar de todo el planeta y llegándose a una situación tan preocupante para todas las demás naciones, que ya estamos viendo, como gobiernos y gobernantes, no precisamente favorables a EEUU, pero quienes se dan cuenta, de que si Washington se debilita, todas ellas automáticamente experimentarían los efectos calamitosos de semejante crisis global, sean los primeros en tratar de presentar un contrapeso informativo, que permita que el pueblo estadunidense entienda, que su prensa se ha ido muy lejos en tratar de socavar a su nuevo presidente.

            Mientras tanto, para los dominicanos, la guerrilla mediática contra Trump, no es una situación desconocida, cuando para los tiempos de la guerra fría, muchos de los políticos “de izquierdas” o “socialistas” que ahora ocupan altas posiciones de públicas en los tres poderes inter independientes del Estado, cayeron en la tentación y al haber penetrado el periodismo de los años sesenta a ochenta del siglo pasado, convirtiéndolo en una herramienta incalificable de presión y subversión política contra el poder legítimamente constituido y aun así y por la prudencia y firmeza y autoridad moral del presidente de entonces, Joaquín Balaguer, al final resultaron derrotados y tanto, que Balaguer entregó el poder al término de su mandato constitucional en agosto de 1978 y solo ocho años después, esa misma prensa y el conjunto de los dominicanos, retornaron al experimentado presidente y estadista a que volviera a dirigir y conducir los destinos nacionales y en un periodo de diez años que vino a resultar en la catapulta, desde la cual, ese mismo primer mandatario y al aliar su partido el PRSC con el PLD, coadyuvó a que la vieja izquierda y socialistas de ayer sus integrantes debieran morderse sus labios y recibir del presidente-estadista, un poder político de Estado, que en circunstancias normales, nunca habrían podido obtener.

            Entonces, cuando se descubre la experiencia dominicana y que bien podemos resumir en dar tiempo al tiempo hasta que las aguas y las pasiones se serenaran, que entendamos, que ese el punto que la díscola prensa estadounidense anti Trump debe entender y cobijarse, a riesgo, de que, de insistir con el desenfreno presente, termine perdiendo prestigio, credibilidad y autoridad moral. Pues aun cuando parezca lo contrario, no es verdad que el llamado stablishment estadounidense, va a caer en la tentación o debilidad, de aceptar la conspiración mediática anti Trump y dejar que la misma llegase hasta las últimas consecuencias, cuando EEUU no es una simple nación y si la gran potencia o imperio mundial a cuya sombra se mantienen las demás naciones.

            De ahí que expresemos, que el destape anti mediático contra el presidente Donald Trump, coloca al desnudo la falta de objetividad periodística en determinados mass media estadounidenses.  [DAG. Jueves, 16 de febrero de 2017. Año XV. Número 5817]