El ex asesor del PP que ‘tumbó’ a Rajoy

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La influencia sobre Pedro Sánchez del 'spin doctor' Iván Redondo para el buen éxito de la moción de censura

Lo fichó para ganarle las primarias a Susana Díaz. Su consejo esta semana: "habla sin papeles"

Tiene 37 años, es de San Sebastián y sus primeros éxitos fueron Albiol y Monago. Se ofreció sin éxito a Génova para las penúltimas generales. Llegó a negociar con Urkullu su fichaje

Jueves 24 de mayo. Hay júbilo en el búnker de Mariano Rajoy. Su Gobierno acaba de aprobar los presupuestos. La felicidad en el inexpugnable núcleo duro del PP es tal que ni el estruendo de la condena por el caso Gürtel les borra la sonrisa. Creen que las cuentas son un salvavidas hasta 2020. Ven el mar calmado. Sin otear el virulento tsunami que se les viene encima. Un tsunami que desatará uno de los suyos. El hijo del jefe de máquinas de un barco. Un hombre de la casa al que no quisieron convertir en capitán de su transatlántico. Que tuvo que saltar a una embarcación rival que se encontraba en el astillero ante la falta de oportunidades en Génova. Con un horizonte tan ambicioso como él: hacer caer al presidente y aupar a Pedro Sánchez a La Moncloa. Su sueño más deseado desde que era un adolescente adicto al Ala Oeste de la Casa Blanca. Un sueño que Iván Redondo siempre supo que lograría. Tarde o temprano. Pero no con el PSOE.

Este consultor político de 37 años fue quien recomendó al líder socialista que apretase el botón rojo para acabar con el «rinoceronte» Rajoy. Para activar la moción de censura. Un as en la manga que se había guardado durante meses en espera de la tormenta perfecta. Y la tormenta llegó en forma de condena de la Audiencia. Tres llamadas bastaron para orquestar el fin de Rajoy.

Tras conocerse la sentencia el jueves, Sánchez (46) telefoneó a Redondo para preguntarle cómo veía una moción. El estratega, según fuentes socialistas, fue tajante. «Es el momento de hacer jaque mate. Puedes ser presidente del Gobierno». Redondo vio cómo Ciudadanos había retirado su apoyo y cómo la oposición estaba harta de que Rajoy no asumiese su responsabilidad. El ruido de la calle acompañaba. Sólo había que hacer ver al resto de actores que era posible hacer caza mayor. Sánchez llamó a su secretario de organización, José Luis Ábalos, que se encontraba en Copenhague, y a la vicesecretaria Adriana Lastra. Dieron su OK. Es ese sanedrín el que diseña una hoja de ruta para batir a Rajoy que había avanzado Redondo en su blog de Expansión The War Room el 22 de mayo de 2017. «Si enfocamos bien el ajedrez político que se avecina deben saber que hay altas probabilidades de que Sánchez pueda ser presidente. Bien a través de una moción de censura (si se suceden más escándalos en el PP y se conforma esa mayoría alternativa) o tras el resultado de unas elecciones anticipadas». Su profecía se cumplió hace dos días.

Once de la mañana del viernes en el Congreso. Arriba de una bancada popular con aires de funeral, hay un hombre con ojeras de noche en vela que está sentado en la tribuna de invitados. Luce traje oscuro. Lleva desde las ocho intercambiando sms con Sánchez. Según fuentes socialistas, le dio cinco consejos: 1)«Céntrate en la dimisión con la frase 'Dimita, señor Rajoy, hoy, aquí y ahora'. Demuestra no querer ser presidente a cualquier precio; 2) Ofrece un discurso moderado sin compromisos que no se puedan cumplir relegando al presidente al papel de líder de la oposición; 3) Equilibrio y estabilidad. Delimita un espacio medido de centro izquierda en las intervenciones; 4) No uses papeles, suéltate como animal político en los cara a cara. Habla desde el corazón; 5) Muestra humildad y épica porque tu historia es épica. Domina el debate con personalidad sin arrollar. Muestra honestidad. Saliste del Congreso dimitiendo. Y vuelves al Congreso para tumbar a Rajoy y ser el próximo presidente».

Llegan las 11 de la mañana y comienza la votación de la moción. Y el hombre mira al cielo. Funde sus manos y aprieta los ojos con fuerza. Como si fuese la tanda de penaltis de su Real Sociedad en aquella final de la Copa del Rey de 1987. «Sí, sí». Va calculando en su cabeza voto a voto hasta llegar a los diputados necesarios para culminar su jugada maestra. Está a un puñado de alcanzar su sueño. De hacer su particular House of Cards desde Moncloa. De ser un fontanero de las altas esferas. Porque Redondo nunca quiso estar ante los focos. Sino detrás, porque la política, según él, es el arte «de lo que no se ve». Y él disfruta entre bastidores. Como aquel asesor de Los idus de marzo. Su sueño se cumplió a las 11 y media cuando se confirmó la tragedia del partido para el que siempre trabajó.

Se aprueba la moción. Sánchez es presidente y recibe una sonora ovación. Iván aplaude con discreción desde la tribuna. Varios compañeros le animan a bajar a saludar al presidente. Pero él prefiere quedarse en la soledad del ganador. No quiere aparecer en ninguna foto triunfal. El hemiciclo se vacía. Y él mira al techo donde todavía permanecen los agujeros de Tejero. No con la sensación de haber dado un golpe de Estado, sino con el deseo de convertir a Sánchez en un gran presidente con sentido de Estado. Su obsesión desde que fichó por él.

Crónica se acerca para darle la enhorabuena. «Esto es un éxito de Pedro y del equipo. Yo sólo soy un mero trabajador y me gusta estar en la sombra», expresa. Días antes había escrito un sms a un allegado: «La moción ya está ganada moralmente. Y eso no lo vio nadie la semana pasada. Pero nosotros lo vimos desde el primer día tras no salir el PP a dar explicaciones».

A la salida le aborda una compañera. «Lo has vuelto a hacer. En tiempo récord», le dice. Iván sonríe. Porque ganar batallas imposibles en tiempo récord es su seña de identidad. Y ésta la ha ganado en apenas una semana. Colmando su sueño de la adolescencia de llegar al centro del poder. A La Moncloa. Siempre pensó que sería con el PP, el partido al que había asesorado a nivel regional. El partido que no quiso ofrecerle las llaves de la estrategia nacional por miedo a su apuesta por la regeneración. Por cambiar viejos asesores con carné por jóvenes profesionales que no rindiesen pleitesía a sus líderes. Su llegada a Génova suponía la muerte de la vieja política en el PP. Y en el búnker del presidente aterraban esos aires de renovación.

Año 2007. Xavier García Albiol, candidato del PP a la alcaldía de Badalona, se reúne con un veinteañero Redondo. Antes se vio con las viejas glorias del marketing político, pero no le habían gustado sus técnicas desfasadas. Fue cuando decidió sentarse con Redondo, que acababa de montar su empresa con técnicas traídas de EEUU tras despuntar en la consultora Llorente y Cuenca y llevar la comunicación de la OPA de Gas Natural sobre Endesa.

Redondo le preguntó al político. «¿Tú crees que puedes ganar?». Albiol le respondió: «Sí. Por eso estoy aquí». El asesor le dijo que le convertiría en ganador por 30.000 euros por cinco meses de asesoría. Se pateó los bares para escuchar las preocupaciones de los vecinos. Y entendió que era la inmigración. Por ello, decidió buzonear un vídeo donde vinculaba la delincuencia de Badalona con la presencia de sin papeles. Y a su candidato le situó como aquel que limpiaría a los inmigrantes ilegales. Aquel spot copó los telediarios y su ruido llegó hasta Génova, donde algunos de sus dirigentes pidieron la cabeza del tándem Albiol-Redondo. Pero Albiol creció en número de ediles.

Después le contrataría Antonio Basagoiti, candidato del PP vasco, al que ayudaría a ser la llave del cambio en el País Vasco y su campaña triunfó en los Oscar de la comunicación política. El caché de Redondo se triplicó. Y el PNV fue a ficharle para renovar su imagen. Pero Iván prefirió seguir su carrera al albur del PP. Con ese sueño de algún día asesorar al presidente. Tocó la puerta de Génova, pero allí seguían creyendo en el arriolismo. El consultor se convirtió en un profesor fijo en los másteres más prestigiosos de la comunicación política. Pero no perdió la cabeza. Mantuvo su modesta oficina en la calle Príncipe de Vergara. Allí enseñó a este periodista de Crónica cómo ganar unas elecciones en Meco (Madrid) como trabajo fin de máster. Buscando los puntos débiles del rival, el efecto sorpresa y embarrando el terreno. Controlando información sensible del rival para lanzarla en campaña.

En 2011 logró hacer alcalde a Albiol y fue cuando recibió la llamada de un político pacense que soñaba con convertirse en el primer presidente extremeño del PP. Sonaba a entelequia triunfar en ese bastión socialista, pero Monago lo consiguió gracias a una rompedora campaña de Redondo en la que le apodó como El Barón Rojo. Se convirtió en su mano derecha en la Junta.

Cumplido un ciclo, el spin doctor rechazó su propuesta de acompañarle en la oposición. Esperaba una llamada de Génova. Uno de sus dirigentes le había prometido que después del buen resultado extremeño le darían la campaña de las generales de 2015. Pero la oferta no llegó. Iván se quedó en el dique seco. Abandonado por aquéllos que le habían entusiasmado con falsas promesas. Al Rajoy lo bunkerizaron personas de su gabinete e hicieron inviable que la savia nueva de Redondo nutriese a un jefe del Ejecutivo, normalmente reacio a adoptar grandes cambios que le llevasen a conectar con los nuevos públicos. Con los nuevos formatos de la política. Con los medios de comunicación y líderes de opinión. A saltar, en definitiva, ese "muro" que le separaba de la calle. O de esa gente que le despreciaba aún reconociendo su excelente gestión económica. Ese núcleo de confianza, que le aisló de personas que trataron de acercarse a él para hacerle alguna crítica constructiva, fue el mismo que no vio con malos ojos que el presidente se ausentase del Congreso en la última parte de la primera sesión de la moción, y se pasase siete horas en el reservado de un exclusivo restaurante de la calle Alcalá. Ajeno al discurso del que sería un día después nuevo inquilino de La Moncloa. Bunkerizado. Un hecho que generó incomprensión entre algunos barones del PP. "Al presidente le han tenido aislado su gente más próxima y era complicado acercarte a él para darle algún consejo en positivo. No ha estado bien asesorado estos últimos meses", asegura un destacado popular.

Sólo le ofrecieron la campaña catalana y una alcaldesa popular de un municipio malagueño quiso contratarle. Pero él buscaba un líder para llegar a La Moncloa. Ya había hecho la mili en el País Vasco, en Extremadura y en Badalona. Era hora de jugar en Champions.

Meses antes de la generales, se reunió con uno de los mirlos blancos del PP. Le dio unos consejos. «Tú eres el futuro del PP. Sólo necesitas ser presidente del PP en una comunidad para tener tu reino y poder optar a conquistar Génova porque la militancia te quiere y también necesitas gobernar una plaza importante. Eres joven. No tienes que obsesionarte con tener exposición mediática», le dijo en una cafetería cercana a la calle Génova. «Cuando dé ese salto te llamaré», le dijo el popular. Iván seguía sin encontrar su caballo ganador. Y vio en los medios una vía para llamar la atención de los grandes líderes. Comenzó a hacer acertados análisis [como en EL MUNDO con su blog Moncloa Confidencial). Y fue acertando los resultados de las elecciones. Llamó la atención de Pablo Iglesias y éste le homenajeó en La Tuerka estrechando unos lazos que han sido claves en esta moción. «Es una persona ágil, culta… Lástima que haya trabajado para nuestros adversarios», le piropeó Iglesias.

Junio de 2016. Semanas antes de las segundas elecciones para desbloquear España. Sánchez llama a Redondo para tomar un café. Tienen sintonía, pero no le ofrece nada. Conversan sobre sondeos. Redondo tiene que seguir la campaña con la impotencia de un hábil jockey sin caballo. No recibe oferta del PP, que había confiado en Moragas y que sale victorioso. La vía de triunfar en casa se le cerraba. Un político argentino dispuesto a derribar a Macri se desplaza a Madrid para contratarle en un restaurante de la calle Ponzano. Pero Redondo quiere triunfar en España. Y llega la tarde de los cuchillos largos en Ferraz. Cae Sánchez. Éste telefonea a Redondo días después. Le pide opinión sobre sus posibilidades de ganar a Susana Díaz. Con el aparato y los medios en contra. Le dice que es posible con storytelling. Construyendo un relato épico. Como el de Ben Hur, que vuelve del destierro para ganar la carrera de cuádrigas.

Ahí comienza la colaboración de Redondo con Sánchez. Se convierte en su estratega en la sombra. Un secreto que guardan. Un trabajo no remunerado al principio ya que el socialista casi no contaba con fondos. Durante la campaña de las primarias, Redondo recibe la llamada del PNV. Se reúne con Urkullu en Bilbao. Pero el consultor se había comprometido con Sánchez a pesar de que pocos le veían como ganador. Redondo sí. Sobre todo, cuando vio a la militancia enfervorecida en un acto en febrero de 2017 en el Círculo de Bellas Artes de Madrid. «Ganamos seguro», le dijo Redondo a un allegado.

Su pronóstico se confirmó días después. Sánchez toma posesión y poco tiempo después oficializa el fichaje de Redondo, que rehúsa ocupar un despacho en Ferraz. «Quiero seguir siendo independiente», se escudó. Su llegada al PSOE, partido que le paga, desata el fuego amigo. Algunos le miran con recelo. Y las filtraciones para desprestigiarle se suceden. Él trata de hacer equipo. Es septiembre de 2017 y Redondo come con un amigo en un asador en la calle Pintor Rosales. Entre bifes, intercambia llamadas con Sánchez para consensuar un discurso sobre el órdago separatista. Le insiste en que visibilice que es un hombre de Estado que apoya al Gobierno y que radicalizándose para competir con Podemos no llegará a La Moncloa. Un posicionamiento que Redondo empezaría a vender a líderes mediáticos y empresariales.

-¿Le ves en La Moncloa? -le preguntó su amigo.

-Sí. En 2018. Lo nuevo se impone a lo viejo. Habrá cambio de ciclo.

Su profecía se cumplió el viernes. Para sorpresa de aquéllos que no confiaron en él. Aquéllos que caminaban desorientados ese día por el Congreso. «Lo que más me jode es que dejamos escapar a Iván. No hemos cuidado a nuestra gente», se quejó un popular. Su rostro desencajado chocaba con la sonrisa de Redondo. Y de su madre, Juana Mari. Su fuente de inspiración.

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