El gran fallo de la partidocracia es no querer reactualizarse y pretender, que, en estos últimos 21 años, el tiempo no pasa y que demanda cambios

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Desde el primer momento que el Partido de la Liberación Dominicana se instaló en el poder el 16 de agosto de 1996, fue evidente que su característica básica como partido gobernante, sería tomar cierta distancia del ordenamiento constitucional y al imponer una nomenclatura o instancia superior partidaria, que en los hechos, actuara como Poder Legislativo ad hoc interno e hiciera en la práctica, que la legislatura regular solo fuera una simple formalidad y no la existencia de un Poder Legislativo absolutamente constitucional y hegemónico.

            Por esa característica fundamental y gracias a la ignorancia popular por un lado y a la dejadez cómplice del resto de los partidos políticos, el PLD y desde luego, sus principales estrategas, creó las bases de lo que con el tiempo vendría siendo la inusual clase gobernante que ahora se tiene y no se oculta y con las características de una ejecutiva marxista, nada dispuesta a aceptar que sus opositores pretendieran revocar semejante estructura paralela de poder y no consagrada constitucionalmente.

           Gracias a semejante estructura inconstitucional, el Poder Legislativo fue secuestrado por el comité político peledeísta y como se ha podido comprobar una y otra vez, casi sin recato alguno, el CP sustituyo el papel del Congreso Nacional y en razón de que la mayoría parlamentaria que ha tenido a su favor, le permitió establecer unos parámetros  de supuesta legalidad, por los cuales, quienes en gran mayoría no fueron elegidos electoralmente, desde el CP podían suplantar las decisiones de senadores y diputados e imponiendo sin miramientos las decisiones últimas del importante órgano de dirección partidario.

           Cómo había que suponer y por aquello de que el PLD y ya en el usufructo del poder, tenía facultad deliberativa arbitraria en todo, el Poder Legislativo fue convertido en una especie de matasello del Poder Ejecutivo y vía comité político, diseñó o mejor dicho, enriqueció con nuevas y creativas formalidades, la concentración de poder absoluto y siempre en base a un aparato de propaganda, al que y sin importarle los resultados finales de semejante atropello institucional, tarde o temprano, llevaría a la República a una encerrona institucional y al momento que se quieran buscar responsabilidades y el por qué de ciertas actuaciones nada correctas constitucionalmente.

            Dado semejante entramado creado, quien fuera presidente de la República, de pronto se encontraba con una acumulación de poder tan absoluto, que como se ha visto en todos estos últimos 21 años y sobre todo a partir del 16 de agosto de 2004, el PLD se fue por todas con la creación de un organigrama de poder concentrado, tanto fascista en algunos momentos o dictatorial en otros y por la libertad “de acción” que su misma concentración de poderes le facilitaba para complacer a amigos o distanciados, fue cosa de meses que el PLD quedará imponiéndose ante el resto de la colectividad política, la sociedad y la ciudadanía.

            ¿Resultado? El recién estallado caso de corrupción e impunidad conocido como Odebrecht, que es el mayor testimonio de como un partido ha podido imponérsele al ordenamiento constitucional e imponerse como un supra poder que lo avasalla todo, nos dice ampliamente el por qué el equilibrio social ha sido roto y el político, haber desaparecido casi por completo.

            Esa realidad, nos lleva a la otra, del por qué el liderato político no peledeísta pudo caer entregado plenamente a los designios del PLD y cuando se descubre como el poder del Estado fuera utilizado como especie de arma correctiva de ordenamiento, se entiende entonces, el terrible nivel de cuanto la libertad de escogencia de los electores fue sistemáticamente violada y neutralizada y tanto, que ahora y ya el PLD como cabeza de la partidocracia gobernante, es imposible dejar de reconocer, que semejante  concentración de poder multipartidaria es el factor que  contribuyó a que la corrupción y en todas sus formas y matices, se encargara de rediseñar el cuerpo social nacional y tal como si el mismo careciera de voluntad y de saber demandar el sentido de lo correcto y de lo ajustado al ordenamiento constitucional, vigente en papel, pero no funcional en los hechos.

            De ahí que no haya sido nada extraño, descubrir y sin que todavía se conozca el momento de semejante engranaje encubierto, paralelo e ilegal de ejercicio del poder, como el expresidente Hipólito Mejía del PRD y ahora del PRM, consintió en participar el mecanismo ilegal e ilícito puesto a funcionar por el ahora ex presidente Leonel Fernández y lo más significativo, como los ex candidatos presidenciales Miguel Vargas Maldonado y Luis Abinader y uno más que el otro e igual el reformista Federico Antún, entraron a formar parte del mismo engranaje y en el que, el actual presidente Danilo Medina Sánchez, supo darle el toque final, para que la partidocracia se estableciera de raíz y despues de las elecciones del 2012, adquiera la dimensión total de la más poderosa y fuerte instancia política nacional en la que se toman todas las decisiones de Estado y en base a lo que en líneas generales esos dirigentes políticos decidan.

            Pero lo previsible, era, que, llegado un momento, los lideres políticos arriba mencionados, llegaran al punto de que la línea que los separaba entre gobiernistas y opositores, simplemente se convirtiera en difusa o se esfumara y lo que se comprueba, en ese maridaje increíble que esos líderes y sus partidos, mantienen al momento de discutir la aprobación de leyes o que parte de lo que se aprobara debería de beneficiarles directamente. Odebrecht, volvemos a insistir, ha sido el punto focal en el que todos sus caminos convergen.

            Ahora y comprobándose que una amplia parte de la atrapada opinión pública ha hecho conciencia de que todo cuanto de corrupción ha ocurrido en estos últimos 21 años, no solo es responsabilidad y origen en el PLD sino por igual en el PRD, PRSC y PRM y viéndose al mismo tiempo, que el comité político peledeísta es el epicentro de todas las decisiones que estos políticos y partidos han tomado para sí, que no pudiera extrañar tampoco, que tarde o temprano y cuando en la República ocurriera un hecho ilegal de dimensión nacional y con ramificaciones en el exterior, que de pronto, una parte de la atrapada opinión pública no se decidiera por accionar con irritación y presteza y cierto grado de anarquía controlada a control remoto.

            Ese y no otro, fue la razón del nacimiento del llamado movimiento verde, que apuntalado en la sociedad civil y en particular por Participación Ciudadana, ha terminado por convertirse en el receptáculo más intrigante de como diversos grupos de insatisfechos anti sistema, muchos contestatarios y otros de esa pequeña burguesía trepadora que a todo quiere sacarle ventaja y la que tampoco puede decir que tiene las manos limpias de cuanto hecho de corrupción ha acontecido desde el 1996 hasta el presente, se presente ante la nación y tal como si en verdad fuera la mejor opción para enfrentar a la partidocracia gobernante.

            En realidad y todo cientista social de valer lo sabe muy bien, República Dominicana ha entrado a la fase delicada de tantas personas y de diversos estratos sociales, que casi al mismo tiempo han caído en la cuenta, de que el actual estado de cosas no puede continuar y menos, cuando con los hechos ilícitos e inmorales achacados a los poderes Legislativo y Judicial en el manejo y desarrollo del entramado Odebrecht, es evidente que una fuerte mayoría nacional se muestra asqueada y deseosa de castigo y cárcel para los involucrados.

            Sin embargo, la retranca que significa el comité político del PLD actuando arbitraria e ilegalmente como Poder Legislativo ad hoc y con amplio peso en el Poder Ejecutivo, ha terminado por convencer a determinados poderes fácticos nacionales y extranjeros, que definitivamente se está en el tiempo de impulsar y por vías indirectas ahora y directas luego, un cierto tipo de mecanismo reivindicador, que pueda, sino desmoronar, sí debilitar a la partidocracia reinante.

           Con todo, las acciones contestatarias diversas que están siendo implementadas y con un apoyo casi ciego del factor mediático, parecería, que si no se da la cierta moderación que haga factible un rápido proceso de auto crítica y auto ajuste, que fácilmente y si se lograra que la partidocracia caiga y que es la razón del por qué ahora se pide públicamente y a voz en cuello la renuncia del presidente Medina Sánchez, al final, nadie podría aventurar en que se podría quedar, pues si por un lado la anarquía se entronizara y por el otro, el gobierno se debilitara y aun cuando luego las circunstancias pudieran imponer un régimen provisorio, tampoco es que se pudiera decir que el mecanismo contestatario tan atípico que ha sido puesto en marcha, realmente vaya a terminar con éxito y menos, cuando habría el peligro del nacimiento de un nuevo tipo de liderato fuerte y nada civil y que sería el heredero natural del fascismo encubierto con el que se manejan las instituciones y la República.

            Ahora bien. Si una buena cualidad personal tiene el presidente Medina Sánchez e igual el ex presidente Fernández y en menor medida los políticos Mejía, Vargas Maldonado, Abinader y Antún, es que si ellos se lo proponen y con todo y la cortina mediática de propaganda corrosiva, que abiertamente va contra ellos, es que todos y mucho más el presidente de la República y el comité político del PLD, tienen los instrumentos idóneos para reconvertir la situación y generar un fuerte movimiento contra corriente de restablecimiento de un status quo relativamente saneado. Pero si caen en el error de una lucha de egos descontrolados, nadie podría decir que lograrían ganarle a sus empecinados adversarios, porque estos existen están ahí y aun cuando todavía no han dado la cara públicamente, están ahí y atizando e intrigando.

           Circunstancia que nos obliga a decir, que solo de ellos, los jefes y miembros de la partidocracia y en su capacidad de ceder y de manejo, es que estaría la posibilidad de adelantarse a los acontecimientos y por única vez pasarle por encima a una implosiva situación sistémica, de la que, el gran fallo de la partidocracia es no querer reactualizarse y pretender, que, en estos últimos 21 años, el tiempo no pasa y que demanda cambios.       [DAG. Martes, 27 de junio de 2017. Año XV. Número 5947].