El infierno que era trabajar con Stanley Kubrick

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Stanley Kubrick es uno de los mejores cineastas que la Tierra ha tenido la fortuna de albergar. Sus películas son máximos íconos de la cultura pop y se sostienen como piezas definitivas de la cinematografía mundial, siempre motivo de análisis extensos.

Pero ese estatus que alcanzó no fue gratuito. Es bien sabido que trabajar con Kubrick implicaba lidiar con un hombre obsesionado con la perfección y dispuesto a hacerle pasar a sus actores y crewlos peores momentos, con tal de lograr la toma exacta que había visualizado en su cabeza.

Tom Cruise desarrolló una úlcera durante el rodaje de Ojos bien cerrados, pero se mantuvo callado por respeto a la reputación de Kubrick. El cinefotógrafo Lucien Ballard peleó acaloradamente con el cineasta en el set de filmación. En distintas ocasiones, Kubrick disparó los presupuestos de sus películas, ocasionando conflictos con los respectivos estudios y productores.

Pero si hay alguien que vivió encarnizadamente la faceta obsesiva de Kubrick, esa es Shelley Duvall.

La actriz interpretó a Wendy Torrance en El resplandor, en cuya filmación el cineasta la hizo atravesar por experiencias que la llevaron al borde de la locura y del colapso físico.

“Trabajar enloquecedoramente día tras día se volvió casi inaguantable”, declaró Duvall a Roger Ebert en una entrevista de 1980. “El personaje de Jack Nicholson debía estar loco y enojado todo el tiempo. Y estando en mi personaje, yo debía llorar 12 horas al día, todo el día, durante nueve meses, cinco o seis días a la semana”.

“Después de todo ese trabajo, nadie hablaba sobre mi interpretación, ni siquiera la mencionaban. Todas las reseñas eran sobre Kubrick, como si yo no hubiese figurado ahí.”

La escena en la que el personaje de Duvall amenaza al de Nicholson con un bate de béisbol, requirió la cantidad récord de 127 tomas, reflejo de que Kubrick era un hombre dedicado enteramente a sus visiones hasta en el más mínimo detalle.

Han pasado casi 40 años desde el estreno de El resplandor y los efectos del rodaje se mantienen evidentes en Duvall, quien sufre demencia quizá producto de la edad o quizá producto de trabajar para uno de los directores más celebrados -y exigentes- de la historia.

Las cintas de Kubrick definen la cinematografía contemporánea y no se puede hablar de la disciplina fílmica sin citar su legado, pero quienes trabajaron a su lado podrán constatar que vivieron algo cercano al infierno en la Tierra. (http://www.msn.com)