El intento insurreccional de Trump, no, que llegó demasiado lejos, sino que le ha sido fatal: Perdió el control del Senado como de la Cámara de Representantes y en base a 4 muertos, 14 policías heridos, 50 detenidos y un daño terrible a la institucionalidad. Aviso a Abinader.

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Solo cuando la soberbia se apodera de un presidente absolutamente fuera de sí y frente a su realidad, de que en estos momentos y políticamente lo ha perdido todo en materia de respeto personal y consideración política, sin nada de credibilidad y desprestigiado a tal grado, que su propio ego lo ha hecho trizas, reflejando su realidad, de que en política como en ninguna actividad humana, para triunfar no se puede improvisar. Y que básicamente, es el por qué este presidente saliente perdiera la ecuanimidad y como un desquiciado pretendiera hacer de Estados Unidos de América, una sorprendente mala copia de republica bananera fuera de época.

En este sentido, negar que el daño institucional ha sido enorme y devastador para su propia credibilidad personal, es innegable, así como que decididamente, el intento de daño institucional no tiene parangón. Pero también hay que decir, que el tiempo trágico de ayer, institucionalmente hablando quedó compensado por la acción firme y rotunda de unas fuerzas vivas estadounidenses y el conjunto de sus organismos militares, policiales y de seguridad e igual la mayoría de los miembros de la clase gobernante representada en todos los poderes institucionales de la agrietada democracia estadounidense, quienes demostraron, que la primera democracia en esta parte del mundo se fundamenta en aquella sentencia de Lincoln en cuanto a que el gobierno descansa en el pueblo  y para el pueblo.

Aspecto que traza una gran diferencia con los llamados sistemas democráticos latinoamericanos y caribeños, en los que los militares son parte de una latente clase gobernante golpista y aupada en políticas y conducciones desquiciadas y solo hijas de la ambición y corrupción humanas más desenfrenadas.

De este modo y si se dejan, a un lado las acciones terroristas auspiciadas e incentivadas por Trump  con este intento insurreccional incomprensible y  por parte de una minoría de desbocados extremistas, quienes desde sus milicias fanatizadas pretendieron irrespetar a la nación y pueblo estadounidenses fomentando un irrespeto total a las libertades públicas, todas esas que hasta ahora el confiado sistema político estadounidense y en aras de una equivocada libertad de expresión como de pensamiento afincadas en una interpretación errada de la quinta enmienda constitucional, había tolerado.

Desde luego, tampoco se puede negar que el sistema político institucional estadounidense ha sido puesto a prueba y que aun cuando hasta ahora el mismo pudiera parecer fracturado, a medio plazo, se verá como la vitalidad y proyección de futuro de ese sistema político institucional habrá salido indemne del reto al que el fanatismo político y la irresponsabilidad presidencial le sometieron.

Por eso, lo que debe verse y analizarse son los aspectos positivos de como la sociedad, el pueblo y las instituciones estadounidenses reaccionaron a la asonada sediciosa y de cómo el Poder Legislativo y el Poder Judicial y con todo el resto del aparato gubernamental representado en el Poder Ejecutivo institucional, reaccionaron y se convirtieron en un fuerte baluarte de defensa y rescate de sí mismos como ciudadanos  y de blindaje de su sistema político, fundamentado en la disidencia bien entendida y en el acatamiento a la voluntad popular representada en las urnas.

Ahora bien, nada de lo de ayer pudo haber ocurrido, si lo peor de la extrema derecha golpista estadounidense y apoyada por ese cuerpo de mercenarios mediáticos conformado por no más de cuatro grandes medios electrónicos y con la cadena Fox a la cabeza, quienes desde el primer día, se alinearon con un Trump que todo el tiempo lo tuvo claro y en cuanto a incentivar las bajas pasiones del populacho dentro de un amplio espectro propagandístico de ataques desenfrenados continuos contra la clase política tradicional.

Fenómeno, que en muchos aspectos los dominicanos hemos conocido desde 100 años atrás y el que ahora vuelve a proyectarse y nada tímidamente, en el gobierno de centro derecha con alianzas de izquierda y comunistas de cuando la Guerra Fría, que encabeza el presidente Luis Abinader y el que en base a propaganda y apropiación indebida de los recursos públicos, parecería que pretende posicionarse tal como si fuera el único poder y voluntad que existiera en este país y sobre todo, porque como aliado de Trump en el exterior, entienda que para determinadas circunstancias, debe actuar y conducirse como el fracasado presidente golpista estadounidense, aplastando a toda voluntad o criterio que considere que se le oponga.

Si a esta realidad doble y refractaria, los dominicanos le ponemos la debida atención, pronto se verá que al presidente Abinader y por su propio bien, hay que hacerle ver que no puede hacer un gobierno de minorías y que encima no se ajuste a derecho y solo se fundamente en mercenarios mediáticos, pues de insistir en ello, seguro que los dominicanos no permitiríamos semejante despropósito.

De ahí que haya que insistir en ello y a propósito, de que, a cinco meses de gobierno, el joven presidente está dando muestras inquietantes de un absolutismo fuera de tiempo y el que conspira contra la viabilidad y sentir de un buen gobierno de índole constitucional, que se fundamente en el respeto a la disidencia y en el derecho de todos a que el mismo presidente respete los parámetros básicos de lo que debe ser un régimen basado en el cumplimiento de los más esenciales como específicos parámetros democráticos.

Abinader debe saber y lo que le expresamos dentro del mayor respeto y en esto no hay fisuras, que él no puede ni debe hacer un gobierno fundamentado solo en una propaganda torcida y mentirosa y con una condición apabullantemente totalitaria de aplastar a lo absoluto a la prensa y opinión independientes. No tiene sentido hacerlo, cuando la nación que no le votó en gran mayoría, da muestras especificas de fuerte y cerrado apoyo institucional, que, por lo visto, y equivocadamente, parecería que tanto él y los suyos no solo que ignoran, sino que pretenden destruir o aplastar.

En consecuencia y sanamente hay que advertirle y a modo de aviso de raíz institucional democrática, que aprenda de la lamentable como desgraciada experiencia desestabilizadora de ayer perpetrada por el propio presidente de EE. UU. de que Abinader y como primer mandatario, jamás puede violar y creer que saldrá indemne, si en un arranque de locura momentánea llegara a pensar que puede hacer todo cuanto quiera y que, desde lo más profundo de la nación, nadie le llamaría a cuentas.

Todos  y esto es bueno recalcarlo, disfrutamos de su juventud como presidente y todos le damos el beneficio de la duda y le alentamos y apoyamos a que haga un buen gobierno, pero, hasta un límite: Que respete a los demás, a los que no piensan como él y tampoco pretenda aplastar publicitariamente y como ya algunos de sus funcionarios han empezado a hacerlo y en específico, a los medios de comunicación, de papel o digitales independientes, cuyo compromiso es con la institucionalidad y la democracia, no con la partidocracia y menos con ese servilismo institucional producto de mentes torcidas de izquierda y de derecha que no creen en la democracia y tampoco en la libre expresión y difusión del pensamiento de cada quien y sí en la dictadura.

Estados Unidos de América, ayer, vivió la reedición populachera de cuando en el 1812 las fuerzas militares británicas invadieron Washington. Ahora vendrán las correcciones y el reforzamiento de la institucionalidad democrática y desde todos los sectores de la vida estadounidense. El presidente electo Joe Biden jurará como presidente el próximo miércoles 20 y tonto sería si se creyera un semi dios y tampoco no entendiera, que tanto Trump y él mismo son parte de un estamento institucional generacional, que dentro de cuatro años habrá salido del escenario público y político. Abinader, por lo contrario, empieza el ciclo generacional de nuevos exponentes de conducción no atados al pasado en el que muchos de sus colaboradores y activistas pertenecen. Ojalá que lo tenga en cuenta.

Mientras, hay que decir, que el intento insurreccional de Trump, no, que llegó demasiado lejos, sino que le ha sido fatal: Perdió el control del Senado como de la Cámara de Representantes y en base a 4 muertos, 14 policías heridos, 50 detenidos y un daño terrible a la institucionalidad. Aviso a Abinader. (DAG)