El salario y como regla correcta y para los ejecutivos públicos, debe ser en función de la responsabilidad financiera que el cargo entraña

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Recién divulgamos el dato, de que parecería que el gobernador del Banco Central, Héctor Valdez Albizu, tiene un salario y al que se suman dietas y gastos de representación, de 83 mil 333 pesos diariamente y lo que se venimos a ver, tiene cierto sentido de correspondencia al alto nivel de responsabilidad financiera que la firma de ese funcionario le acompaña.

            Imaginemos entonces, cual debería de ser el salario justo del presidente de la República, Danilo Medina Sánchez y desde el momento que se analice, que la responsabilidad financiera del jefe de Estado y de Gobierno, abarca un presupuesto anual, que solo en este año, es de 600 mil millones de pesos y que, si le sumamos los tres años anteriores, resulta que el gobernante ha sido responsable de distribuir, administrar y responder por no menos tres veces y media el presupuesto de 2016.

            Y ahí la pregunta que nos hemos hecho, ¿cómo puede ser que el salario presidencial sea apenas 90 mil pesos al mes, cuando el Presidente de la República tiene una responsabilidad financiera tan grave y determinante y, como es la de responder por 600 mil millones de pesos que solo en este año ha estado administrando?  

            Para que se tenga una idea, al comparar los 90 mil pesos con los 600 mil millones de pesos, estamos hablando de una milésima de centavo y lo que no es cuantificable o sea que en el 1986 (hace 30 años) el presidente de la República, Joaquín Balaguer,  ganaba tres mil pesos de la época y que en términos porcentuales, lo que nos dice, es que el sueldo del presidente Danilo Medina Sánchez, viene a ser una cantidad menor de la que ganaba Balaguer en 1986 y que ahora representaría 315 mil pesos al mes y si tomamos en cuenta las variables económicas que inciden en el índice de precios y la inflación.

            Desde el momento que se formula la interrogante y se obtiene la respuesta de más arriba y repitámoslo, “ni siquiera llega a una milésima de centavo”, se entiende entonces la tremenda desigualdad que significa, que el funcionario público que debe responder por los dineros públicos al nivel del Poder Ejecutivo, tiene un salario mensual fijo que no es cuantificable, respecto al  monto de la responsabilidad presupuestal que carga sobre sus hombros y lo que en este sentido, es evidente, que a nivel de la iniciativa privada, los bancos comerciales dan la muestra, de que a mayor responsabilidad sobre dineros que hay que responder como ejecutivo principal, mayor el salario, los bonos y las bonificaciones que le deben corresponder.

            Traemos el caso a colación, al observar el dime y direte que los médicos sindicalizados han armado y en razón de los salarios que tienen y el no cumplimiento de las seis horas de trabajo que por ley les corresponde ofrecer y de  paso contentándose con unos salarios magros y solo porque su holgazanería y perversidad no les permite discernir con claridad y que si lo extrapolamos a nivel del Poder Ejecutivo, tendremos la realidad, de que el primero que debería irse a una protesta o huelga, debería ser el presidente de la República, por cuanto su salario no se corresponde en lo absoluto al nivel de responsabilidad financiera que implica la administración y cuido del presupuesto nacional.

            En esa misma dimensión y en función de los presupuestos públicos que los administradores públicos manejan desde ministro de Estado hacia abajo, se comprende que ninguno de ellos está recibiendo un salario cónsono con las responsabilidades financieras que tienen sus firmas respectivas e igual ocurre con los presidentes de las cámaras legislativas (no así con senadores y diputados en sentido amplio) e igual con alcaldes y presidentes de los cabildos y sin que igual regla vayan a aplicarse con los regidores pura y simple.

            Se está pues, dentro de una situación de grotesca falsedad en materia de salarios a nivel general y por lo que entendemos, que desde el ministerio de la Administración Pública debería de iniciarse un estudio amplio sobre este particular, de suerte que los salarios de los ejecutivos que manejan presupuestos, se corresponda a la responsabilidad financiera que tienen sobre sus hombros y de esta manera, es casi seguro que no debería llamar la atención si el gobernador Valdez Albizu dispone de un salario millonario, que incluso en su caso, no abarca ni el uno por ciento del monto exacto de los presupuestos y transferencias que todo el tiempo debe firmar, ni digamos lo referente al ministro de Estado de Hacienda o del director del Presupuesto, el de la Tesorería Nacional y hasta la misma Contraloría General de la República.

            Por supuesto, para plantearse una nueva tabla “periódica” de salarios y en función de las responsabilidades financieras de cada cargo público, lo primero que hay que hacer y para comprender la situación, es el tener mente abierta y aceptar que la economía de este país no es ya la de una aldea y como ocurría hasta el 1965 y sí lo que es hoy, una economía emergente con un crecimiento constante de más de un siete por ciento anual en su producto interno bruto.

            Pues así como todavía y con cierta sorpresa se aceptan los grandes salarios de los principales ejecutivos bancarios y empresariales, en igual medida los ciudadanos debemos entender, que los responsables públicos de mayor nivel de responsabilidad financiera, deben tener salarios que se correspondan a sus obligaciones y por lo que para ese grupo, queda totalmente obsoleta la escala de salarios que todos conocemos y que en líneas generales no pasa de cien mil pesos al mes en el gobierno central y de un poco más en determinados organismos descentralizados y que cuando los comparamos con el nivel del salario presidencial en 1986 y el de ahora en el 2016, se está ante una situación insostenible como ridícula.

            Por ejemplo, ¿qué deben ganar los miembros de directorios de altos cargos en consejos de administración bancarios o en la misma Junta Monetaria, cuando cada uno de ellos, al estampar sus firmas, asumen responsabilidades financieras de tal proporción, que realmente ninguno debería tener ingresos magros, si sus responsabilidades de administración tienen que ver con el manejo global de la economía nacional?

            Entiéndase pues el concepto y se comprobará, que todos los ejecutivos públicos y desde el presidente de la República apara abajo, todos están mal pagados y encima, tienen que cargar con el estigma de ser tenidos como una especie de delincuentes de cuello blanco, pues el denominador común entre las mentalidad ciudadana de pequeña burguesía avariciosa, es juzgar mal al otro, pero en función de sus propias apetencias si estuvieran en los cargos que critican y de los que quisieran llevarse hasta los clavos con los que se fijaron a Cristo en la Cruz.

            Desde luego, muchos no entenderán nuestro llamado de atención y seguro que la mayoría de los políticos pondrían y de hipócritas, el grito en el cielo, pero la verdad es esa. ¿Cómo un ciudadano que tiene la responsabilidad del manejo de 600 mil millones de pesos y solo en este año, va a estar devengando un salario que ni llega a 90 mil pesos al mes, vale decir, un millón ochenta mil pesos al año, si su responsabilidad financiera al firmar documentos de administración y gerencia y que es el caso del presidente de la República, es la de una suma extraordinariamente lejana de la compresión de cualquier empleado público menor y hasta del mismo nivel en el sector privado?

            Pero, así como en los bancos comerciales y en las grandes empresas, sus ejecutivos ganan salarios que se corresponden al nivel de responsabilidad financiera que pesa sobre los cargos que ostentan, así mismo tiene y debe ser entre los altos ejecutivos de la administración pública y lo que a su vez significaría, una mayor dinámica de movilidad en ascenso para el resto de los salarios a nivel público.

            En este plano, nadie niega que el salario mínimo mayor debe estar al nivel del costo de la canasta familiar para una familia de cuatro personas y a partir de ahí, debe haber una degradación salarial, que en estos momentos no pase de 15 mil pesos al mes. Si esto se hiciera, el dinero correría a raudales por las calles y sus vasos comunicantes que son los negocios, empresas y oficinas de todo tipo y negocios de único dueño estarían florecientes y habría a mayor consumo y mucho mayor producción.

            Lamentablemente los ricos de este país y hablamos del sector de la plutocracia oligárquica, por nada del mundo quieren renunciar a los salarios miseria para su empleomanía y solo viven pregonando que esta es una “economía pobre” y lo que hace tiempo dejó de ser verdad y que es la razón del por qué la riqueza no está bien repartida y diversificada y hay tanta miseria y quiebras continuas de negocios de único dueño y más de medio millón de clase media venida a menos se encuentra en la quiebra y los tres millones de personas que dependen de ellos se las ven y se las desean para sobrevivir.

            Por otro lado, y ya que se está hablando de pactos, fiscal, tributario, eléctrico, etc., el momento es propicio para que un proceso general de sincerización de costos y salarios, de oportunidades y retos. Esta economía no puede continuar siendo solo  para un grupito, mientras el grueso de la población es un conjunto de esclavos económicos que ni siquiera tienen certeza de llegar a fin de mes y por eso, muchos aspiramos, a que el presidente electo, al momento de instalarse el martes 16 y por nueva vez, como presidente de la República, agarre el rábano por las hojas y definitivamente, obligue a que los más ricos paguen impuestos al nivel que les corresponde, que el impuesto al consumo (ITBIS) se amplíe en su base de captación, pero que se disminuya en no menos dos por ciento y para que de ese modo, el Estado aumente en más de un diez por ciento sus recaudaciones y cada ciudadano pueda dinamizar su economía doméstica.

            Y que son medidas, que, si el presidente Medina Sánchez las impusiera y en base a su reconocida autoridad moral y como gobernante que no despilfarra los dineros públicos, la economía a nivel micro, o sea, la de los ciudadanos, haría de nuestra nación, que en la misma no existiera el terrible estado de injusticia social y de abusos que le asola, donde más de cuatro millones de personas viven bajo el límite de pobreza. Otros tres millones casi les alcanzan y el resto, tres millones de personas, no llegan al fin de mes, mientras un grupito de menos de medio millón de individuos disponen de un bienestar y riqueza que ni los más ricos jeques árabes poseen.

            De ahí que hablemos, de que el salario y como regla correcta y para los ejecutivos públicos, debe ser en función de la responsabilidad financiera que el cargo entraña. Naturalmente, si en el Gobierno no prestan la debida atención a esta situación tan explosiva, entonces, que luego no se grite, si cualquier día una poblada salvaje se encarga de ponerlo todo patas arriba. [DAG. Sábado, 06 de agosto de 2016. Año XIV. Número 5625].