Elder se unirá a Nicklaus y Player en Saque de Honor

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Elder se unirá a Nicklaus y Player en Saque de Honor

Lee Elder

AUGUSTA, Georgia – En tiempos donde al estado de Georgia se le afea que la nueva ley que restringe el voto por correo es una provocación para la población negra, el Masters de Augusta comenzará este jueves con un acto de una carga simbólica mayúscula. 

Lee Elder, el primer golfista afroamericano que jugó el torneo de la chaqueta verde en 1975, se unirá a dos habituales como Jack Nicklaus y Gary Player, leyenda sudafricana, en la tanda de golpes de honor de la ceremonia de inauguración.

Elder atravesó Magnolia Lane, la carretera arbolada por la que se lleva a la casa club, a una edad avanzada. Tenía 40 años aquel año en el que Nicklaus ganó por quinta vez. Ayudó que Cliff Roberts, el presidente del club y fundador del mismo, tenía sus reticencias a que golfistas negros jugasen en su campo, un club donde los ciudadanos de color se resumían en camareros, limpieza y caddies. Charlie Sifford, el pionero, nunca pudo jugar en el Augusta National.

Pero también fueron decisivas las curvas de la vida del personaje. Hijo menor de 10 hermanos, Elder tenía 9 años cuando su padre falleció en la II Guerra Mundial. Apenas tres meses más tarde moría «de pena», como se decía entonces, su madre.

Tras un par de años cuidando los hermanos mayores del resto de familia, aunque era Lee quien traía el dinero a casa haciendo de caddie a 4 dólares el día, lo adoptó su tía Sarah y lo llevó a Los Ángeles, donde aprendió a jugar al golf. No jugó 18 hoyos hasta los 16 años.

Fue entonces cuando dio con su gran maestro, Teddy Rhodes, otro golfista de color que le enseñó el oficio. Fue a comienzos de la década de los 50, periodo en el que Elder, que tenía un especial talento con los palos, se volvió un granuja.

Conoció a Titanic Thompson, un verdadero estafador con el que viajó al Sur, a las petrolíferas Texas y Oklahoma, donde desplumó con Elder de pareja a muchos adinerados. Thompson se dejaba ganar al principio y luego proponía un duelo por parejas doblando la apuesta contra él. Lee, que se hacía pasar o por su caddie o por su chófer para aumentar las expectativas de victoria rival, entraba en acción. O como aquella ocasión en la que primero le consiguió un empleo como trabajador del equipo de mantenimiento del club de golf y luego solicitó «al tipo del tractor, ese mismo», para hacer equipo con él.

Era ya tan bueno, que era capaz de tirar 38 golpes jugando 9 hoyos con una sola pierna o 41 jugando de rodillas. Siempre a cambio de dinero. «Pero me cansé de vivir siempre al límite», recordó. Acabado ese periodo, «que me ayudó a jugar bajo presión», contó a Golf Digest, volvió con Rhodes y saltó a profesionales en 1959.

Su viaje a Augusta

Su clasificación para Augusta la obtuvo con 51 semanas de antelación tras ganar el Montesanto Open de 1974. En realidad fue una licencia de Roberts porque el club no estaba obligado a invitar a nadie, aunque solía tener deferencias en determinados torneos. 

«Pensé que me invitarían cuando gané el Abierto de Nigeria en 1971, pero Roberts dijo que eso era para que viniesen más jugadores extranjeros y que yo era estadounidense», confesó.

El golf era uno de los reductos más conservadores de la América en los 70 donde Muhammad Ali era el gran líder. Nixon se tambaleaba -caería en agosto- y en un giro imprevisible, se produjo esa llamada a Elder, que tras hacerse el remolón, aceptó.

Las amenazas de muerte se convirtieron en algo cotidiano. El golfista alquiló dos casas cerca del campo y dormía alternativamente en ambas para que nadie supiese donde estaba. Dos policías le escoltaban por el campo.

La primera tarde fue junto a un gran séquito a un restaurante de la ciudad. «Lo siento, hoy no servimos», le dijeron. El jueves 10 de abril de 1975 se produjo el momento definitivo.

Aunque arrancó con dos ‘birdies’, tiró 74 golpes y, al día siguiente, 78, que lo dejaban fuera del torneo. Sin embargo, ya derrotado, se produjo un episodio que la memoria no ha olvidado.

Mientras Elder avanzaba por la calle del hoyo 18 hacia el green, todo el personal de color del campo, camareros, porteros, limpiadores…, a los que se podía distinguir por sus uniformes, se fueron agolpando en el green. El resto de espectadores fue abriéndoles hueco para darle forma a la reivindicación. 

«Gracias por venir, señor Elder», le dijeron. Aún repetiría cinco viajes más al Masters. El jueves será el séptimo.

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