En dos meses el Gobierno se proyecta con relativo buen pie y sin necesidad de apropiarse de méritos del anterior y lo que frente a la ciudadanía genera un clima de singulares expectativas que aleja el otro y nada provechoso de crispaciones y animosidades que venían en camino

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Por tradición y para llamarlo de algún modo, es muy difícil que nuestros políticos y al momento de llegar a puestos de relevancia pública, cedan a la tentación de apropiarse de los éxitos tenidos por funcionarios o gobiernos anteriores y al hacerlo, generan controversias innecesarias que en modo alguno benefician a la paz social.

En este sentido, se han estado dando ciertas crispaciones, hijas de la ansiedad por tratar de obtener reconocimientos lo más rápido posible, cuando lo que debería hacerse, es profundizar en el alto nivel de expectativas y por vía de ganarse la confianza publica y sin que una parte de la nación sienta que se le agrade y por el solo hecho de no ser simpatizante del partido en el poder.

Desde luego, se comprende que la efervescencia que genera el triunfo ansiado muchas veces no da pie para que el sentido común frene a los más exaltados y peor si los mismos mass media de la prensa mercancía tradicional se reconvierten en plataforma de recriminaciones y ataque políticos de índole personal.

Ahora bien, lo anterior no quiere decir, que en las actuales circunstancias y después que el presidente Luis Abinader le arrebatara el triunfo electoral al anterior partido gobernante, el PLD, el júbilo más sentido no se apodere de sus seguidores y simpatizantes dentro del PRM, pero también hay que comprender, que hablamos de un partido (PLD) devenido en poderosa corporación política y económica y porque desde el 2004 hasta hace 60 días se mantuvo en el poder y que para uno nuevo en el ejercicio de la presidencia de la nación, es un reto singular que impone la ecuanimidad de juicio sereno y si efectivamente y en este caso, Abinader quiera desterrar la parte mala de aquella administración.

Es decir, no es que el nuevo gobierno no quisiera lucirse imponiendo nuevas políticas y sus cambios subsiguientes y que está en su derecho de hacerlo, sino que, dada la voluble mentalidad dominicana, a poco tiempo, no empiecen a presentarse ciertas actitudes levantiscas y en individuos, que entienden, que si “lucharon” porque el nuevo presidente y su partido llegaran al poder, a dos meses de ejercicio se extrañaban y se inquietaban de no tener algún cargo público.

Pero y siempre habrá un pero, si en el territorio nacional y desde marzo (siete meses atrás)se ha desatado una pandemia provocada por un coronavirus chino que ha puesto la vida nacional patas arriba y agregándose a la crisis económica importada que se arrastra, lógico que entonces se produzca el freno razonable que obligue al nuevo gobierno a dejar a un lado su plan electoral de promesas electoralistas y si con buen juicio, quiere y debe enfrentar los inquietantes factores ya mencionados y que se nos imponen de una forma ciertamente más que apabullante.

De este modo, la cautela debería ser el mecanismo por utilizar y aun cuando vaya un poco mas lento el proceso de recuperación económica y lo que debe obligar a la ciudadanía, a entender, que, dada semejante realidad, no se puede agobiar con reclamos extremos a un gobierno nuevo que desde que llegó al poder ha estado enfrentando y con las manos peladas, un escenario totalmente opuesto al que en sus inicios supuso.

En este plano, muchos entendemos que al presidente Luis Abinader hay que darle tiempo y también el beneficio de la duda y por lo menos, hasta que él encuentre las vías mas correctas para que poco a poco pueda quitarse de encima, la y digamos, “herencia atávica” recibida del PLD, la que y para decirlo con honestidad, no es nada fácil.

Por eso, en sus primeros dos meses y después de ciertos tanteos de pasos a seguir e inicios de escaramuzas políticas buscando que el publico se entretuviera con las naturales imputaciones, que, a ojos del público, siempre todo gobierno nuevo debe de imponer y simplemente hasta ganar tiempo y para lograr conectarse no tanto con la realidad política que se heredó y sí con la nueva que quiere hacer e imponer.

Dándose la nueva situación, de que desde inicios de esta semana y poco que mucho, el nuevo gobierno ha empezado a dar pasos en la dirección correcta y que de golpe han terminado por ser reconocidos por una atrapada opinión pública, que no creía que Abinader habría podido lograr y conectar con el mecanismo cierto para reencauzar a la economía.

¿Qué motivó ese cambio de conductas y políticas y después de haber estado empantanado en una situación de administración, que apuntaba a inexperiencia por un lado y mal manejo presupuestario por el otro? Sin duda, que ya es evidente, que el presidente ha sabido darle sentido pragmático al espíritu empresarial del cambio que pregonaba electoralmente y frente a la realidad concreta de que él y hablando en criollo, tenía que sacar de abajo y avanzar.

Y vaya si lo ha logrado. En menos de tres días, el ambiente turbio que empezaba a arropar a la nación ha cambiado de un día para otro. ¿el gobierno nuevo no tenía suficiente liquidez?, de inmediato tocó puertas y los sectores empresarial, bancario e industrial respondieron y facilitando miles de millones de pesos en adelantos sobre pagos de impuestos, al tiempo que el gobierno mejoraba notablemente los ingresos fiscales y hasta concluir ayer con la firma de una especie de acuerdo puente financiero-administrativo con el gobierno de EEUU, que, de entrada, le facilitaba una cartera a utilizar de US$2,000 millones en planes inmediatos de inversión y desarrollo.

De golpe pues, Abinader frena toda posibilidad y como se temía, de que a corto plazo se presente un panorama social inquietante y de cargada rebeldía social y ante esta nueva realidad, es imperativo que todos los dominicanos tenemos que aceptar y no solo por el bien del nuevo gobierno y si primordialmente por el bien de toda la nación.

Como resultado de tan beneficioso destape político y administrativo gubernamental lleno de promisorias expectativas a corto plazo, que entonces haya que decir, que en dos meses el Gobierno se proyecta con relativo buen pie y sin necesidad de apropiarse de méritos del anterior y lo que, frente a la ciudadanía, genera un clima de singulares posibilidades que aleja el otro y nada provechoso, de crispaciones y animosidades que venían en camino. (DAG)