En el 2013 Haití violó el tratado de 1929 y ahora en el 2021 lo pretende de nuevo

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La sinuosa diplomacia haitiana juega al despiste y también, a que por lo del 1937 “los dominicanos siempre ceden y por su complejo de culpa” en tanto la diplomacia dominicana está a la defensiva y lo que no puede ni debe ser.

Si nos ponemos a analizar juiciosa y cuidadosamente todo lo relativo a nuestras relaciones con la vecina República de Haití, los dominicanos nos encontraremos, con que siempre los haitianos maniobran y tal como si fueran estúpidos o atrasados mentales y quienes haciéndose los olvidadizos, en cada ocasión apuestan a que República Dominicana les cede en todo.

En esta ocasión, se trata de desviar unilateralmente aguas limítrofes y con el pretexto de que su pueblo “pasa hambre” y en un descarado intento de violación del instrumento jurídico del 1929, al tiempo que sus agentes diplomáticos empiezan a visitar cancillerías de otros países y haciendo entender, “que como siempre los dominicanos nos agreden”.

Dentro de tan agresivo y mendaz contexto, hasta ahora imposible de enfrentar y por lo evidente del complejo dominicano ya aludido y simplemente, porque generaciones y gobiernos dominicanos pasan y con la excepción del de Trujillo, nadie ha entendido que los incidentes desafortunados del 1937, provocados por los haitianos al mantener una invasión pacifica continua contra nuestro territorio fueron provocados por ellos y lo más increíble, porque la mayoría del exilio antitrujillista en Cuba, México y Estados Unidos, fueron quienes “fabricaron” la abusiva mentira, de que supuestamente el gobierno de Trujillo “había asesinado a 35 mil haitianos” y lo que nunca sucedió.

Para cancillerías como la estadounidense y organizaciones como la ONU y la OEA y de acuerdo a sus propios archivos, en líneas generales, los acontecimientos del 1937 entre los dos países, no pasaron de entre 3 y 5 mil muertos y como también consta en los archivos del Times de Nueva York y los que quedan modificados cuando se buscan los documentos de determinadas embajadas  en República Dominicana y de nuestra cancillería, que inequívocamente testimonian, “que al mismo tiempo de los acontecimientos de sangre, el pueblo dominicano y  a espaldas de Trujillo, salvó las vidas de no menos 15 mil haitianos que fueron sacados clandestinamente del territorio nacional y otros miles escondidos y protegidos y muchos adoptados por familias dominicanas”.

¿Por qué esa diferencia de números, estadísticas y registros?, porque estando Trujillo en una rueda de prensa para corresponsales extranjeros y que consta en archivos de agencias internacionales de la época, un periodista estadounidense preguntó: “Generalísimo, de acuerdo a informes diplomáticos, los haitianos asesinados rondan las 5 mil personas” y siendo interrumpido por Trujillo, quien entendió que el número no le parecía significativo, por lo que ripostó airado y manoteando al corresponsal: “cinco mil, no, 35 mil” y a partir de ahí, el exilio antitrujillista tomó el falso dato hijo de un nacionalismo desmedido por parte del gobernante, para convertirlo en el caballo de batalla, que desde entonces hizo creer que “Trujillo era el asesino más grande de toda América” y dándose por sentada la falsa cifra.

Todo esto en conjunto, ciertamente, que hizo que el millón y medio de dominicanos de aquel entonces se sintieran sobrecogidos y ante las cifras que les llegaban terminaran creándose un complejo de culpa del que los haitianos le sacaron un gran provecho: Lograron una indemnización de medio millón de dólares, que al final su gobierno se los robó y luego la joya de la corona, al Trujillo consentir abusivamente, que se fraccionara el territorio nacional y se le otorgara al país vecino, 600 mil tareas (una tarea es medida agraria dominicana de 129 metros cuadrados) y tal como consta en la imagen que acompaña a nuestro reporte de esta fecha en la sección El País Político.

Para la situación presente, es muy cierto que el tratado de 1929 ha vuelto a ser violado por parte haitiana, el tratado “está registrado en la Gaceta Oficial, 4076 y marcado con el número 1096, promulgado por el presidente Horacio Vásquez, el 14 de marzo de 1929, redactado en español y francés. El mismo documento fue firmado por el presidente de Haití de la misma época, general Louis Borno, documento que reposa en el marco jurídico de esa nación”.

Ahora, el tratado recuerda y en su artículo número 10, prohíbe las obras que afecten los flujos o el curso de los ríos transfronterizos. El primer párrafo dice: “En razón de que ríos y otros cursos de agua nacen en el territorio de un Estado y corren por el territorio del otro o sirven de límites entre los dos Estados, ambas partes contratantes se comprometen a no hacer ni consentir ninguna obra susceptible de mudar la corriente de aquellas o de alterar el producto de las fuentes de las mismas”.

Aun así, el grosero vicegobernador del Departamento Noroeste de Haití, Louis Joseph y de acuerdo con textos periodísticos, dijo que “canalizarán este afluente porque necesitan suplir de agua a personas en sus hogares y agricultores. Pidió comprensión a los dominicanos para ejecutar el proyecto” e indicando y con lenguaje nada diplomático y totalmente inamistoso, que hemos encontrado oposición de sectores y autoridades dominicanas y por lo que aseguramos que el proyecto se llevará a cabo le guste o no a República Dominicana”.

Ni que decir, que ante declaración tan descortés ninguno de los 10.5 millones de dominicanos de hoy día, nadie se mostrará reacio a que nuestro gobierno enfrente la descarada como abusiva violación del tratado de 1929 por parte del gobierno de Moise y sin importar las consecuencias.

Y por esta razón, conociéndose que en el 2013 Haití violó el tratado de 1929 y ahora en el 2021 lo pretende de nuevo y dado que la sinuosa diplomacia haitiana juega al despiste y también, a que por lo del 1937, “los dominicanos siempre ceden y por su complejo de culpa”, en tanto la diplomacia dominicana está a la defensiva y lo que no puede ni debe ser. Tenemos la razón y nada ni nadie nos la podrá arrebatar. Haití debe cumplir con el tratado y nuestro gobierno lo deberá hacer prevalecer. (DAG)