En lo de las tres casuales, el ánimo fue levantisco desde el principio y hasta el final y tanto de partidos como de sus dirigentes. Ninguno las favoreció y es ….

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Lo primero fue, que nada impedía y dado que las dirigencias partidarias estaban en una cosa, mientras que las militancias en otra, que cada uno actuara según su conciencia, y todos recordamos que los legisladores dijeron que actuarian a la libre y con lo que creían, que por lo menos salvarían sus caras. Ni compromiso con las iglesias, pero tampoco con los fanatizados grupos de activistas. También pudieron quedarse al margen y que cada uno actuara a su propia conciencia o que el criterio personal se impusiera.

Sin embargo, nadie hizo nada y todos quedaron como legisladores cobardes que se dejaron imponer argumentos desfasados propios del siglo 19 y a partir de ahí dieron rienda suelta a la curia y feligresía de las iglesias con mayor poder político y social: Católicos y protestantes y estos últimos de todos los tonos y colores, dando pábulo a que se entienda, que vivimos dentro de los moldes absurdos de un fanatizado y atrasado estado clerical, que viene siendo una vergüenza  para todas las nuevas generaciones.

Vista entonces tan infame realidad, se hizo evidente que si el presidente de la República como los expresidentes jefes de partidos, cada uno y tanto individualmente o como un todo, hubiesen emitido una declaración cívicamente responsable que les hubiese puesto las peras a cuartas a sus irresponsables legisladores, seguro que la situación que hasta ahora se dio en Diputados, habría tenido otro tipo de desenlace.

Mientras tanto, la sociedad civil, como los contestatarios grupos de fanatizados pro las tres casuales, se decidieron por dar un paso, que, para su desvergüenza, no fue suficiente para imponerle a curas y pastores, la línea correcta de dejar que la misma ciudadanía y por sí misma impusiera su propio sentir.

Con todo, Abinader fue quien llegó más lejos. Admitió que estaba de acuerdo con las tres casuales, para luego pronunciarse a favor de un referéndum que terminara por quitarle la responsabilidad y tanto a su gobierno como a la partidocracia, sobre la decisión última a tomar.

Por su lado, Leonel y como culebra busca apoyos, no se atrevió a ir en contra de ninguno de los sectores beligerantes y todavía cree que su proceder tan irresponsable le pudiera salvar de responsabilidad alguna, a la vez que Danilo, un hombre de un carácter tan variable y temeroso, que no se obliga a nada, si antes y ante la atrapada opinión pública él no quedara como el individuo que fuera llevado a tomar una inevitable decisión y en cuanto a Hipólito, ese prefirió marcharse a Centroamérica, antes que emitir su criterio.

En resumen, el falso liderato político actual, actuó dándole las espaldas al sentir de la nación y lo peor, tomando una actitud suicida absolutamente contraria a la decisión natural que toda parturienta debe de tener, en cuando a decidir por sí misma que decisión tomar al momento del parto.

No bastó que la Constitución de la Republica en su articulo 37 prohibiera el delito del aborto o que en su articulo 42-3 se pronunciara a favor de la asistencia médica de emergencia para salvar a la madre frente a la ocurrencia de un mal parto y que políticamente habría sido una salida aceptable. Sencillamente y como parte de la ominosa partidocracia, el liderato político dejó y para salvar su responsabilidad, que todos creyéramos que se habían dejado embaucar, engañar o presionar por el poder religioso.

De este modo y de ahora en adelante, habría que presumir que la mitad de la población y del electorado, compuesto por el poder femenino, sabrá negarle el voto a una partidocracia indigna de creerse con cualidades para saber dirigir a la nación.

Pero también hay un detalle, que en algún momento el poder femenino y feminista a la vez deberá encarar: El factor mediático. Este hizo una pantomima de pretender estar con unos y otros, cuando en verdad se habían comprometido a defender la posición de la curia católica y la otra de los pastores evangélicos y protestantes y por eso las enmiendas que hasta ahora se han pretendido al Código Penal y en otros aspectos, como ese tan escandaloso, estableciendo penas mínimas y que ha venido siendo la gota que ha derramado la copa. De 2 a 3 años para todo el que cometa algún delito de corrupción.

Lo que se nota, es que la partidocracia le ha dado la espalda a la República y que, a partir de ahora, los ciudadanos no tenemos ningún tipo de razón para creer en ella y mucho menos en sus dirigentes y es que se podrá o no creer en las tres casuales, pero la realidad indica, que la mujer como un todo, hasta ahora está siendo desprotegida por políticos y partidocracia.

Ahora bien, lo moralmente grave, es que quienes se oponen a las tres casuales y hablamos de curas y monjas católicos o pastores protestantes, sus familias y en más de un 60 % han cometido y no una que otra vez, las prácticas abortivas cuyos vástagos religiosos y de hipócritas, ahora condenan.

Naturalmente, todavía el debate parlamentario no termina y en camino viene una anunciada marcha femenina y feminista a favor de las tres casuales, por lo tanto, podría esperarse que los cobardes legisladores que nos gastamos revirtieran la situación y en este tema favorecieran a la mujer o que las esposas, queridas o compañeras de estos y por sí mismas salieran a las calles y se pronunciaran a favor de las tres casuales.

Si esto último llegara a su ceder, entonces los mismos legisladores que no aprueban las tres casuales quedarían moralmente deslegitimados por sus mismas familias y que de suceder, sería una muy interesante muestra de una perspectiva no religiosa, que debería de estremecer los cimientos de sociedad tan perversa como hipócritas.

Razonando entonces, deberíamos entender, que en lo de las tres causales, el ánimo fue levantisco desde el principio y hasta el final y tanto de partidos como de sus dirigentes. Ninguno las favoreció y es que pensaron más como “cristianos comprometidos” que como personas con sentido común pertenecientes a un Estado no clerical. Aun así, todavía esperamos un giro favorable a toda mujer. (DAG)