Enredados

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Las redes son para la oposición. La herramienta perfecta para la guerra de guerrillas que ese ecosistema de comunicación sugiere. A las redes las carga el diablo, como a las pistolas.

Cuando los gobiernos “invaden” ese territorio apuestan fuerte pero no suelen ganar. No es su campo natural, aunque traten de coparlo. Las redes oficiales suenan impostadas, encorsetadas. Pura propaganda y la propaganda oficial cansa enseguida. (O se perpetúa, que es peor).

Tampoco son mejores cuando adoptan un tono coloquial. Ese hablar “de tú a tú” tan peligroso… Los funcionarios siguen siendo funcionarios (así debe ser) aunque colegueen con sus seguidores.

Las redes son tan manipulables como cualquier otro medio de comunicación. Más, seguramente. Se compran seguidores, se venden contenidos, se alquilan opiniones. Son lo que son y sirven para lo que sirven. Son magníficas y terribles. Informan y desinforman. Hacen bien y provocan males. Facilitan la vida, la complican. Hay quien no puede vivir sin ellas y quien vive mejor cuando las deja.

Son el Aleph. Contienen el universo en un punto.

Las redes son para los medios de comunicación un canal de distribución de noticias. A los odiadores profesionales les proporcionan el anonimato que necesitan para vomitar. Han reconvertido profesionalmente a los “interactivos” que antes telefoneaban a los programas de radio. Son indispensables, amenas y peligrosas.

Son el territorio salvaje (atracción irresistible) todavía por colonizar (no se dejarán). Para los gobiernos de todo el mundo son un campo minado que han decidido conquistar. Pero eso no va a pasar.

Cuando controlan una red… alguien inventa otra. [Diario Libre]