Entre el capitalismo salvaje y la politiquería

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En campaña electoral, el capitalismo salvaje y la politiquería hacen de las suyas y la libertad de prensa cede, pero como la política es el arte de la transacción dentro de lo posible, siempre habrá perspectiva de que los desencuentros queden atrás y la libertad de palabra continúe sin cortapisas

                   El hecho de que de buenas a primeras las empresas radiofónicas y televisivas hayan empezado a darle de alta a los productores de programas independientes a los que y sin importar consecuencias les son violados sus contratos de servicios, lo único que indica, no es solo el tremendo grado de irrespeto a la seguridad jurídica, sino que, en tiempos de campaña electoral, nada ni nadie puede impedir que el capitalismo salvaje se entronice.

                    En este sentido, que de golpe ya hayan sido eliminados cerca de diez programas televisivos y para darle paso a las cadenas radiales y televisivas que requieren los partidos políticos para competir en la campaña electoral y que, al ser desplazados, automáticamente se cercena una parte de la libertad de prensa y también de información, habla con rotundidad de la ausencia de responsabilidad política y social de los empresarios y de ese terrible afán de lucro que les domina.

                     Al mismo tiempo, que, con la salida de importantes programas de opinión, se recorte el clima de libertades públicas y que el factor político gubernamental se beneficie de semejante vacío, tampoco puede decirse que realmente el Gobierno sea el culpable o autor inicial de la nueva situación, sino que simplemente y como cualquier otro en su lugar, recoge una experiencia y a la que según se la vea, podría decirse y creerse que lo beneficia antes que perjudicarle

                       En realidad, la cosa no es así. Más bien le perjudica y aún cuando los estrategas de comunicación asuman, que, cerrando medios por presiones económicas, al partido de gobierno pudiera beneficiarle grandemente la insólita situación.

                         Más bien, muchos entendemos, que la oferta electoral gobiernista se reduce un tanto y en la medida que la libertad de opinión mengua y por la sencilla razón, de que al no existir adecuados conductos o ventanas de opinión libre y frente a los muchos que tienen los delincuenciales grupos económicos y financieros, realmente, ni el gobierno y tampoco los partidos, pueden contar con voces disidentes y las que con todo y serlo, de una u otra manera también contribuyen al libre debate de las ideas y hasta hacen posible y por las interpretaciones que se escenifican, que la libertad de escogencia de los electores pueda profundizarse y al tiempo que paralelamente las ofertas electorales pudieran presentar mejores alternativas y ofertas de interés ciudadano.

                         Lamentablemente, todo esto ocurre, porque nunca el Poder Legislativo, vale decir, los jefes de los partidos que tienen mayoría o representación en las cámaras legislativas, nunca se han propuesto ejercer una política comunicacional de contrastes y de libertad de critica y al no permitirlo, siempre el ejercicio de la libertad en sentido general es extremadamente restringido y hasta para los mismos ciudadanos aptos para votar y en particular los militantes partidarios.

                         Desde luego, los políticos entienden, que ellos y ha puro clientelismo y populismo pueden atenuar la situación y que por lo tanto, lo que se puede perder en opinión libre se ganaría en moldeamiento y condicionamiento de los ciudadanos y electores y por esa creencia, los métodos autoritarios de coerción son impuestos a rajatablas y sabiéndose, que todo aquel espacio radial y televisivo que es suprimido, es un punto menos de disidencia, que momentáneamente puede ser anulado y hasta lograr crear un nicho reducido y nocivo y sumamente manipulado, de indeseada opinión dirigida.

                         Lo otro, que en este país no existe una ciudadanía militante acostumbrada a defender sus derechos y principalías y en razón de tal vacío, los grupos de poder gubernamentales y también de oposición, terminan al final haciendo de las suyas y mucho más, cuando todos conocen que la generalidad de los dominicanos, ni que les caigan a palos, gritan, es un hecho que absolutamente nadie podría negar.

                         En realidad, si el sistema político fuera otro con plena adultez y responsabilidad democrática, sería el primero en protestar por las restricciones evidentes que los afanes de lucro empresarial les imponen al país político al cerrar espacios radiales y televisivos, para que sean partidos y grupos de poder, los que de primera intención se beneficien en la consecución de una audiencia atrapada y que a nuestro modo de ver es el error táctico más grave que de cara a la estrategia electoral de partidos y gobierno, nunca debería de efectuarse.

                         De ahí que digamos, que realmente y en estos casos recientes, al gobierno del PLD hay que descargarle de responsabilidad primaria en lo acontecido y sí que en cambio haya que achacarle al empresariado, el fomentar la castración de la opinión libre y con tal de que los millones de pesos que en materia de publicidad electoral se ponen a correr, la gran mayoría lleguen a sus arcas y sin importar que en base a semejante comercio ilícito y amoral de las ideas atrapadas, sea el sistema democrático el que termine resintiéndose.

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Es igual a lo otro y que siempre se presenta en cualquier gobierno, de cuando a uno que otro funcionario de poder le da por escoger a sus enemigos favoritos entre periodistas y mass media y a partir de ahí, ejercer una despiadada actitud de empecinamiento único para afectar la libertad de información y divulgación de determinados medios y periodistas que son victimas de sus acechanzas, alevosías e intrigas.

                         Por experiencia propia, entendemos que lo peor que podría hacer un periodista o mass media victima de tal arbitrariedad, es tratar de malquistarse con el gobierno central y achacarle directamente la culpa de lo que le ocurre.

                         Para estos casos, siempre hemos entendido, que lo que se impone es recordar aquello, de que la política es el arte de la transacción dentro de lo posible y para nada tomar las agresiones que comentamos como si fuera un asunto personal y aún cuando el funcionario actuante hace lo indecible porque así se le vea.

                         En este aspecto, consideramos que ningún periodista o mass media está para ser enemigo de un gobierno y de nadie, y menos caer en el error de enfrentarle y de tal manera, que el gobierno pudiera entender, que está frente a un enemigo y menos, cuando por las razones que fuesen, toda administración gubernamental tiene su propio estilo de actuación y que en la medida que la carrera electoral empieza a perfilarse, los animos se muestran hipersensibles y a flor de piel y que hay veces, por nimios motivos que en otras circunstancia se verían como intrascendentes, los nervios traicionan a determinados funcionarios y estos quedan ante la atrapada opinión pública, como insólitos enemigos represivos de periodistas y medios de comunicación y de información y lo que tampoco es bueno que ocurra, porque quiérase que no, le hace un profundo daño a la imagen del gobierno.

                         A toda esa avalancha de presiones, avisos, restricciones y acorralamientos, el periodista que sea victima de semejante escalada de violencia moral, lo único que tiene y debe hacer, es exponer públicamente lo que le ocurre, tantear luego por vías privadas el por qué de la situación y cuando entienda que nadie le da respuesta, no perder el tiempo en resentimientos y fomento de agravios y solo dejar que el tiempo pase y las aguas encrespadas vuelvan a su nivel. El día llegará que las presiones y agresiones tendrían que cesar y por la simple verdad, de que nadie ni nada es para siempre.

                         Ayer vimos en la tele y escuchamos en la radio, que dos productores televisivos de la izquierda caviar ahora reconvertida en izquierda millonaria de fin de semana, les dio por revelar que la empresa con la que tenían contrato para difundir su programa televisivo, abruptamente decidió suspenderlo y en vez de tener la serenidad de juicio suficiente para que la contingencia no les arrebate los nervios y el sentido común, se le han lanzado al cuello al mismo gobierno e imputándole acremente la culpabilidad de la situación que experimentan, al tiempo que de pérfidos, disculpan a la planta televisiva que los sacó a patadas.

                         Es lamentable entonces, que periodistas duchos en el quehacer, se dejen arrastrar por la emoción y no sepan serenarse y dentro de lo malo que les está ocurriendo, buscar las vías de un entendimiento amplio que les permitiera lograr otro canal televisivo desde donde pudieran continuar con su quehacer, pero al no hacerlo y rápidamente responder con tambores de guerra, automáticamente, no es verdad que habría otro empresario radial o televisivo, que ante situación contestataria semejante, les buscaría un hueco en sus programaciones y para que ellos continuaran difundiendo sus ideas y planteamientos.

                         Otros en cambio, no actuamos así. Por ejemplo, en este periódico digital POR EL OJO DE LA CERRADURA, desde hace unos meses estamos confrontando las embestidas de la DICOM, pero salvo la defensa inicial y lógica, que en su momento hiciéramos (no hay nadie a quien se le pinche que no brinque y reaccione) hemos decidido mantenernos en bajo perfil y sabiendo, que en definitiva, al estar en internet como periódico digital, los políticos no tienen los mismos mecanismos para tratar de sacar de difusión a los medios digitales y por lo que al final, los desencuentros fomentados tendrán que cesar y terminar.

                         De ahí que recordemos, que en política siempre hay que poner en practica su mejor definición, de que es el arte de la transacción dentro de lo posible y creyendo, que, si se toma la misma al pie de la letra, todo y tan de sorpresa como comenzó, al final también de sorpresa dejará de ser.

                         Además, en este país no hay ese periodista que no sepa, que cuando se llega al periodo electoral, no son ni uno ni dos los programas de radio y televisión que son víctimas de las ambiciones empresariales desatadas y que, previéndolo a tiempo, perfecto que todo puede resolverse. Pero tirándole piedras al poderoso, nunca habrá forma ni manera de que se le escuche y se le satisfagan sus intereses.

                         Piénsese en esto y se verá que tenemos la razón y cuando decimos que, en campaña electoral, el capitalismo salvaje y la politiquería hacen de las suyas y la libertad de prensa cede, no estamos inventando nada y como la política es el arte de la transacción dentro de lo posible, siempre habrá perspectiva de que los desencuentros queden atrás y la libertad de palabra continúe sin cortapisas. Solo es asunto de saber esperar y preservarse como factor de opinión casi imprescindible y con la dignidad debida y el empeño de servirle a la República con la misma entrega sana de cómo ese periodista y ese medio inició su vida pública para contribuir a que las instituciones nacionales se consoliden y también evolucionen.

                         De todas formas, la televisora SIN cometió un grave error al sacar el programa Despertador de su parrilla de difusión, ya que el poder político totalitario que se tiene, no solo que el hecho no lo pasará por alto, sino que le servirá de muleta para reducir a la televisora a simple amanuense del poder. [DAG]