Es demasiado lo que políticamente se arriesga en materia de gobernabilidad, con una embajadora estadounidense en plan abusivamente intervencionista y anti dominicano

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Desde que el presidente Donald Trump llegó a la Casa Blanca, el mundo no ha dejado de conocer, un día en el que el mandatario estadounidense prive en hacerse sentir como si fuera el amo del planeta y al que, por lo tanto, hay que rendirle pleitesías y plegarse a cuanto quiera o exprese, mande o disponga.

            Esa realidad tan desmesuradamente inquietante y en el gobernante considerado el primero entre pares de todas las naciones y el que con su desenvolvimiento aplicando irracionalmente su mentalidad bipolar, ha hecho trizas, tratados, acuerdos entre naciones, políticas internas e impulsado posiciones extremistas de ultraderecha extremadamente populistas y capitalistas al mismo tiempo, no ayuda en lo absoluto a que se le pueda entender como un interlocutor juicioso y sí uno, extremadamente arrogante y escandalosamente jactancioso que no respeta nada ni a nadie.

            Entonces, al ser un presidente que vive envuelto en un verdadero torbellino frenético por el que tanto se va a las manos con el sector mediático, como escandaliza a más no poder a los principales aliados de su país o lo peor, pretendiendo romper el equilibrio de fuerzas entre las grandes potencias e incluso, hasta llevando al límite a mandatarios de otros países con los que no se siente a gusto, no es comportamiento que permita asumir, que se está ante una persona razonable y sí ante uno de criterio y desenvolvimiento anárquico y en muchos aspectos hasta procazmente indecente.

            Porque indecente es, que un presidente de cualquier país se comporte afectando el status quo de su misma nación y lo que se agrava, cuando se trata del estadounidense y quien, como la especie de emperador del mundo, se le supone que debe tener un comportamiento y juicio centrado en lo correcto y equilibrado y como el mejor modo de ganar amigos, fortalecer sus relaciones con los aliados y discrepar en lo mínimo con sus socios comerciales.

            Pero en vez de ello, el señor Trump no conoce limites para comportarse irracionalmente contra todo el mundo y de ahí, que a un año de estar en la presidencia y con probabilidades de ser reelecto en el 2020 y dado que como ningún otro político, representa los intereses egoístas del Estados Unidos rural y el otro obrero de los barrios de las ciudades, nadie puede suponer, que este hombre y desde el salón oval de la Casa Blanca, no hará todo lo que estime posible y con miras de sojuzgar, aplastar, neutralizar o “volatizar”, a todo aquel, país o individuo, conglomerado económico o poder financiero, que entienda  potencialmente delincuente y peor, si también lo asume como un competidor de su país al que tiene que aplastar.

            Dadas semejantes características, este es un señor que no puede ser confiable absolutamente a nadie y tanto, que cuando deje el poder, será seguro que el resto de la humanidad dará un gran respiro, pues por lo que se está viendo, Trump lo entiende todo en blanco y negro y nada de puntos o aspectos intermedios y como al mismo tiempo no lee (todos los informes deben estar resumidos en cuatro líneas. Exactamente como los dominicanos conocimos en los azarosos cuatro años de la presidencia de Hipólito Mejía) que entonces hay que entender que se está frente a una persona a la que el razonamiento se le pudiera conferir categoría de virtud.

            En este sentido, no puede extrañar, que la burocracia estadounidense y a nivel civil como de uniforme y como toda burocracia, presta siempre a ser servil y solo entender el sí señor, haya dado el giro y de un comportamiento irracional y extremista, que adquiere más matices perturbadores al momento de atender asuntos propios de individuos a los que su presidente entiende como de segunda y que es el caso de todos los pueblos y naciones que no son EEUU.

            En consecuencia y ante comportamiento tan desordenado y extremadamente volátil, ningún gobernante en su sano juicio puede inclinarse por confiar en el presidente Trump y quien, en este aspecto, de ser amigo o aliado de alguien, todos hemos visto y por sus experiencias televisivas, que no es una cualidad que cuide y proteja, sino que, por lo contrario, le hace comportarse irritantemente insolente y muy mal educado.

            Factor, que es el que provoca, que en EEUU, ahora mismo, muy pocos se atrevan a replicarle y que por lo contrario, en el ambiente general, se sienta, que aquel que no haya aprendido a ser servil y peor de trato que Trump, nunca será confiable para este y que es el dato, que explica el por qué la mayoría de los funcionarios de su administración e incluidos los del sector diplomático, hayan dado un giro de insolencias compartidas, por las que se hace muy difícil el trato de relación con otras personas, gobiernos y sus gobernantes.

            Al tener lo anterior muy presente y conociéndose ya, lo dicho el pasado miércoles por la postulante a embajadora estadounidense en República Dominicana, al momento que asistió a la audiencia senatorial de aceptación o rechazo, donde la señora comerciante, Robin Bernstein, estadounidense de origen ruso y judío, se explayó en una serie de consideraciones absolutamente irrespetuosas, atrevidas e insensatas, pretendiendo hacer ver, que para ella, los dominicanos y el gobierno dominicano, somos un grupo de intolerables racistas y anti haitianos y provocadores enemigos de la aplicación de los derechos humanos a determinados inmigrantes o hijos de estos y en particular haitianos, que definitivamente, haya que entender, que si el presidente Danilo Medina Sánchez, cae en el error de darle su beneplácito y en el caso de que el senado estadounidense apruebe el nombramiento de la dama como embajadora ante este país, que lo más conveniente y si  Danilo quisiera evitarse dolores de cabeza y desencuentros, peores que los que le ocasionara el ex embajador  y activista homosexual, James -Wally- Brewster, que lo prudente, conveniente y político, es no aceptar a Bernstein, la que en estos momentos y como si no fuera poco, se ha convertido en la estadounidense anti dominicana más furibunda.

            Desde luego, las relaciones políticas entre estados es un asunto solo privativo del ciudadano que sea el presidente de la República, pero como Medina Sánchez no es ninguna especie de extraterrestre y se entiende que está muy al tanto de lo que ha dicho esta señora y lo otro tan significativo, de las preguntas que le hicieran determinados senadores -todos con una visión distorsionada sobre la realidad dominicana- que la mejor sugerencia que al presidente Medina Sánchez hay que hacerle y gratuita, es que por lo menos lo piense bien y sopese los serios riesgos que le ocasionaría la señora postulante y en el caso de que él aprobara su designación.

            Muchos entendemos y por las crispaciones levantadas, que la señora Bernstein, no es la mejor candidata a ser embajadora en este país y mucho menos, cuando dijo, que de venir al país, se ocuparía preferentemente por abogar a favor de “los dominicanos sin patria”, a los que identificó como hijos de inmigrantes haitianos y lo que exactamente no es cierto -al menos, dentro de los aspectos de tragedia que quiso esbozar- pues lo que se entendió es, que ella pretende motorizar una fuerte como terrible lucha social-que de suceder- dividiría totalmente a República Dominicana y consecuentemente, facilitaría los planes de los sectores de la derecha estadounidense y comenzando por la Fundación Clinton,  que quieren la desaparición de este país y en aras de que se fusione con Haití.

            En este aspecto, hay que recordar, que somos muchos los dominicanos que entendemos, que la ignominiosa como infame sentencia del Tribunal Constitucional, la TC-0168-2013 arrebatándole su nacionalidad dominicana a hijos nacidos en el territorio nacional de inmigrantes haitianos y quienes nunca han salido del territorio nacional, y que entendemos  como la sentencia más abusadora y anti derechos humanos que se hubiese pensado que ese tribunal emitiría, pero de ahí a que por ella haya que presumir lo peor, en cuanto a los derechos de esas personas afectadas y cuando el gobierno de la República, al año siguiente emitió la ley especial de regularización del extranjero indocumentado y rescate del dominicano de origen haitiano, la PE-0169-2014, mediante la cual, casi 200 mil extranjeros han sido regularizados y cerca de 55 mil dominicanos de origen haitiano se les ha recobrado su nacionalidad, nos parece una interpretación torcida, que es imposible de aceptar y que por lo visto, es el criterio que anima a la postulante a diplomática y claramente por instigaciones del mismo Trump, quien después de sus fracasos como vendedor inmobiliario en Cap Cana, las tiene y digámoslo casi vulgarmente, cogidas contra este país.

            Si todo lo anterior se toma en cuenta, el presidente Medina Sánchez, tiene argumentos y razones más que suficientes para negarse a aceptar a esta señora Bernstein y la que, de entrada, casi al unísono se ganó la animadversión de casi toda la población dominicana. Ahora, Danilo es el presidente de la República y como tal, es el que tomará la última decisión, pero si quiere reelegirse y no quiere encontrarse con que los estadounidenses le amarguen la vida y le deterioren la gobernabilidad, lo sensato es que no apruebe el nombramiento de Bernstein y para que después no tenga que arrepentirse, pues de darle el placet, se ganará el rencor  de una fuerte mayoría nacional que no se lo perdonaría nunca y que seguro le generaría una fuerte como calamitosa pérdida de votos en el 2020. Y le recalcamos, es demasiado lo que políticamente se arriesga en materia de gobernabilidad, con una embajadora estadounidense en plan abusivamente intervencionista y anti dominicano. Con Dios.  [DAG. Sábado, 10 de marzo de 2018. Año XVI. Número 6,204]