domingo, julio 21, 2024
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¿Estará Abinader actuando bélicamente contra Haití, no por el canal y sí para complacer a sus socios de la burguesía haitiana y sin reparar, que, al hacerlo, se encontrará con un terrible costo político?

Una cosa es, que el presidente de la República actúe  con determinación y autoridad moral en el contencioso abierto a propósito de que intereses de comerciantes  haitianos, quiere aprovechar la situación  en su propósito de ampliar su guerra o ocultas contra la burguesía tradicional de su país y otra, que Abinader, no repare, que viéndosele como asociado a aquella burguesía, cometa el error de fabricar una guerra entre los dos países, que bajo ninguna circunstancia no hay razón del por qué hubiese que emprenderla.

Porque vamos a ver, que los haitianos involucrados en su construcción quieran crear el desvío para facilitar que sus agricultores de una zona geográfica inmediata sean los más beneficiados, no es ni en mucho razón alguna para movilizar al Ejército y haciendo entender que se está dispuesto a librar una guerra contra Haití, cuando la deriva de semejante actitud sería el involucramiento de una cuota de muertos y heridos de lado y lado, que bajo ninguna circunstancia, nadie con sentido común aspira y lo más significativo, que jurídicamente el gobierno dominicano no tiene razón en tratar de impedir la construcción del canal de desvío de parte haitiana, cuando este país ha construido cuatro en tiempos atrás.

En este sentido, parecería que el gobierno haitiano ha sabido mostrarse prudente y flexible y buscando la salida alterna de una discusión diplomática y con técnicos especializados y buscando también un mecanismo correcto de confrontación de ideas, propuestas y mecanismos alternos para mantener la buena convivencia.

Del lado dominicano y si es que Abinader no ha caído en cuenta, su gobierno está cayendo en la peligrosa imagen de que se le entienda agresor y negado a un diálogo aceptable y que, de mantener tal postura, seguro que desde la ONU se le advertirá que no estaría actuando juiciosamente.

Hay que entender, que el gobierno del doctor Ariel Henry y como cualquier otro y en cualquier país, entiende que debe proteger los intereses del suyo en materia de uso de las aguas limítrofes y mucho más, cuando en el caso presente, fue el canciller de Abinader, el que y en un documento de Estado, reconoció en el 2021 que, con la obra, Haití no violentaba los tratados suscritos entre ambos países y que por lo tanto podría emprender la construcción sin problemas de ninguna especie.

Es decir, si en aquella oportunidad los negociadores dominicanos no defendieron adecuadamente los intereses nacionales y que es una responsabilidad que recae en el mismo presidente Abinader como jefe de la política exterior dominicana, no es la parte haitiana la que tiene culpa alguna y en consecuencia, nuestro presidente debió de haber entendido que se imponía una revisión de lo acordado y no bajo amenazas de ninguna índole y sí con negociadores nuevos capaces y de alto nivel técnico y nada prejuiciados.

Con lo que planteamos, nuestros lectores tienen que haberse dado cuenta, de que tenemos tres días puntualizando sobre este particular y advirtiendo sutilmente sobre la cautela que se debe tener, a modo de que el gobierno no caiga en excesos que luego generen un alto costo político en su contra.

Por lo pronto y ante los ojos del exterior, los dominicanos hemos pecado y en exceso, de una absurda demostración de fuerza militar que no tiene ningún sentido, salvo para los antis de lado y lado, quienes ahora quieren pescar en río revuelto a empezando a lograr que el cáncer del ultranacionalismo se le meta a la población de ambos países y a partir del mismo se caiga en excesos lamentables que pongan en peligro la paz social.

Lo que sí estamos viendo, es que siendo la burguesía haitiana y como enemiga de su pueblo, el factor que siempre tendrá interés en no perder la hegemonía y control de pura esclavitud y para mantener bajo dominio a la población de su país, que ahora que una parte de ella es socia del gobierno plutocrático que encabeza Abinader, ha logrado que sea el gobierno dominicano el que vaya a pelear por sus intereses y que, de comprobarse, es un error de grave magnitud para el mismo Abinader.

Ayer decíamos en nuestro análisis político de Estado, que Abinader debía dar marcha atrás a sus cinco puntos iniciados con el cierre de la frontera y la supresión de visados y lo que ahora reiteramos. El debe reevaluar la situación y directamente hablar con el primer ministro Henry y sea en cualesquiera de los dos países o mejor en un terreno neutral como la ONU y ahora que ambos concurrirán a la Asamblea General.

Y esto así, porque si realmente el gobierno dominicano es parte del plan geoestratégico que se tiene para resolver de una vez y por todas el secuestro que los diez mil pandilleros en Puerto Príncipe, tienen de su gobierno y país y que es un accionar absolutamente distinto a la histeria belicista desatada en el gobierno dominicano, no hay razón alguna para caer en este entramado, que para nuestro país y de este continuar, le generaría un alto costo político y que para Abinader en persona, podría hasta ocasionarle la pérdida del poder a partir de las elecciones de mayo de 2024.

Es preocupante y lo que no se puede negar, que mientras el gobierno provisional haitiano busca el diálogo, de parte dominicana se tenga un cierre al mismo y que en cierto modo y a razonamiento a contrario, parecería como si se quisiera dar una demostración irritante e innecesaria de fuerza contra un país amigo y pueblo hermano y por más que los anti haitianos criollos digan lo contrario.

República Dominicana no está en guerra contra la República de Haití, solo hay una discrepancia de puntos de vistas políticos y técnicos sobre un asunto técnico que debió resolverse sin tantas subjetividades y mucho menos, queriendo dar a entender que Haití nos estuviera agrediendo y que no es caso.

Al contrario, y por el inusitado despliegue militar, Haití -gobierno y pueblo- son quienes pueden decir que su contraparte dominicana le está agrediendo y obligándoles a defenderse ante el claro apresto guerrerista, que Abinader en persona está impulsando y del que -repetimos- instamos a que deje de lado. ¿Qué argumento válido el presidente tendría y desde el momento, que, por ejemplo, Haití reclame y denuncie ante el Consejo Permanente de la OEA o ante el Consejo de Seguridad de la ONU, el accionar agresivo y belicista del que realmente se sienta amenazado?

De ahí que digamos, que parecería, que detrás de Abinader hay otros intereses y no dominicanos y sí de la burguesía haitiana, a los que increíblemente nuestro primer mandatario ha cedido y que, de comprobarse, generará más prejuicio y perjuicio para los intereses permanentes de la República.

¿Se entiende el por qué preguntamos que, si estará Abinader actuando bélicamente contra Haití, no por el canal y sí para complacer a sus socios de la burguesía haitiana y sin reparar, que, al hacerlo, se encontrará con un terrible costo político? (DAG) 16.09.2023

 

 

 

 

 

 

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