Gallito, autónoma y sincera

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“Cuando yo doy, no doy de lao ni por atrás, yo doy de frente. El presidente lo sabe, por eso me puso aquí. Como me dijo Macarrulla, el presidente sabe que tiene un gallito aquí”. El alarde de la gobernadora de Montecristi fue en la entrevista concedida a Johedy Minier, productor y conductor de “En las Noticias”, programa que reproduce un canal montecristeño.

La globalización permite que conozcamos al dedillo los pesares de Jeanine Añez, las preocupaciones de Harry, el duque de Sussex. Podemos seguir la cotidianidad en Seúl o en Sidney e incluirla en el despliegue de información que ha sustituido la conversación.

Sin embargo, poco interesan los acontecimientos locales. El día a día en las provincias y municipios es sustituido por la manipulación conveniente. El mundo ancho y ajeno de Ciro Alegría se convierte en estrecho y cercano, circunscrito al entorno, a merced del suceso que la intención convierte en viral.

En la entrevista citada, la representante del Poder Ejecutivo ostenta su poder y recalca la estrecha relación con el presidente de la República. La diseñadora de interiores, hermana del pelotero Nelson Cruz, sabe que puede, por eso habla con tanta fuerza. “A mí, me bajan líneas”, afirma.

Al final del programa anuncia la buena nueva del disfrute del manjar para sus compañeros de partido. Hace la proclama con convicción y jactancia, ajena a que la desafortunada pero sincera declaración trascendería El Morro.

El revuelo causado es conocido. Ha permitido que el deslumbre provocado por su juventud y altivez ceda y la realidad asome de manera patética.

La consigna de lo nuevo como bueno, de la juventud, tan arrogante como inexperta, desempeñando funciones que desconoce, siempre ha sido frágil. Sucumbe, cuando los beneficiarios no tienen el amparo de la competencia ni el compromiso y acuden al padrinazgo para ratificar su idoneidad. Del mismo modo, cuando algún percance afecta a los favorecidos, aflora su indefensión y lucen menores no emancipados. Cría pretenciosa necesitada del auxilio de la parentela.

Sucede con el liderazgo heredado, ese que reclama el ADN para rubricar decretos o avalar la campaña electoral. En el caso de la imperturbable y al parecer inamovible gobernadora, su madre, prevalida del bienestar que el patrimonio asigna y de la incidencia política en su provincia, sale al ruedo para defender a la funcionaria de manera grotesca y violenta.


Cuando la directora de Ética e Integridad Gubernamental-DEIG-ratifica que al poder se va a servir, la madre, tan insolente como “el gallito”, enfrenta al jefe de Estado y a la directora. Utilizando argumentos propios del acervo de la medianía opulenta, insulta y amenaza.

El prejuicio asoma, con el denuesto a las personas mayores. Desafía el régimen que mantiene a la hija en el cargo y la excusa, que obligaron a pedir a la funcionaria, se vuelve nada.

Pertenezco a una generación que comenzó muy joven la vida pública sin que el detalle cronológico fuera estandarte. La capacidad, responsabilidad e identificación con el trabajo, validaba la permanencia en la función, a pesar del momento político. La edad, estado civil, género, no era óbice para que un superior jerárquico del talante de Julio Ibarra Ríos asignara tareas a sus fiscales sin importar hora, riesgo, lugar.

Así se forjó la nombradía de muchos que hoy la exhiben, sin necesidad de buscar el elixir de la juventud.

Llegar sin historia al desempeño de la función pública, permite hacerla, lejos de la vanidad o la banalidad. El exhibicionismo expone las limitaciones y revela compromisos que algunos discursos pretenden negar.

La apuesta es dejar pasar el exabrupto, tratar que otros hechos apañen, encubran. Pasar del espanto inmediato al olvido y que siga la fiesta.

La diseñadora podrá ser “una muchacha buena”, empero, de muchachas buenas está lleno el país. La destitución procede, aunque expondría al presidente a la furia de la madre que ordenaría a la hija, apelando a sus referencias: “no te juntes con esa chusma”. La gobernadora apuntalaría su carrera pública con una renuncia. Luego vendría la recompensa. Por: Carmen Imbert Brugal    [HOY]