Grosero escándalo en la Lotería y que, sin duda, es de proporciones impensables, nos lleva al relato expreso de la corrupción dentro de la administración pública y tanto civil como castrense ….

0
101

Decir que el Gobierno de Abinader es esto o aquello o que muestra poca destreza al momento de designar seguidores o simpatizantes en cargos de la administración, sería plantear una inexactitud a secas y por la simple razón, en cuanto a que también es lógico suponer, que, en una nómina de más de 100 mil personas por nombrar, podrían darse las circunstancias, de que en algún momento se cuele un mango podrido y el que inadvertidamente, de quien se trate, quisiera pasarse de listo.

Por lo tanto, si se hace la observación, se fórmula con el sano propósito de que ciertas situaciones u actos pudieran corregirse y lo que parecería es el interés, si también se nota, que el presidente Luis Abinader da muestras de estar ojo avizor ante el primer error de procedimiento que pudiera cometer cualquier subalterno y lo que se comprueba, viendo el procedimiento de enmienda y corrección que con cada anuncio de decreto que fulminantemente cancela al que se quiera pasar de más tiguere de la cuenta.

Entendiendo entonces la circunstancia, lo que recién acaba de ocurrir en la Lotería Nacional, donde su administrador y todo un grupo de malhechores, les dio por planificar un fraude de 150 millones de pesos tratando de robarse un sorteo y por lo que desde anoche todos están presos y esperando la formulación de cargos, viene siendo y hablando en criollo, algo así como una paja de coco, ante otras ciertas ocurrencias en la misma Lotería, como esa de una asignación se sorteos enteros a favor de los empresarios del juego y como el otro “estilo”, que protagonizara el militante Faña, en el Instituto Agrario, donde por sus prácticas de acoso sexual contra empleadas, terminó por ser sacado de la dirección del IAD, correr cárcel y enfrentar todo un expedito procedimiento judicial, por el que  las medidas de coerción, son las que determinan el destino inmediato de los procesados antes de llegar a un juicio de fondo.

Del mismo modo se han visto otras circunstancias entre complejas y controversiales que tienen que ver con inconductas que tan pronto han sido detectadas y que abarcan también a otros sectores de poder ajenos al Poder Ejecutivo, se toman las medidas preventivas más urgentes y como hasta ahora la señora Ortiz Bosch ha resultado un aliado más que imprescindible y en lo que apunta, es una coherente lucha contra la corrupción desde el despacho del mismo presidente Abinader.

Desde luego, semejante quehacer tan positivo, no implica que haya empleados públicos que se frenen en sus apetitos desmesurados por dinero y poder, pues estamos hablando de dominicanos y todos lo somos y cada uno conoce quien es el que y de su entorno, cojea moralmente y pudiera ser capaz de tratar de pasarse de listo y como recién acaba de ocurrir.

Lo que obliga sí, a que todos y definitivamente nos hagamos un auto análisis que conlleve una autocrítica y hasta descubrir cual es la razón definitiva del por qué la corrupción política, social, administrativa, política, empresarial y hasta religiosa, se haya enraizado de la manera aguda de cómo ha impregnado la psiquis social.

En este plano y si tratamos de ser lo más objetivos posibles, necesariamente que tenemos que convenir, que, en los últimos 25 años, los gobiernos del PRD como los del PLD han sido y para decirlo de algún modo, la “materia prima” de todo cuanto hasta ahora ha significado la corrupción civil y militar y tanto empresarial como gubernamental.

Generando a su vez, la terrible situación, de que el terrible manto de impunidad que los gobiernos de los presidente Hipólito Mejía, Leonel Fernández y Danilo Medina han provocado y aplicándoselo ellos mismos, no solo provocó que los ciudadanos entiendan que lo más natural es llegar al poder para enriquecerse con absoluta impunidad, sino que el efecto pernicioso y perturbador dentro del tejido social, ha terminado por hacer de la mayoría de los dominicanos unos potenciales delincuentes sociales por imitación, que por lo visto, parecería que es una mala práctica que no tiene ni conoce freno alguno y con miras de eventualmente, generar una reparación moral propia.

Ante estas circunstancias, ¿podríamos extrañarnos, de que a su vez, el Estado Dominicano personifica lo que es un Estado absolutamente delincuente?, ¿cómo explicar, que desde el 1966 y por culpa a pota del presidente Joaquín Balaguer, los gobiernos utilizaron el arma, para ellos “estratégica”, de enriquecer a los mandos militares con asignaciones de sembradíos de caña de azúcar pagadas totalmente por los contribuyentes y luego con contratas y asignaciones de obras públicas y que es el germen de la corrupción militar y policial actual y lo otro, de expropiar alegre y festinadamente, millones de metros cuadrados de propiedades inmobiliarias y sin cumplir primero el mandato de la ley, de pagar el justo precio?

Hoy día, la deuda interna oficial y solo por este último aspecto, alcanza unos niveles terriblemente inquietantes, pero y lo que es oportuno decirlo, que solo con la mente amplia y buena voluntad de un presidente sin compromisos con el pasado, como se entiende que es Abinader, se podría iniciar un proceso gradual compensatorio que conlleve los pagos a plazos y sea con dinero en efectivo, bonos de Hacienda, intercambio de deuda o cambio de otra propiedad del Estado para compensar la expropiada o por simple permuta.

A nuestro modo de ver, de Abinader iniciar tal proceso de recuperación moral para un Estado que los presidentes anteriores convirtieron en delincuente, daría el paso firme y necesario para que, en la administración pública, sus integrantes entiendan, que no deben apoderarse de lo ajeno o que altos cargos asuman, que por tramitar expedientes de deuda y como sucedía en los gobiernos anteriores, tenían que lograr un beneficio pecuniario, siempre fuera de toda proporción.

En este sentido, estamos convencidos que del presidente dar el paso, el Estado comenzaría a rescatar y mejorar su reputación, la administración pública se sanearía y los ciudadanos y sectores de poder económico y financiero, entenderían que es hora de volver sobre sus pasos y efectuar las iniciativas necesarias de conducta moral, que esos mismos sectores realizan con los Estados respectivos donde tienen colocadas sus inversiones y cuentas bancarias.

Al traer el tema a debate, entendemos, que no hay dominicano que no quiera que la transparencia, las conductas sanas, la honradez y la civilidad vuelvan a la vida pública y que sean las normas específicas entre la ciudadanía y el Estado y no lo de ahora, que solo en tramites por sobornos de todo tipo y por toda clase de trámite, la empleomanía publica, se queda cada año, con no menos de 10 mil millones de pesos en simples sobornos de poca monta, pero que para los contribuyentes representan perdida de liquidez y tal como si fueran de 100 mil millones de pesos.

De esta manera, el grosero escándalo en la Lotería y que, sin duda, es de proporciones impensables, nos lleva al relato expreso de la corrupción dentro de la administración pública y tanto civil como castrense y arrastrando muy poca calidad humana en ciertos cargos públicos. (DAG)