Guardias y policías están actuando contra la población y como si la Republica estuviese ocupada por un contingente castrense invasor en territorio enemigo. A nada ni a nadie se le respeta y el Gobierno, para su perdición, calla. La población debe enfrentar tales abusos de poder.

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El asunto está pasando de castaño a oscuro, pues guardias y policías, en vez de entender lo correcto, de que el toque de queda tiene la finalidad de resguardar a la población del coronavirus, los altos mandos militares y policiales entienden lo contrario, que la movilidad o libertad de tránsito de los ciudadanos hay que restringirla y obligar a todo el mundo a confinarse.

En este aspecto, ya  no es solo  que miembros de la población pura y simple o de clase media venida a menos y hasta connotadas personalidades como un senador en activo y un ex presidente de la República son detenidos en las calles y sin razón alguna, sino que personalidades como el senador Bautista Rojas Gómez y hasta el expresidente Leonel Fernández fueron detenidos momentáneamente en plena via pública y de una forma tan ruda y alarmante, que esos señores y con justa razón, llegaron a sentirse que sus propias vidas corrían peligro.

Ante los alarmantes acontecimientos de represión policial y militar a gran escala que están surgiendo por doquier y con las violaciones recurrentes a la propiedad privada, el apresamiento abusivo y desconsiderado contra ciudadanos y familias, que en sus propias casas o en los patios de los edificios en los que viven, las autoridades actuantes y sin razón alguna los invaden y apresan abusivamente, se hace evidente que el Gobierno debe detener tales abusos de poder o de lo contrario deberá enfrentarse a los desafueros de sus tropas de uniforme.

Anoche, por ejemplo, una gran parte de los sectores urbanos de clase media y en todo el Distrito Nacional, se lanzaron a una masiva demostración de protesta con cacerolazos y demostraciones claras de ira y nada de contención, mientras desde los barrios populares, poco falta para que se generalicen las agresiones de hecho contra patrullas policiales y militares que no paran en afectar los derechos básicos de cada ciudadano.

Mientras tanto, sorprende que en los residenciales de ricos y en particular donde vive el presidente de la República y su familia, los militares y policías practican un control restrictivo de la libertad individual, bajo el falso criterio de cuidar en extremo y vigilar en acecho amenazante, por lo que, para muchos, se trata de nada menos de una afectación directa de la libertad de movimientos del mismo presidente Luis Abinader y su familia y con el pretexto de que “hay que resguardarlos”.

¿Cómo es posible que Abinader no se esté dando cuenta, de que las tropas que se supone están a su mando, de hecho, le están afectado su propia libertad de tránsito y lo que a otros nos parece un grave presagio de aprestos de presumible dictadura militar inducida e impulsada políticamente por un expresidente que tiene control o influencia real en el ministerio de Defensa?

Aquí hay que definir, que necesariamente no es una acusación directa sobre violación de la libertad de derechos de los ciudadanos y comenzando por la del presidente de la República, por parte de tropas y el expresidente a que nos referimos, sino que efectivamente, parecería que Abinader no controla las tropas militares y policiales a su mando y ante lo cual hay que hablarlo públicamente y demandar las correcciones de lugar y desde luego exigirle al Congreso Nacional que asuma su responsabilidad.

Es de este modo, como, al creciente descontento popular contra la policía y que abarca a todo el territorio nacional, ahora se agrega lo impensable, que las tropas que patrullan las calles, se entienden el único poder efectivo que tiene la República y por lo que  si estas se atreven a detener a un senador, tirársele con gran escándalo atemorizante a un ex presidente y golpear y torturar mentalmente a la población, a la juventud, a la clase media y al extremo de hacerle ver a todo el mundo, que para guardias y policías todos estamos presos, que definitivamente haya que preguntarse, de si con el pretexto del toque de queda el poder castrense no estuviera ensayando algún tipo de proyecto de golpe de Estado.

Teniendo esa posibilidad en cuenta, se hace evidente que los ciudadanos debemos exigir el cese inmediato del toque de queda, el retiro expedito de los militares de vuelta a sus cuarteles, el término firme de los abusos policiales o que de contrapartida, guardias y policías continúen con sus abusos y vejaciones, esperando que la población se tire a las calles y para imponer un golpe de Estado militar-policial.

Si lo anterior es el panorama que se ha puesto en ejecución, entonces y sin más demoras, los ciudadanos debemos actuar con firmeza ante la represión militar y policial, enfrentándola y por las vías de hecho que fueren necesarias. Anoche se dio un primer amago con miles de personas protestando desde sus domicilios y a cacerolazo limpio contra la represión castrense pidiendo el cese del toque de queda.

A todo este desbarajuste, lo que más llama la atención, son las circunstancias de como las tropas actúan, contra el pueblo y contra la juventud. Abiertamente se les masacra, reprime y golpea, mientras a la clase media se la persigue con el control ciudadano más hiriente, en tanto ahora, ni los ricos y tampoco los políticos poderosos de primera línea tienen certeza de que son respetados.

Pero si todo lo anterior es preocupante, peor es lo que hemos descubierto en el comportamiento nada viril del senador Rojas Gómez y del expresidente Fernández, quienes cada uno por su lado, no se han pronunciado públicamente enfrentando al componente militar que les agredió y si esa es la actitud temerosa y huidiza de esas dos altas figuras públicas, ¿qué se puede esperar que los demás ciudadanos hagamos, si altas personalidades de ese nivel y como las que mencionamos, se aterrorizan y no enfrentan -denunciándolos- los actos de fuerte represión militar de los que fueron víctimas?

Y lo otro, que por ninguna circunstancia los ciudadanos podemos dejarnos intimidar por la represión militar y policial que se ha desatado y ante la cual, todos y en todas las formas y al sentir que nuestras vidas están en peligro, tenemos que encarar y enfrentar drásticamente y en cuanto al presidente Abinader, lo único que tiene y debe hacer, es empantalonarse y enfrentar directamente la sedición militar y policial que está en camino.

Por lo que advertimos, que guardias y policías están actuando contra la población y como si la Republica estuviese ocupada por un contingente castrense invasor en territorio enemigo. A nada ni a nadie se le respeta y el Gobierno, para su perdición, calla. La población debe enfrentar tales abusos de poder. (DAG)