Hay situaciones como que no se entienden. ¿Por qué hay personas que se entienden tan importantes, que asumen, que ninguna autoridad y menos el ministerio público, les pudiera investigar o imputar?

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Se entiende, que cuando se ha sido pobre y de la baja burguesía de la periferia de las ciudades, se desarrolla como una especie de sexto sentido y con el propósito de saber medrar y desenvolverse en territorio en el que las carencias son muchas y en los que también, los sinsabores, que son parte del diario vivir, le crean a todo lumpen proletario, una coraza de oportunismo e impertinencia, a quienes por su propio ingenio o inventiva, aspiran a escalar socialmente y si es posible, llegar a lo más alto.

            Salir pues del barrio y hablando con cierta brusquedad, con una mano adelante y otra detrás y tirarse por esos caminos de Dios en procura de una mejor condición de vida, sin duda que es un paso correcto para todo aquel ciudadano que no quiere quedarse en las afueras de la misma vida, sino ser participe de los cambios que faciliten un estado de ánimo mejor y naturalmente, una cierta condición económica más o menos satisfactoria, junto al fomento de una nobleza de espíritu que permita cultivar el alma.

            En ello no hay nada malo y menos vergonzoso y solo sí, una muestra correcta de que la persona ambiciosa y si sabe manejarse y tener las amistades que le ayuden a desenvolverse, al final del tiempo y al mirar atrás, bien que puede decirse o felicitarse así misma, porque supo colocarse en el camino correcto, que le impulsara en los caminos sanos y positivos de la lucha por la vida.

            Por eso, muchos entendemos, que todas aquellas personas hechas así mismas y desde los niveles económicos inferiores de la nación, cuando ascienden en la escala social y hasta llegar a posiciones de prestigio en la política, los negocios, las artes o cualquier otra actividad honrosa para toda persona de trabajo, lo primero que deben hacer y para lograr la satisfacción de una plena evolución, en cuya base descansó todo el  fundamento cierto de las familias que se crean o procrean, es la de liberarse de ánimos de resentidos y entender, que por todo lo que hubiese pasado en esfuerzo para trascender y darse a conocer, ya en la cima que se propuso, es no caer en el error, de hacer que los demás paguen los esfuerzos y retos que les tocó superar.

            Pues si bien es cierto que nadie nace vestido y tampoco sabiendo, sí es una realidad, que el desenvolvimiento económico marca las diferencias de comportamiento y metas en la sociedad en la que se vive y lo que no significa, que en la vida de relación haya que obligar a otros a ser victimas de las mezquindades y resentimientos propios y de ahí, que quien nace en un ambiente de pobreza extrema, jamás puede actuar y ya rico, con esa marcada intención de cobrar en otros, las penurias pasadas y lo que tampoco tiene razón de ser.

          Sin embargo, en el ambiente social dominicano, no son uno ni dos y sí muchos, los casos de personas de éxitos, que, ya superadas las penurias pasadas, son incapaces de superar el complejo de inferioridad que por años les normaba sus vidas y tampoco tienen interés en desenvolverse sanamente como personas realizadas.

            Lo que se comprueba, en los mundos de la política, el poder, la universidad y el periodismo, donde con mayor facilidad se descubren esos brotes de inmadurez emocional y resentimientos apenas ocultos y los que se suceden, porque quienes llegan a la nombradía pública y básicamente, por haber sabido conectar con las personas que podían darle el necesario impulso que todo pequeño burgués requiere para superar las privaciones y obstáculos que siempre y de manera muy natural existen en el camino de la vida, al final y cuando se sienten en la cúspide, tratan de aplastar y humillar a quienes no están al alcance de su posición.

            En República Dominicana, donde con mayor amplitud se nota el fenómeno, es en todos esos individuos de los dos sexos, estudiantes fajadores que van a la universidad del Estado y con miras de lograr el primer escalón para trascender y ya allí, se organizan en grupos de ideas y políticas afines, dominan los sindicatos o asociaciones de estudiantes y las que utilizan como catapultas para dar el salto hacia el mundo político, donde a mediano tiempo, entran a formar parte de los miles de individuos que igual que ellos, ansían encontrar a los referentes de la época que les pudieran servir de padrinos o maestros  y para lo cual, la juventud que les procura, sus miembros, astutamente logran crear una especie de epidermis entre oportunismo y malicia y hasta que al fin sienten que logran conectar.

            A partir de ese paso, es cuestión de tiempo lograr ser parte de algún tipo de equipo contestatario que sepa insertarse en la lucha social, crear alianzas entre los individuos de su misma condición y hasta convertirse en hábiles universitarios politizados siempre dispuestos a llevarse de encuentro a quien sea y para escalar y subir de nivel social cada día más.

            En ese quehacer, muchos lo logran y los menos, se destacan como líderes, pero después que saben esconder sus verdaderos sentimientos y pensamientos y desde luego, sus indomables resentimientos y quienes, con el paso del tiempo, se convierten en altos funcionarios públicos o periodistas de nombradía o referentes sociales de estimar, que es cuando entonces deberán pelearse con sus propios resabios y con tal de no hacer a los demás, víctimas de sus porfiados resentimientos.

            Pero la tentación es muy fuerte. Diríase, que es innata en la condición humana del pequeño burgués proveniente de un barrio o de provincias y solo quienes logran dominar a sus propios demonios, son los que realmente logran triunfar, pero no por tener más poder político, social, o personal, sino porque el tiempo de la madurez les ha dado la oportunidad para efectuar las reflexiones necesarias y las que se maduran más y en la medida que llegan los hijos y los objetivos primeros, ahora cambian y se convierten en el acicate que les alimenta sus egos y para crear en sus hijos, a las personas de éxitos y sin que estas hubiesen tenido que pasar el nivel de la primera escala del que no tiene apellido conocido.

            Si aun y ya cumplidos esos retos primarios, el antiguo pequeño burgués es ahora un gran referente de la alta burguesía y en todos los planos de la vida nacional y el tránsito de la madurez le hace la gran diferencia, entre el camino que tiene ahora y el otro de cómo empezó y el poder que tiene lo envuelve en una especie de serpiente o ser de egoísmo extremo, entonces, cada vez que mire por encima del hombro al que entiende su inferior, cometerá errores apreciables en su mismo comportamiento, sea porque se quiera esconder dentro de una máscara de humildad poco normal y que los demás entienden falsa o que se quiera parapetar dentro de los parámetros del alto cargo en el que esconde su verdadera e insignificante personalidad. En uno o en otro caso, quienes así se comportan y si no se sobreponen, parecería que la vida que han llevado no les ha enseñado nada y como es lo primero, de servir y siempre servir y con nobleza a los demás y aunque alguno se crea más listos y pretendan engañar.

            A diferencia de la política, en el periodismo dominicano, la lucha es dura y de caníbales, los que no eran nadie y ahora se consideran alguien, no esconden sus resentimientos con aquellos otros hijos de clase media que no tuvieron la necesidad de pasar las penurias de los primeros y a partir de ese momento, se desata una peligrosa lucha de clase social, de la que los que siempre fueron pobres de dinero y ahora de espíritu, son incapaces de entender, que a quienes gratuitamente recelan, critican y hasta odian, no tienen la culpa de haber nacido en hogares de determinado bienestar.

          Y de ahí, que muchos de los que ni siquiera, porque han logrado que sus propios hijos dispongan del bienestar que ellos no tuvieron, son incapaces de aceptar que fueron pobres de solemnidad, se encaran con la vida con ánimo de corsario y siempre se comportarán y harán lo que fuere y sin importar como y menos,  atados a una conducta moral y con tal de trascender financieramente y luego detenerse y mirar  a derredor y descubrir, que en realidad, tanto esfuerzo no ha valido de nada, pues al estar siempre inmersos en sus odios y resentimientos, no supieron  hacer y ganar amigos y por eso, aun cuando ya ricos y con determinado poder, en realidad están solos y únicamente acompañados de otros inferiores moralmente a ellos y quienes por un peso o un plato de arroz son capaces de envilecerse y sentirse a gusto.

         Solo hay que conocer ciertos pasajes, de esos en los que la vida pone a prueba y como sería, que ya con nombradía y poder económico o con influencia política, periodística o gubernamental, de improviso la autoridad pública le requiere y por entenderle, que algo no muy limpio hay en su camino al éxito y de pronto, el personaje imputado, siente que el mundo se le desploma y en vez de sobreponerse y serenarse. Entonces desafía, amenaza y zahiere y es cuando el lumpen del pasado vuelve a la vida y si no lo domina, el poder del Estado y en el caso que hablamos, podría perderle. ¿Quién ha visto que las palomas disparan a las escopetas? Entonces, es menester tener muy en cuenta, que hay situaciones como que no se entienden. ¿Por qué hay personas que se entienden tan importantes, que asumen, que ninguna autoridad y menos el ministerio público, les pudiera investigar o imputar? Con Dios. [DAG. Jueves, 10 de mayo de 2018. Año XVI. Número 6,306]