Hidrocarburos. Una cosa es explorar y otra pactar teniendo presente los intereses permanentes de la República y otra, hacer demagogia haciendo creer que la situación está resuelta y que nadamos en petróleo

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Por años, siempre se dijo que este país flotaba dentro de un mar de petróleo y nunca se precisaba la certeza de semejante dato. Luego y con lo de Charco Largo en el gobierno de Antonio Guzmán (1978-1982) se hizo la pantomima de aquel espectáculo circense de que “tenemos petróleo” y que llevó al líder del PRD, Peña Gómez, a dar un brinco de euforia en el acto en el Palacio Nacional, que provocó, que los medios de la prensa mercancía tradicionales amplificaran lo dicho como que, en verdad, el anuncio era un asunto de materialización inmediata.

Han pasado 42 años de aquel espectáculo de pura propaganda política y nada. Hasta que ahora, el presidente Luis Abinader vuelve sobre lo mismo y porque sus técnicos del ministerio de Energía le han hecho creer, que una concesión concedida en el 2019 por el gobierno anterior, adjudicando  la cuenca SP2 de San Pedro de Macorís, “para la exploración y posible explotación petrolera costa afuera” a una firma estadounidense y dentro del conjunto de otras concesiones basadas en el mapa geológico exploratorio, podía ser una posibilidad, que ahora políticamente se quiere explotar propagandísticamente.

Recordamos que, a esa fecha, ya se sabía que, de existir una fuente de hidrocarburos, la misma estaría a tres kilómetros de profundidad y lo que, a aquel momento, su exploración resultaba incosteable. Sin embargo, los expertos insistían con explorar con mayor éxito las probabilidades de crear fuentes de energía barata en base a la energía solar y del aire y que de haberse hecho en aquellos años, ya esta Republica podría ufanarse de disponer, por lo menos de un 25 % de energías renovables.

Como siempre nada se hizo, los intereses en juego -nacionales como extranjeros-impidieron que la parte política hiciera su trabajo y motivara el accionar inmediato para lograrlo y que ahora, viendo hacia el pasado, tampoco se podría augurar que habría un éxito de inmediato, sino que para la empresa contratante sería el aseguramiento de tener presencia en el área otorgada, para que cuando el petróleo se encuentre por otra compañía de mayor calado y experiencia, la de ahora tenga un posicionamiento asegurado que le reditúe pingues beneficios en base a un amáraco exploratorio, en el que sus técnicos dicen que les obligara a gastar cinco millones de dólares.

Por supuesto que no negamos la probabilidad, de que algún día, inversionistas (no mercaderes) logren el éxito en sus exploraciones, pero ahora mismo y por datos que nos acompañan desde hace años y derivados de visitas giradas en plan investigador a Brasil como a Cuba a finales de los años noventa del siglo pasado, lo único que sacamos como información confiable, fue, que así como Cuba había podido generar una explotación petrolera en base a unos hidrocarburos de inferior calidad, que desde hace años le permite tener un abastecimiento propio que le suple el 25 % de sus necesidades energéticas, igual podía suceder en el territorio nacional y nuestras cuencas marítimas y si realmente el interés nacional por la exploración de semejante bien estratégico, no es maleado por la corrupta burguesía y burocracia criollas que nunca han permitido que inversionista extranjero que llegue en plan serio, pueda desenvolverse, a menos que este pague “el peaje” que se les exija.

 Y como bien conocen en la gobernación del Banco Central y la Junta Monetaria, que tal ignominia acontece y como ahora mismo está sucediendo con unos inversionistas italianos y del Vaticano, que reclaman que se les firme la documentación que avala que tienen depositados en el sistema financiero criollo mas de cien millones de dólares para iniciar sus actividades de trabajo.

Como los expertos conocen, la exploración de hidrocarburos básicamente busca petróleo crudo y gas natural, en tanto los intereses dominicanos en juego y a espaldas del país, actuando como intermediarios, solo les interesa cuanto podrían quitarles de dinero a los inversionistas y para beneficiarse así mismos. Panorama, del que hasta ahora no ha habido gobierno y desde el 1962 a la fecha, que lo hubiese podido corregir o eliminar.

Por lo pronto y ya que el anuncio oficial no dio datos sobre la empresa estadounidense con la que se firmó el acuerdo de exploración, averiguamos en Google, que “Apache Corporation es una corporación petrolera y gasífera independiente con sede en Post Oak Central, Uptown Houston, Texas, Estados Unidos de Norteamérica. ​​Y cuyas oficinas centrales se encuentran en Houston, Texas, con ingresos anuales al 2019 de 6 mil 315 millones de dólares y que está operando desde el 1954, originalmente en Minneapolis, Minnesota”.

O sea, en apariencias es confiable, pero también hay que tener en cuenta que con este tipo de corporaciones nunca se sabe y lo que obliga a puntualizar, de que en el Poder Legislativo y antes de darle luz verde a la exploración, deben efectuar minuciosas indagatorias, sobre todo, cuando llama la atención, que para realizar la exploración, de antemano, se ha pactado un 40 % de beneficios para República Dominicana y un 60% para la empresa estadounidense y lo que a primera vista parece muy ventajoso para esta, pero que si se averigua su estructura de costos y el cuido subsiguiente en materia medio ambiental, quizás podrían entenderse los montos fijados.

Lo que debe puntualizarse y aun cuando el presidente Luis Abinader, tuvo el tacto de advertir que Apache Corporation hará  una inversión inicial de US$5 millones para la exploración en los primeros cuatro años, mientras que en la segunda fase de tres años, se contemplan otros ocho millones de dólares y que también realizará las inversiones en la fase de exploración a su propio costo y riesgo, mientras en un tercer período garantizará la perforación de un pozo exploratorio, y ojo, que “de resultar exitoso el hallazgo de petróleo, la inversión en explotación alcanzaría unos 100 millones de dólares”.

Por eso decimos que, en materia de hidrocarburos, una cosa es explorar y otra pactar teniendo presente los intereses permanentes de la República y otra, hacer demagogia haciendo creer que la situación está resuelta y que nadamos en petróleo. De todas maneras, no creemos que el Gobierno se deje tomar de tonto o que mucho menos no haya prestado la debida atención a lo que está haciendo y que acaba de firmar y ante lo cual, reclamamos que el Poder Legislativo sea cuidoso en extremo y sin duda alguna, teniendo la última palabra. (DAG)