Humanismo tecnológico

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Será la pandemia, las clases virtuales en las que los alumnos no son precisamente los que han salido ganado o el confinamiento que obliga a relacionarse de otra manera. Será todo eso o nada de eso… pero algo está cambiando en el análisis que hacen los especialistas sobre la relación de las máquinas y los humanos.

Ente nosotros y nuestras pantallas.

La tecnología que nos forma y entontece. La que se supone que enseña porque encierra todo el conocimiento del mundo pero que no sustituye al saber ni al buen maestro. La que nos empieza a superar cambiando nuestra forma de vida sin que la controlemos o hayamos pensado las consecuencias.

Después de años (¿décadas?) de despreciar y arrinconar a las Humanidades, un movimiento lucha por devolver a los contenidos educativos el alma que les falta. Así, al movimiento por las asignaturas STEM (ciencia, tecnología, ingeniería y matemáticas) se le ha sumado la A de arte: STEAM.

Usar la tecnología y todas sus ventajas desde el punto de vista del ser humano. Utilizar la tecnología por lo que nos facilita y proporciona, no como un fin en sí mismo o como objetivo final. Aprovechar el impulso que otorga, pero no circunscribir la formación a saber manejar cuatro botones, vienen a decir los defensores de este nuevo enfoque. Humanismo tecnológico, insisten es lo que necesitamos y que ha quedado más claro tras los meses de pandemia.

Historia, filosofía, literatura, lengua… todo el saber que empezaba a ser descartado y que ahora es indispensable para utilizar con mejor sentido las máquinas. Por Inés Aizpún [ Diario Libre]