Humo y espejos y violación sistemática del poder de las leyes y de la Constitución

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Solo los políticos, son quienes se inmiscuyen en los asuntos propios de otros y de determinadas banderías políticas y ante lo cual, el periodismo por un lado y los analistas políticos por el otro, no estamos llamados a avivar las discusiones, disparidades y contradicciones que se susciten y menos, cuando se está en juego la misma vigencia de la institucionalidad bien entendida.

Pero el lastimoso como fracturado sistema político que nos rige y no en base al estado de derecho y sí sobre lo que quieran los políticos, quienes, cobijados dentro de la más vil partidocracia, hacen trizas las leyes y atentan groseramente contra la Carta Magna y sin importarles en lo absoluto precipitar a la nación hacia una controvertida situación de derecho que solo hable de abyecta tiranía política partidaria y en la que todos están comprometidos.

Es decir, a lo largo de los últimos diez años, la nación ha visto como la clase política que nos damos, no le importa hacer de la Carta Magna un simple pedazo de papel y entendido como lo peor en materia de irrespeto sostenido hacia la vigencia de nuestras instituciones jurídicas.

Por eso, con el desparpajo e impudicia de como se muestran, la anestesiada ciudadanía no le queda otra y ante su grave impotencia por comprobar como los políticos les conculcan sus derechos y en la medida que unos bajan o suben en el poder y con esa falta tan grave de respeto a la institucionalidad, de golpe han establecido un demoniaco sistema de castas, por medio de las que, unos y otros se engañan así mismos y hasta justifican sus desmanes y con tal de prevalecer.

En el camino, queda la victima propicia. Una ciudadanía que con asombro ve que su clase política no es tal y sí un funesto grupo de gavilleros solo dispuestos a interpretar leyes y Carta Magna dentro de unos parámetros tan irregulares, que tampoco les importa, que en alguna ocasión, la población o una parte de sus fuerzas vivas, se canse y accione punitivamente frente a una clase política que ya no le representan.

Sin duda, que llegar a esa conclusión no es nada halagüeño y mucho menos, cuando a quienes se critica, lo que se destaca, es al manejo turbio, descarado y abusivo de toda una nueva generación política que hasta ahora sus personeros se comportan como señores de horca y cuchillo y sin importarles como emular al peor de los dictadores.

Es así, como de golpe y en menos de tres meses, el gobierno del presidente Luis Abinader ha estado ofreciendo acciones que se creían aisladas de manejo autoritario del poder y dentro de un contexto extremadamente peligroso para la gobernabilidad y que ante los años anteriores, desarrollados en base a gobiernos despóticos y originados en elecciones libres, viene a marcar el paso y de cara hacia un grave conflicto constitucional que a corto plazo y aun cuando ahora no lo parezca, pudiera estallar.

¿Cómo es posible que un circulo de personas de clase económica alta y asociados en las lides del poder con un acusado ejercicio de manera personalista y a quienes se les cree sin las mañas del pasado, de pronto, ejercen el poder de forma tan arbitraria, que sea imposible no entender, que el nuevo régimen está transitando un peligroso camino de sorpresivo culto hacia la personalidad presidencial y en base a un inusitado despliegue de propaganda inducida propia de una dictadura y hasta provocar que el Poder Ejecutivo avasalle al Poder Legislativo y paralelamente al  Poder Judicial?

¿No fue esa, la perturbadora imagen que se dio ayer, con una parte del Congreso Nacional haciendo trizas la institucionalidad y en base a una interpretación extrema del articulo 178 de la Carta Magna, que no honra en absoluto la seriedad y sentido común que deberían demostrar los legisladores y el liderato político al que se deben?

El referido articulo y que se encuentra en el titulo VI del Consejo Nacional de la Magistratura tiene 8 incisos y cada uno más descriptivo que el otro y especifica bajo el titulo Integración: “El Consejo Nacional de la Magistratura estará integrado por: 1) El Presidente de la República, quién lo presidirá y en su ausencia por el vicepresidente de la República. 2) El presidente del Senado;3) Un senador o senadora escogido por el Senado que pertenezca al partido o bloque de partidos diferentes al del presidente del Senado y que ostente la representación de la segunda mayoría; 4) El presidente de la Cámara de Diputados; 5) Un diputado o diputada por la Cámara de Diputados que pertenezca al partido o bloque de partidos diferentes al del Presidente de la Cámara de Diputados y que ostente la representación de la segunda mayoría; 6) El presidente de la Suprema Corte de Justicia; 7) Un magistrado o magistrada de la Suprema Corte de Justicia escogido por ella misma, quien fungirá de secretario y 8) El procurador general de la Republica”.

En este punto, hay que hacer un alto y decir, que gracias al lenguaje rebuscado que utilizan los políticos cuando quieren decir algo que exprofeso saben que van a violar en el momento que las circunstancias se lo indiquen, es difícil encontrar en el texto constitucional una explicación lógica respecto a qué significa “la segunda mayoría” y lo que facilita las cosas para que la discusión se haga interminable y al final haya que ir al Tribunal Constitucional donde la política y revestida de supuesta legitimidad constitucional exprese su última palabra.

Cómo decíamos al principio de este análisis político de Estado, cuando se está en juego la misma vigencia de la institucionalidad bien entendida, el análisis político debe dar paso a la racionalidad y el sentido común y no inmiscuyéndose en un grave asunto de trampas y felonías, que en su momento va a conspirar contra la paz social y aunque no lo parezca, el que los políticos y a pota, crean.

De esta manera y con este entramado, se descubre que el nuevo gobierno ya lleva dos decisiones seriamente inquietantes para la gobernabilidad. La primera, fue la designación “provisional” del ejecutivo principal del Instituto Nacional de Aguas Potables y Alcantarillados (INAPA) Wellington Arnaud y la segunda, esta de ahora y que habla de una sutil tendencia del Ejecutivo Nacional a apartarse de la ley.

De ahí que cautelarmente prefiramos esperar el desarrollo de los acontecimientos y por la simple razón, de que vemos que el Poder Ejecutivo y su partido, está transitando una retorcida explicación y adaptación a la ley, que nos obliga a vigilar y esperar y manifestar crípticamente, que se está ante lo más parecido a humo y espejos y violación sistemática del poder de las leyes y de la Constitución. (DAG)