Indisciplina social

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“Mucha gente ha pasado a ver normal el robo al Estado… Hemos percibido con dolor el acrecentado deterioro de valores morales y cívicos, como la honestidad, la decencia, la vergüenza, el decoro, la honradez y la sensibilidad ante los problemas de los demás” …

La cita fue dicha por quien usted menos se imagina y se dio en un contexto en cual se criticaban los sobornos, el fraude académico, la chabacanería, la comercialización ilegal de bienes y servicios, la aceptación de sobornos, las construcciones ilícitas, pero, por sobre todas las cosas, las indisciplinas o comportamientos inadecuados a nivel colectivo.

Era el año 2013 y el entonces presidente de Cuba, Raúl Castro Ruz, se refería al deterioro social que vivía su país, creo que sin saber que, lo que todavía carcome su burbuja socialista, no es un problema exclusivo de allí, sino que es un cáncer que se extiende por nuestras islas caribeñas sin cura aparente y que ha degenerado en una indisciplina social que no sé si tenga vuelta atrás.

Este fin de semana fue un ejemplo de ello. Aquí en República Dominicana vimos cómo miles de personas desafiaron las directrices gubernamentales y se aglutinaron para una fiesta de playa en Las Terrenas en abierto desafío al mandato oficial. Lo mismo ocurrió en Puerto Rico, donde usando lanchas de lujo, miles de personas violentaron el distanciamiento social en un cayo, faltando el respeto al bienestar común. En Cuba no celebran la Semana Santa, pero las indisciplinas se dan de otra forma, llamando a fiestas privadas y “underground” que tienen el mismo efecto.

¿Qué es lo que pasa en nuestras sociedades? Esa indisciplina social no nace espontánea. Tiene la misma raíz que la corrupción institucional, que los periodistas que venden su conciencia, que los jueces que ponen precio a la justicia o que el ladrón que roba en una iglesia. La raíz está en la cúpula que asume el poder, en los ejemplos que da y en el mensaje que manda a quienes dependemos de sus decisiones.

Nuestros países han sido tomados por una manada de ladrones que desde todos los sectores han instaurado la corrupción como un valor cotidiano y hoy vemos como normal esa conducta delictiva, la cual debería ser contraria a la decencia y, por encima de todo, motivo de vergüenza colectiva y de indignación social. Por: Benjamín Morales [Diario Libre]