¿La corrupción de antes, la de ahora o la que viene? O lo otro, ¿de una persona decente parada donde le corresponde?

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Sin duda que para todo gobierno que comienza, su reto mayor es tratar de que las apetencias humanas desaforadas del burgués desesperado por ser rico, quien en líneas generales siempre ocupa los principales cargos públicos, sean unas que estén dentro de la normativa que permita que los controles y contrapesos funcionen juiciosamente.

Pero hasta ahora la historia ha sido otra y siempre reiterada. Parecería que no hay formula, disposición o instructivo que haga valer a los ciudadanos, que al poder se va a servir juiciosa y noblemente a la República y sin caer en excesos persecutorios o de procura de enriquecimientos desmesurados, que al final coloque a cualquier gobierno y al partido que lo sustenta, en el banquillo de los acusados.

En este aspecto y la verdad sea dicha, NINGUN partido de los que hasta ahora ha pasado por el poder y en líneas generales, en base a propaganda falsa y mentiras desmesuradas, ha podido salir indemne de las acusaciones sobre corrupción más controvertidas y esto ¿por qué?

Porque el votante y en la mayoría de los casos, no concibe que sus amigos y allegados lleguen a alguna posición pública de poder y no le premien con un cargo por el que pudiera enriquecerse desproporcionadamente y que conste, la historia política dominicana y desde antes del 1916 hasta la fecha, siempre ha sido una de latrocinios, prevaricación, robos al erario público y estandarizada colusión con el auxilio mediático más significativo y por lo que siempre, en la mentalidad dominicana ha quedado enraizado aquello, de que al poder se va a robar y distraer los fondos públicos y en la medida que esos individuos se enriquecen, tirarle cananas a quienes con envidia y desde sus propias miserias morales, lamentan y llenos de sarcasmo hipócrita, no haber podido escalar socialmente y gracias a la mentalidad depredadora que les domina.

Tomemos de ejemplos dos casos y a nuestro juicio paradigmáticos, de funcionarios del pasado gobierno y ahora de funcionarios del nuevo, que no han tenido escrúpulos ni remordimientos de ninguna especie para saber aprovechar su paso por el poder y con el solo propósito de hacerse millonarios y lo suficiente, como para tener una cuenta bancaria con cuyos fondos pudieran pagar los abogados, fiscales, jueces y malandrines mediáticos que se requieran al momento de salir del poder y tuvieran que enfrentar las persecuciones judiciales del Ministerio Público y jueces allegados a este y amargándoles sus existencias.

De este modo y teniendo la perspectiva y por lo que se está viendo, el gobierno de Danilo ha sido una bochornosa muestra de un grupo de familias pobres de solemnidad o de clase media venidas a menos, quienes presionando al propio gobernante, pudieron doblarle el brazo y aquel gobernante, que en sus primeros sesenta días enfrentó a su corte familiar y por negarse a facilitarles que se enriquecieran y no con sentido común y sí con mucha desmesura, al final resultó, que su brillante hoja de servicios a favor de la República quedó enlodada de arriba hasta abajo.

¿No fue eso lo que le ocurrió al hermano mayor del expresidente o al otro en plano inferior, hermano de la primera dama y quienes ahora guardan prisión preventiva junto a otros turpenes y la mayoría sacando cuentas de cuanto les costará salir de prisión y tribunal al menor costo posible? ¿o también se va a negar, que, en los ocho años de Medina Sánchez, se vio claramente que la rama de la justicia represiva dependiente del Poder Ejecutivo y herencia de Leonel Fernández el gobernante anterior, cuyos adláteres, también buscaban lo suyo dentro del formato de agravios e inconductas ya generalizadas?

¿Y ahora con el escándalo del jefe militar que es el espaldero principal del expresidente Medina, a quien, y de acuerdo con los subprocuradores de la Pepca formó una fortuna de 3 mil millones de pesos en ocho años (un poco menos que su antecesor) mientras en la actualidad y como muestra de la corrupción a futuro, en apenas 8 meses de gobierno, hay funcionarios y allegados, quienes de golpe ya son millonarios y no por santas razones y sí por las peores intenciones?, ¿y se podría dejar sin mencionar al expresidente Mejía? ¡Desde luego que no!

Entonces y si esto es así, la realidad es, que la mayoría de los dominicanos tienen una raíz genética auténticamente delincuencial y que enquistada dentro del país político, no deja absolutamente nada a la imaginación y al punto, de que gobierno que sube, lo primero que hace es perseguir a los medios de comunicación digitales, radiales y televisivos propiedad de periodistas y también a los comunicadores en las redes sociales y al tiempo de fraguar paralelamente un nuevo brote de periodistas y comunicadores bocinas solo al servicio de la propaganda oficial, al tiempo que saca “licencia operativa” con fines de concitar alianzas con los barones mediáticos, sus medios y propiedades y empresas, que les sirvan de soporte para cuando la prensa critica independiente pretenda preparar los parámetros de cuestionamientos, a quienes al llegar al poder y con hambre, a los pocos meses dan muestras de enriquecimiento desproporcionado difíciles de ocultar.

Desde luego, no todos los funcionarios y sus gobiernos pueden ser medidos con la misma vara y menos ahora, cuando todo el gabinete presidencial está conformado por millonarios e igual, cerca del cincuenta por ciento de los que conforman la segunda y tercera línea dentro de la administración, pero no se puede ocultar, quienes y en menos de ocho meses han sido sometidos a la justicia y otros tantos, hasta por braguetas flojas o los otros asociados clandestinos recogiendo las migajas que de uno u otro modo el poder reparte y esto último por una razón muy balaguerista: hay que dejar comer al boa, pues al fin y al cabo, el realismo político, es decir, la gobernabilidad debe de imponerse.

En el caso presente, el gobierno plutocrático presidido por Luis Abinader, tiene una ventaja sobre los anteriores, sus miembros no tienen por qué distraer recursos públicos a su favor o de sus allegados y sí actuar con la necesaria, disciplina, sobriedad, integridad y honradez estratégica que se espera de sus miembros a favor de la nación. Solo hay que ver y comprobar el accionar funcional de funcionarios como el mismo presidente Abinader, el ministro administrativo Paliza, Vicente, el de Hacienda o del mismo administrador del Banco de Reservas, Pereyra Rojas, quienes hasta ahora, parecería que pasan la prueba de honestidad Uno y que viene siendo la muestra más elocuente, de que cuando un gobierno nuevo quiere trabajar bien y tiene personas con ese propósito, nada impide que el trabajo se haga bien y que la República salga ganando.

En consecuencia, al tener todo lo anterior en cuenta, es que preguntamos ¿la corrupción de antes, la de ahora o la que viene? O lo otro, ¿de una persona decente parada donde le corresponde? Juzgue el lector. (DAG)