La democracia totalitaria que se tiene es el fundamento abusivo del aparente “estado de derecho” que niega a los ciudadanos autogobernarse y para que la partidocracia tiranice aún mucho más a la República. Nuestra democracia es pues, un gran fiasco y estafa. Corrijámosla

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Solo quienes se benefician del actual estado de iniquidad e ilegalidad absolutas y en base a partidos políticos que se confabulan para manejar, manipular, destruir o inutilizar la Constitución de la República y de acuerdo con el momento que les convenga, son los únicos que pueden decir que, dentro del actual ámbito de corrupción generalizada, en la República se está bien.

La demostración más palpable de este argumento, se comprueba en la composición de las cámaras legislativas, así como en la mayoría de los consejos consistoriales municipales, donde los primeros que violan las leyes y resoluciones que dictan, son los propios partidos políticos y por vía de sus desaprensivos agentes instalados en estas y en donde el interés ciudadano es dejado a un lado y para que prevalezca el inescrupuloso como abusivo concepto y altamente egoísta, de solo legislar para beneficio de toda esta claque de desaprensivos delincuentes, que en honor a la verdad, están y con total impunidad e inmunidad, depredando los recursos públicos.

Es por ello, que debido a la asociación de malhechores que la partidocracia ha formado, la corrupción y en sus muestras más significativas, se le ha impuesto a la nación y a todo el mundo y precipitando a la República dentro de lo más parecido a un tejido criminal, apoyado y en la generalidad de los casos, por los mass media y periodistas, comentaristas y reporteros, de una prensa mercancía, en la que nadie puede meter las manos por sus propietarios, los barones mediáticos, quien sin duda alguna, ha enseñado a este pueblo a robarse a sí mismo y desde que la ciudadanía se ha dado cuenta, que esa prensa solo les sirve a sus dueños y empleados ejecutivos, como palanca de chantaje y presión para que los poderes públicos organizados hagan solo lo que la misma quiera.

Precisamente por esta situación tan irregular, es que Haití y no porque sea “el país más pobre de América” y lo que rotundamente no es cierto, toda vez que si fuera así la oligarquía árabe y turca que domina su esfera de negocios, haría tiempo que se habría ido de la nación transfronteriza y que como hemos visto, ha sido todo lo contrario.

En Haití ha ocurrido y lo que debe tenerse muy en cuenta a la hora de analizar su vida política, social e institucional, que los ricos comerciantes y sus políticos, han destruido sus instituciones, vulnerado la esencia democrática de su sistema de gobierno y alentado el enorme pandillaje, que bandas criminales de pueblo,  que en la mayoría de los casos son controladas por las mafias políticas y empresariales “legales”, han provocado e impulsado una destrucción a conciencia de su estado de derecho, inadmisible, en una nación que para 1801 fue la primera del Continente en independizarse y una de las diez en el mundo.

Por eso y tomando de espejo a la nación transfronteriza y ahora que tenemos el primer gobierno plutocrático conformado por una sensible presencia de descendientes de tercera generación de inmigrantes árabes o turcos y nada desconocidos para sus paisanos en el occidente de la isla, que definitivamente halla que llamar la atención y no tanto porque el gobierno que preside el economista, Luis Abinader, pudiera ser un calco de sus “tocayos” haitianos de origen árabe y otomano, sino precisamente, porque entendemos que este presidente de 54 años de edad, es el más idóneo recurso que República Dominicana tiene para desprenderse del fatídico lastre que representan partidos  y organizaciones de la sociedad civil, todos hermanados en un solo propósito de desarticular el sistema democrático y tratar de destruirlo y por añadidura, destruir el nivel y calidad de vida existentes.

En este sentido, no nos vamos a cansar de proclamar, que si en los últimos 60 años la partidocracia ha sabido enajenar y desarticular nuestro sistema político y social y ahora intentando afectar el económico, que por obligación haya que entender, que todos los ciudadanos deben tener conciencia sobre el terrible peligro que se cierne para esta nación y si por cobardía, los ciudadanos dejan que la tiranía partidocrática y de aquí al 2024, aniquile nuestro sistema de gobierno y hasta convertirnos en un estado fallido que no pudiera tener vuelta atrás.

Para comprobarlo, solo hay que ver, que la corrupción a gran escala impuesta por los partidos y comenzando por el Revolucionario Dominicano (PRD) en el 1962-1963 y siguiendo luego en el periodo 1978-1986 y para continuar con el lapso 2000-2004 con la quiebra de cuatro instituciones financieras que precipitó a la República a una deuda de 4 mil millones de dólares en el 2003 y en contubernio azaroso, que facilitó las cosas para la entrada de los gobiernos del Partido de la Liberación Dominicana (PLD) donde los matices de pillaje desde el poder no tienen punto de comparación y disfrazados de toda una serie de iniciativas aparentemente desarrollistas que pudieron generar la fallida clase media que ahora se tiene, es la muestra más desconcertante de toda una tiranía partidocrática de absoluta escrupulosidad y amoralidad.

Tanto, que entre el lapso 1996 y 2020 las alianzas partidarias entre los partidos Reformista Social Cristiano (PRSC) PRD, PLD y toda una sarta de partidos minoritarios como el BIS, PQD y otros de igual calaña, solo entre ellos y en el lapso que señalamos, propiciaron la debacle moral de la vida institucional dominicana y al extremo, que apandillados, mayoritarios y minoritarios, provocaron que más de 10 mil millones de pesos y esta cifra sumamente conservadora,  cayeran presumiblemente en las manos de sus dirigentes y como especie de “botín de guerra” que afectó a la nación y hundió a tanta gente en el envilecimiento amoral más significativo.

De ahí, que con toda responsabilidad aboguemos por la destrucción absoluta de la partidocracia, el encarcelamiento de sus agentes ladrones, tránsfugas y criminales desde el poder  y en particular sus expresidentes  e igual contra sus asociados dentro de la infame prensa mercancía, así como dentro del sector empresarial “plural” que controlan los barones mediáticos y quienes a grandes rasgos, tienen el doble de culpa moral que los mismos políticos y por la grave corrupción moral, social, política y empresarial que abate a esta nación.

De no suceder, entonces esta República va a grandes zancadas hacia un estado fallido peor que el haitiano y lo que la gente decente, que la hay, debe y tiene que evitar.

En consecuencia, hay que decir, que la democracia totalitaria que se tiene es el fundamento abusivo del aparente “estado de derecho” que niega a los ciudadanos autogobernarse y para que la partidocracia tiranice mucho más a la República. Nuestra democracia es pues, un gran fiasco y estafa. Corrijámosla. (DAG)