La doctrina del fruto del árbol envenenado, si aquí se aplicara y tal como debe de ser, serían cientos los involucrados y decenas los imputados por corrupción de Estado, que podrían salvarse o atenuarse sus hechos y si se comprobara, que fueran transgresiones

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Para empezar, lo primero que hay que conocer y distinguir, que cuando hay una situación de entrampamiento entre instituciones y no importa de la índole que estas sean, siempre el recurso del intermediario que logra coincidir posiciones es una actividad legal que siempre será bien recibida por las partes en conflicto.

            En ese sentido, el individuo o la empresa que hace lobismo (loby en inglés) o mejor entendido, tráfico de influencias y si esta actúa en apego al ordenamiento jurídico y no pervierte la función y como es el caso del intermediario en lo de Odebrecht, Angel Rondón Rijo (que es el responsable directo de un ilícito a gran escala y al prestarse a violentar el estatuto constitucional del país, facilitando sobornos con la finalidad de que la multinacional brasileña consiguiera contratas de obras de construcción y apoyo popular vía campañas mediáticas manipuladas) siempre la intervención de ese tipo de especialista es bienvenida y mucho más, si los resultados de su actividad son transparentes y los honorarios que se generen, se comprueban con el pago inmediato de los impuestos por ingresos profesionales.

            De ahí, que los individuos y empresas que se dedican por igual a esta actividad de lícito comercio y de lícito ejercicio profesional, nunca son tenidos como delincuentes potenciales y menos de cuello blanco y al ser su ocupación, una actividad legal, que el Estado reconoce como tal y al mismo nivel de los ingresos que tienen los ejecutivos de cuentas (vendedores) con cada contrato de servicios o de compras que gestionan.

            Sin embargo, hay que hacer notar, que como en este país, “el hombre del maletín” que es la metáfora de como el público conoce al carroñero que a escondidas hace negocios de intermediación, caracterizándose por no tener escrúpulos de ninguna naturaleza y por hacerlo todo ilegal y clandestinamente  y que es el caso del imputado por corrupción, Rondón Rijo, ha quedado fijado en el ánimo popular y no sin razón, como lo peor del tráfico de influencias a lo dominicano y por lo que la actividad ilícita haya sido distorsionada y tanto, que la misma actividad lícita y noble, es mal interpretada. Para mayor claridad del término, recojamos la descripción de WikipediA a modo de mejor referencia: “lobby es un colectivo con intereses comunes que realiza acciones dirigidas a influir ante la Administración Pública para promover decisiones favorables a los intereses de ese sector concreto de la sociedad”.

            Entendido lo anterior, a lo simple, la doctrina del fruto del árbol envenenado, que es de origen sajón, lo que quiere decir, es que sin importar la índole del delito o infracción cometidos o la naturaleza de la intermediación efectuada a nivel privado o público, si las pruebas en las que se sustentara una acusación han sido obtenidas ilícitamente y porque la autoridad actuante lo hizo en base a violar la ley, nunca el imputado podría ser sometido a los tribunales y menos condenado, aunque también debe decirse que como en toda regla, también hay excepciones.   

            Desde luego, a  lo que en este tipo de actividad lícita de lobismo, sus protagonistas no escapan, es a la crítica de determinados agentes sociales y básicamente, por la envidia que a estos les provoca, que una persona y peor si es conocida suya, logra un caso de estos y obtiene beneficios realmente millonarios, en tanto los que critican, sienten el por qué o se preguntan las razones de que a ellos no les hubiese tocado la oportunidad y que es el factor, que fundamentalmente explotan los medios de comunicación escritos amarillistas o los tantos otros del mismo corte de puro escándalo, en la radio, la televisión, las redes sociales e internet.

            Por eso, cuando lo anterior sucede, el receptor de tantos decires solo puede hacer una de estas dos cosas. Armarse de paciencia y tolerancia o ignorar las barbaridades que se inventen y para afectarle emocionalmente y sabiendo, que, si alguien se pasa de la raya legal, los caminos de los tribunales están abiertos para reclamar daños y perjuicios. Aun así, para este tipo de situación incómoda, lo mejor es ignorar lo que se diga y darle tiempo al tiempo, pues hasta el agua cuando se derrama, se limpia por sí sola.

            Lo que ocurre, es que la mayoría de los dominicanos y en particular la pequeña burguesía de clase media, en su afán de lucro y aprovechamiento de las debilidades de los demás y cuando se trata de dejar que la envidia se apodere del ánimo de cada quien, casi nunca se repara en lo importante de practicar serenidad de juicio y ver y entender los hechos en perspectiva y por eso, que en ese sector social, sea donde con mayor vigor y arrebato, todo lo referente a grandes ingresos y no ilícitos, saca de quicio a tantos y quienes dolidos al doble porque el objeto de sus dardos no cometió ninguna irregularidad, pierden el equilibrio emocional y se descontrolan y hasta enferman.

            Y los que no obliga a decir, que ahora que se hace evidente lo importante del papel de esta economía y en materia de juegos de poderes en la geopolítica del momento, que sea un imperativo empezar a aprender a tener higiene mental y aceptar, que en este mundo de mercados globales, la tendencia, siempre será la del nacimiento insospechado de grandes fortunas y no porque se haga lo mal hecho en materia de enriquecimiento ilícito o desproporcionado, sino que la naturaleza de los negocios y el volumen a escala que se realizan, coadyuvan, a que personas con talento y que saben descubrir oportunidades donde otros no las ven, logren éxitos en sus iniciativas y emprendimientos en los que se adentran.

            Claro está, la practica dominicana ha sido, que se obtienen grandes ingresos o fortunas y en base a las conexiones con el funcionariado público o por el aprovechamiento “impetuoso” de las abusivas como egoístas reglas del mercado atrapado, por medio de las cuales, las grandes fortunas de este país y casi sin excepciones, practican un capitalismo tan salvaje y el que en base a la complicidad del poder político, pueden darse el lujo de sacar del mercado a cualquier competencia o utilizar (el caso de los barones mediáticos) sus mass media como elementos de presión abusiva para obtener espacios de mercado, que en una nación en la que se regule el libre mercado, nunca podrían violentarse. Hasta ahora esa ha sido la práctica “normal” de los ricos de este país y la que, en definitiva, con los nuevos paradigmas que se darán y solo con la entrada de la ampliación de las relaciones comerciales con China Popular, se verá que tales malas prácticas deberán de ser abolidas.

            Revelándosenos, que también, todas esas irregularidades que cometen las autoridades policiales y judiciales, de saltarse los preceptos legales y afectar derechos adquiridos, igualmente deberán de ser erradicadas y fundamentalmente, porque “las pruebas contaminadas (la fruta) obtenidas por medio de allanamientos ilegales u otras conductas inadecuadas de la policía (el árbol envenenado) son inadmisibles para ser presentadas ante un tribunal” y que es un principio fundamental en el estado de derecho zajón, que por derivación y para determinados casos, en República Dominicana se tratan de hacer valer y en los que a pie juntillas, toda persona física o moral podría hacer uso en el caso de que fuera víctima de un abuso de poder.

            De esta manera y en términos generales, pretendemos llamar la atención, respecto a que todo lobista, traficante de poder o intermediario burocrático y como se quiera llamar, ejerce una actividad de negocios y profesional, licita y altamente respetada y reconocida en los países industrializados y la que, en República Dominicana, ha sido distorsionada por la invasión de traficantes de influencias, caracterizados como individuos representados por la figura del “hombre del maletín” que son busca vidas políticos y tránsfugas del poder, aplicados a las causas más innobles como ilegales de afectación de los recursos públicos y lo que no significa, que en este país no hayan personas moralmente calificadas para ejercer tan noble como necesaria función de intermediación.

            En definitiva, lo que hay que puntualizar, es que la doctrina del fruto del árbol envenenado, si aquí se aplicara y tal como debe de ser, serían cientos los involucrados y decenas los imputados por corrupción de Estado, que podrían salvarse o atenuarse sus hechos y si se comprobara, que solo fueran transgresiones. Y mucho más, si las retribuciones recibidas se hubiesen ajustado al pago inicial de los impuestos correspondientes a ganancias netas. Con Dios.  [DAG. Domingo, 27 de mayo de 2018. Año XVI. Número 6,323]