La geopolítica más cruda e hiriente es la que el gobierno estadounidense del saliente presidente Donald Trump, quiere entronizar en sus relaciones con países o socios comerciales tipificados como “amigos” y dentro de un criterio de dependencia nada sutil

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Desde que la columna política no partidista de Por el Ojo de la Cerradura naciera en marzo de 1972, nunca se apartó de un lineamiento expreso, de ser y en lo atinente a la Guerra Fría un fiel aliado mediático e ideológico y sin fisuras, de las políticas estadounidenses y sin importar lo extremas y radicales que estas pudieran ser.

En este plano, nuestra lucha anticomunista y sin ser de histéricos y poco juiciosos, fue una motivación cierta frente a lo que siempre entendíamos una radicalización de propósitos anti dominicanos que había que combatir con dedicación y firmeza y de ahí nuestros viajes prácticamente continuos por Argentina, Chile, Perú, Brasil, Venezuela, Colombia, Costa Rica, México y EEUU, donde fuimos testigo de acontecimientos políticos relevantes en cada uno de esos países, así como en Nueva York como representante, quien escribe, de haber sido la cabeza de la delegación dominicana al primer congreso mundial de la juventud, donde se vio cara a cara con la lucha ideológica más cruda y al momento de pronunciar su discurso ante el salón de la Asamblea General en la sede de la ONU en Nueva York.

Es decir, absolutamente nadie podría atreverse de señalarnos como si fuéramos un medio de comunicación que no supiera enfrentar ideológicamente aquella lucha ideológica de la que siempre supimos que era narigoneada desde Cuba y esta última, dentro de un concepto nada correcto de exportación revolucionaria y con seguidores y esto en sentido general, de miembros del lumpen proletario con bolsillos vacíos, que al menos, en República Dominicana, fueron la muestra más infame de gente sin valimiento ideológico de ninguna especie y sí de oportunistas de la peor ralea, quienes después de la caída de la URSS y el muro de Berlín, se mostraron tal como siempre lo habían sido oportunistas,  agazapados dentro de una ideología corrosivamente auto destructora.

A este día, toda esa gentuza y proveniente en la mayoría de los casos de la plebe proletaria, se han reconvertido desde agosto de 1996, en bastardos asesinos ideológicos de inconductas criminales abiertas y como tales, medrando a las sombras del poder y cambiando de banderías de acuerdo con las circunstancias y sus más oscuros intereses tercermundistas.

De esta forma, su ideología cambió hacia el oportunismo mas grosero y tanto se decían castristas, comunistas, maoístas y fascistas tan extremos a lo Corea del Norte o trokistas mas radicales como desvergonzados y hasta terminar como se muestran ahora, unos redomados farsantes bajo las etiquetas de socialistas en todos los tonos y colores.

Nosotros en cambio, nunca hemos variado nuestros criterios y sin ser ideológicamente sectarios, tampoco hemos adjurado de nuestro sentir antiguerra fría y por nada adjuramos de nuestro iniciativas y enfrentamientos periodísticos contra los que a ese momento, se entendían “adversarios ideológicos”, siendo ocultos y redomados grupos de hipócritas desvergonzadamente mentirosos. Precisamente y por ello, la falsa izquierda y derecha de aquellos días, no pueden ni deben acusarnos de nada irregular y al contrario, tienen que bajar los ojos ante nuestra presencia y solo porque sí se saben personas sin norte ideológico de ninguna especie.

¿A que viene este recuento?, a que ahora y por primera vez desde todos aquellos años, nos encontramos en posiciones totalmente disidentes a las pretensiones de comunismo blanco corrosivamente depredador y enemigo de todo y como lo son los Estados Unidos de Donald Trump, quien a jacha y machete y en base a practicar una geopolítica ideológicamente depredadora, pretende subyugar a cuanta nación la entienda pieza clave a favor de su domino mundial.

De ahí que, en su lucha contra Rusia y China, pero sobre todo con esta última, EE. UU. no repara modos ni circunstancias para dominar por medio de la presión económica y la coerción política y social fundamentada en descendientes de estadounidenses de origen de terceros países y en este caso de estadounidenses de origen dominicano.

Es así y como se está viendo e increíblemente, al nuevo gobierno dominicano que encabeza el presidente Luis Abinader, que ha dado un vuelco tan grande en sus políticas conservadoras de vasallaje hacia Washington, que sin más, se ha apartado de la tradicional política exterior dominicana de no inmiscuirse en los asuntos internos de otros países y mucho menos, de que se le pudiera ver como títere de los intereses de nuestro primer socio comercial y cuando precisamente, la posición económica dominante de nuestra nación y en base al renacimiento de nuestra economía, la hace inmune a las presiones desusadamente imperialistas estadounidenses.

En ese contexto, no podemos estar de acuerdo con el camino de sumisión absoluta hacia Estados Unidos, que de pronto, Abinader ha emprendido y en momentos que Washington ya no es dueño o detentador del liderato económico y político mundial y otros actores, como Rusia y China le disputan su hegemonía.

Para decirlo más claro, el actual gobierno dominicano, nunca debió entregarse de pleno a los intereses estadounidenses, cuando su primera obligación es la de proteger y preservar los intereses permanentes de nuestra República, convertida ya mismo en objeto apreciable dentro de la lucha geopolítica que se libra en el planeta.

Primero fue su destape el día de la inauguración del gobierno de Abinader y su grupo de plutócratas, identificándose abiertamente con el secretario de Estado Mike Pompeo y marginando descaradamente a nuestro nuevo socio comercial y como lo es China Popular. Y lo segundo, fue lo reciente, de la reunión de mas de dos horas y en Palacio, del presidente Abinader con la embajadora Robin Bernstein y el subsecretario de Estado de los Estados Unidos, Keith Krach.

En la misma, los dos funcionarios salientes estadounidenses lograron el apoyo del presidente Abinader y con fines de que República Dominicana se aliara mucho más con Estados Unidos y abiertamente declarara su desapego frente a China y a propósito del interés estadounidense por lograr que esta nación caribeña se uniera a  a la “Red Limpia” de tecnología 5G, que crudamente significa, que geopolíticamente República Dominicana se convierte en adversaria de Pekín y lo más significativo, que el Congreso Nacional, que es la instancia que tiene la última palabra en materia de política exterior, todavía no se ha pronunciado al respecto.

¿Qué es lo que está en juego?, que EE. UU. quiere hipotecar el futuro de las naciones que tan torpemente se unieran a la iniciativa de Red Limpia y lo que Pompeo explica, diciendo “a fin de que la información privada de sus ciudadanos no termine en las manos del Partido Comunista de China”.

La lucha pues, nos retrotrae a lo peor de cuando la Guerra Fría y en los términos mas crudos posibles y como lo explica un documento del Departamento de Estado, al decir que “la iniciativa Red Limpia es un esfuerzo integral para enfrentar la amenaza a largo plazo para la privacidad de la información, la seguridad nacional y los derechos humanos de actores autoritarios malignos como el Partido Comunista de China (PCCh).”

Cómo si lo anterior fuera poco, el subsecretario de Estado visitante y en rueda de prensa posterior al encuentro de trabajo con Abinader, expresó que: “La participación de República Dominicana en la Red Limpia allana el camino para la expansión de las inversiones del sector privado estadounidense y fortalece las garantías mutuas para socios de la región y de otras partes del mundo con ideas afines” y destacando que “República Dominicana es el primer país en sumarse en el área del Caribe, y el segundo en Latinoamérica”, en otras palabras nos convertimos en parte de su mercado atrapado y lo que va absolutamente en contra de nuestros intereses.

Porque no se trata de que la intención estadounidense haya que rechazarla por que sí, sino que la parte dominicana debió tener sumo cuidado en no identificarse con una nueva política estadounidense convertida en arma ideológica contra China y que a nuestro entender es un papel y metida de pata inaceptable, que ha cometido Abinader, al comprometer tan tontamente la política exterior dominicana y con un gobierno al que apenas le quedan menos de dos meses en el poder.

En consecuencia, planteamos que la geopolítica más cruda e hiriente es la que el gobierno estadounidense del saliente presidente Donald Trump, quiere entronizar en sus relaciones con países o socios comerciales tipificados como “amigos” y dentro de un criterio de dependencia nada sutil. (DAG)