La grave sequía de Ronaldo

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Era casi previsible que la paz llegara al Real Madrid, al encontrarse con ese manso equipo que es la UD Las Palmas, candidato claro a Segunda División. El armisticio llega en el momento justo, cuando hay una pausa de 15 días por el suplicio de las selecciones.

Es maravilloso porque los 'balones del oro' lograron dos goles, síntoma de recuperación artística. Pero lo malo es que son 'héroes' cuando tienen enemigos de la trama canaria, unos pobres jugadores sin el objetivo de ganar en Madrid. Ni mucho menos. Además, el que no se consuela es que se ha quedado sin alma, porque un equipo del fútbol español siempre tiene que ganar. De otra forma, la decadencia sería grave y tremenda para el espectáculo de la Liga.

El grave problema del Real Madrid, en el presente y en el futuro, es el agotamiento de Ronaldo. Está seco como la Península Ibérica. No hay gol, no hay Ronaldo. Un sólo tanto en siete partidos de Liga significa que está más desecado que la vega del Segura. La ansiedad y su estricto sentido narcisista del fútbol, sumado a la crisis de mediapuntas en el equipo de Zidane, le han llevado a la ineficacia, como si fuera impotente ante la puerta contraria.

Es cierto que Ronaldo ha perdido agilidad, rapidez, sensibilidad y puntería como complemento de la soledad y la acritud que proporcionan los años. Pero más cierto es que tiene a un compañero que no le favorece nada a su juego ni a su constancia goleadora. Si CR es un problema para el Madrid, la presencia de Benzema en el equipo como 'imposición franco-argelina' raya lo grotesco, incluso lo paranoico, en la cabeza de Zidane. Es hasta una vergüenza.

Benzema no puede jugar ni un minuto más como titular. ¿Quién le defiende? Sólo personajes oníricos de la televisión afines al Barcelona. Los mismos que defendían a Casillas en plena catarsis del portero. Los mismos que presumen saber de fútbol y sus análisis sólo se revisan por filias y fobias. Sin delanteros no se puede jugar al fútbol. Puede repararse con jugadores de segunda línea que no están revisados por rivales débiles. El Madrid actual me recuerda a aquel Di Stéfano que jugaba ya con dentadura postiza. Y es que sin dientes no se puede morder.

El plácido triunfo blanco ante un sumiso rival también tuvo su punto de inflexión cuando un minuto o dos después de que el árbitro murciano se comiera el penalti a Vitolo, Asensio marcaba el gol que lleva su marca, a pesar de que había hecho un partido calamitoso.

La tregua para Zidane llega hasta el Metropolitano, con un Atleti semidesmoralizado que querrá resucitar ante su peor enemigo. El que más odio representa. Simeone se nutre de la sangre de la venganza con el Madrid. Es su mejor gesto vampírico. Chupar la sangre al gran rival. Con la particularidad de que el vampiro blanco, con Ronaldo inofensivo y Benzema en el limbo, no tiene dientes para morder. (http://www.elmundo.es/deportes/)