La incompetencia inconsciente se multiplica en las redes sociales

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El experimento consistió en realizar una serie de estudios con estudiantes de psicología de la Universidad de Cornell en Nueva York. En particular en las áreas de razonamiento lógico, gramática y humor. Se le preguntó a cada participante cómo estimaba su competencia en cada una de estas áreas, y luego, se le sometió a una prueba para conocer su competencia real. Se compararon los resultados para ver si había algún tipo de correlación. Y efectivamente se dieron cuenta de que mientras más incompetente era la persona, menos notaba su incompetencia, y que cuanto más competente era, más subvaloraba su competencia.

La investigación realizada por David Dunning y Justin Kruger fue publicada en 1999 con el título “Unskilled and Unaware of It: How Difficulties in Recognizing One’s Own Incompetence Lead to Inflated Self-Assessments”.

A partir de entonces, este sesgo cognitivo en virtud del cual los individuos incompetentes tienden a sobreestimar su habilidad, mientras que los individuos altamente competentes tienden a subestimar su habilidad en relación con los otros, se le denomina “Efeto Dunning – Kruger”. Es decir, el efecto se debe a la incapacidad de las personas incompetentes para reconocer su propia ineptitud y también a que los individuos muy competentes tienden a subestimar su competencia relativa.

Según Kruger y Dunning «la ignorancia genera confianza más frecuentemente que el conocimiento». Su hipótesis, en esencia, es que:

1. Los individuos incompetentes son incapaces de reconocer su propia incompetencia y tienden a sobrestimar su propia habilidad.

2. Los individuos incompetentes son incapaces de reconocer las genuinas habilidades de los demás.

3. Los individuos incompetentes son incapaces de reconocer su extrema insuficiencia.

4. En caso de ser entrenados para mejorar sustancialmente su propio nivel de habilidad, estos individuos pueden reconocer y aceptar su falta de habilidades previa.

Un estudio posterior sugiere que los estudiantes más incompetentes mejoran tanto su nivel de habilidad como su capacidad para estimar su posición en la clasificación solo tras recibir muchas clases en las destrezas que no tenían.

En los últimos tiempos hemos visto muchos comentarios y discusiones en las redes sociales dudando de la veracidad de algunas publicaciones basándose prácticamente sólo en sus creencias y lo que es peor, en dogmas y prejuicios. Al pedirles que lo demuestren, no ofrecen una respuesta concreta, objetiva ni mucho menos científica. O sencillamente una respuesta humilde aportando ideas desde la legitimidad de sus propias creencias y convicciones, sin pretender que ellas se conviertan en sacrosantas por y con arrogancia moral.

¿A qué se debe esto? Como los investigadores señalan en el estudio, esta percepción se debe a que las habilidades necesarias para hacer algo bien, son justamente las habilidades necesarias para poder evaluar correctamente cómo lo estoy haciendo.

Por ejemplo, si mi ortografía es pésima, el conocimiento necesario para reconocer que mi ortografía es pésima y corregirla es, justamente, saber de ortografía. Sólo me entero de mi incapacidad cuando alguien más me lo hace ver explícitamente, poniendo en evidencia el contraste entre mi escritura y la ortografía correcta. Y, aun así, eso no la corregirá automáticamente, sólo me dará consciencia general de que mi conocimiento es insuficiente.

Lo mismo en otras áreas del conocimiento.

Respecto a las personas que se subvaloran, esto se debe al efecto de falso consenso: creen que todo el mundo “lo hace igual”, por lo que asumen que sus capacidades son promedio, cuando en realidad, son superiores.

La incompetencia inconsciente, es decir no saber que no sé y no obstante a partir de ahí pontificar es patética para la persona, pues le será muy difícil y probablemente muy doloroso aprender. Y en términos sociales, es trágico, pues hará de un relato fantasmagórico una “verdad insoslayable” convirtiendo su ignorancia en creencia colectiva capaz de enrumbar naciones enteras al suicidio.

“La culpa, querido Brutus, no es de nuestras estrellas, sino de nosotros mismos que consentimos en ser inferiores”. William Shakespeare. Por: Nelson Espinal Baez [Diario Libre]