La lucha contra la corrupción no es solo un problema de una mafia de vehículos o de fraudes eléctricos o de evasión fiscal, es, e indudablemente, un muy grave problema de degeneración social, que atañe a todas las personas decentes y ciudadanos cívicamente responsables y que, de no enfrentarla y castigarla, hará colapsar a la República.

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Si vamos a ser justos, el talón de Aquiles del ejercicio de la política en los últimos 22 años, ha sido el apetito irrefrenable de cientos de miles de dominicanos, beneficiados del ejercicio del poder político favorable a ellos y en lo que tienen culpas compartidas, los partidos y gobiernos que ha tenido la República desde el 1996 hasta el presente y de lo que ha salido, que dirigentes y miembros de los partidos, Reformista Social Cristiano, De la Liberación Dominicana y Revolucionario Dominicano y sin hacer distinción alguna, de más o menos, en sus diferentes ejercicios gubernativos. Son los responsables de tantos ilícitos y sorprendentes desvergüenzas elevadas a casi política "normal" de Estado

            El PRSC y como todo el mundo conoce o sospecha, se labró una profunda critica de malos manejos públicos a nivel de personajes, que, por lo visto, fue una práctica transferida al PLD, luego al PRD y para terminar de vuelta al PLD y por reflejo, también al Partido Revolucionario Moderno y como se descubrió con sus recientes pasadas elecciones "primarias".

            Por eso, han sido 22 años, de los que hablando sobre un tiempo en particular, el ex presidente Leonel Fernández llegó hablar de que la corrupción le había provocado una pérdida anual de no menos 25 mil millones de pesos a los contribuyentes y de lo que luego y con el correr de los años, se afianzó en otras colectividades políticas, pero sin que nadie hiciera nada por atajarla y la que ha sido un lastre, del que conservadoramente puede decirse, que son 22 años de los que sin rubor habría que decir, que el pueblo dominicano ha perdido no menos de 200 mil millones de pesos, al valor del año 2012, pues si se calcula al costo del dinero actualmente, seguro que se pasaría al doble de semejante cálculo.

           Al mismo tiempo, el aparato político y junto al apoyo táctico de ese poder empresarial y financiero, evasor fiscal por antonomasia y al que, si le unimos el poder mediático-empresarial, se estaría llegando a niveles casi imposibles de clasificar y peor, si se ahonda en la corrupción del entramado castrense en asociación con el narcotráfico, la trata de personas y el contrabando, se tendría una situación de alarma moral generalizada, al descubrirse, que ni la sociedad, tampoco las fuerzas vivas y menos, amplios sectores ciudadanos, tampoco podrían ser dejados de lado en materia de complicidad con tantos ilícitos y los que en sentido general, al final resulta, que pocos dominicanos adultos podríamos salir indemnes de semejante rebeldía contra la ley, el orden, la civilidad, la decencia, la honradez y las buenas costumbres.

            De ahí se ha derivado, que, de buenas a primeras, el territorio nacional ha sido convertido en una plataforma o hub criminal de prácticas ilícitas a gran escala, que dé tampoco frenarse como debió de haber sido, genera, que se pudiera sospechar, como si la nación no tuviera posibilidad alguna de reconducirse moralmente. En este plano, solo hay que recordar, los hechos tan escandalosos, de curas católicos y pastores evangélicos y no solo apropiándose de lo ajeno o chantajeando a los gobiernos, sino cayendo terriblemente en los brazos de la criminalidad más descarnada y con la perpetración de asesinatos a allegados, parejas o amantes suyos, para entonces completar la radiografía criminal que abate a los dominicanos.

            ¿Cómo es posible, que se haya llegado tan hondo en la desvalorización moral de la persona y que todavía no se vea algún tipo de signo o síntoma auspicioso, del que pudiera decirse, que la naturaleza de pillaje que ha sido impuesta, se pudiera entender, que hubiese pasado a disminuir?

               En este plano, ¿qué es lo que juiciosamente y como medida extrema debería de hacerse y si se quiere que los próximos 22 años no puedan ser peores, que estos que se han estado viviendo?

            Establecer el servicio militar obligatorio para los adolescentes de 12 18 años de edad y la vuelta a la disciplina castrense a los jóvenes de 19-30 años de edad y en jornadas de dos años completos con estadías diarias en los cuarteles y centros de enseñanza militares y en estadías de ocho de la mañana a ocho de la noche, los siete días de la semana. Control del tránsito para los menores de edad, de siete a 18 años de edad, a partir de las nueve de la noche y hasta las siete de la mañana del día siguiente y todos los días de la semana.

            Igualmente, la imposición de controles administrativos y de supervisión a nivel absoluto y en todas las funciones públicas y sin importar cargos y nombradías, e incluyendo sus gastos propios y verificándose, que estos sean dentro del margen propio de lo que cada quien gane honradamente.

            Austeridad absoluta en cuanto a gastos superfluos y compras del Estado sin control alguno e igual, una supervisión draconiana respecto a los suplidores del Estado y al manejo de los recursos de todas las instituciones públicas y no como se hace ahora, con seudos controles en el papel, sino con la existencia de una policía administrativa con acceso a las cuentas y recursos de todo aquel sospechoso de cometer ilícitos.

            En el mismo tenor, supervisión total de parte de esa policía administrativa compuesta por auditores públicos y forenses, en todo caso, no solo en lo referente a las instituciones públicas en los tres poderes interdependientes del Estado, sino por igual, en el sector privado de la economía, los negocios y las finanzas y en donde los bienes y activos de los individuos deberán corresponderse a los salarios que han tenido honradamente o los ingresos limpios por transacciones económicas y financieras alejadas del lavado de activos, que pudieran demostrar que son lícitos.

            En otras palabras, se requiere con urgencia, un cambio en el despeñadero moral por el que ha caído la República, pero iniciándolo, con una amnistía fiscal generalizada para todos los ciudadanos y a partir de ella, iniciar e imponer una revolución administrativa y moral desde el Palacio Nacional hasta la más humilde alcaldía del interior del país.

            También, un cambio en el mapa político de la República, con la reducción de tantas provincias, municipios y distritos municipales, al tiempo de imponer un juicio de residencia a todos los funcionarios y empleados públicos al cese de sus funciones e incluidos legisladores, alcaldes y regidores, jueces y fiscales.

            Pues si se analiza tal como corresponde y sin noticias falsas y nada de posverdad, se verá, que la vida oficial de la nación se ha convertido en una lucha de desgaste y de lucha contra la corrupción, que no tiene punto de comparación y que, si se permite que continúe con la grosera impunidad actual, por la que la que la gente decente y honrada no tiene espacio dentro de la sociedad, nadie podría dudar que el día menos pensado la nación podría colapsar y lo que generaría una fuerte acción de desobediencia popular, mucho peor que todo cuanto ahora mismo está ocurriendo en Nicaragua y como muestra de la insatisfacción popular violenta, ante tanto enriquecimiento ilícito por parte de la casta gobernante, en el caso dominicano o de tiranía absoluta en el país centroamericano.

            Pero para evitarlo y si realmente se quiere levantar a la nación, lo que debería de proceder, es un tipo de medida heroica, de esas  que a los hipócritas aterrorizan y como sería, fusilar a mil individuos entre representativos de todos los sectores de la sociedad, la economía, las fuerzas vivas, las clases profesionales, el gobierno, la política, el periodismo, la industria, la sociedad civil, las iglesias y los referentes intelectuales y expropiarles todos los bienes ilícitos y como el único modo de que la República pueda ser reconducida efectivamente y lo que hay que decir sin tapujos, ante lo degradada de la vida dominicana y naturalmente, ejecutada esta acción, por personas moralmente no contaminadas y decididas a darle un nuevo rumbo definitivo y positivo, a una nación que la delincuencia de cuello blanco nos ha secuestrado.

            Porque de lo que se trata, no es que haya que ser más malo que los malos, sino que se requieren medidas heroicas y al ver, que desde el mundo político y empresarial no existe el menor interés en que nada se corrija, por lo que una vuelta al Cristo y con un fuete sacando a los mercaderes del templo, es lo que habría que emprender.

            En consecuencia, hay que recordar, que la lucha contra la corrupción no es solo un problema de una mafia de vehículos o de fraudes eléctricos o de evasión fiscal, es, e indudablemente, un muy grave problema de degeneración social, que atañe a todas las personas decentes y ciudadanos cívicamente responsables y que, de no enfrentarla y castigarla, hará colapsar a la República. Con Dios. [DAG. Domingo, 22 de abril de 2018. Año XVI. Número 6,246]